01/02/12

“En La Sala De Regreso”



Y Valentín se quedó en aquel pasado…

Jeno y yo nos vimos aquella noche. Ya no parecía tan hinchado y sus ánimos habían mejorado mucho:

- Supe que estaba dormido por una frase que te escuché decir – Me confesó mi amigo.

- ¿Sí? ¿Cuál? – Quise saber.

Jeno no me miró. Simplemente balbuceó unas palabras que no logré comprender:

- Repítelo por favor – Le insté - ¿Qué has dicho?

Algo más claramente, Jeno recalcó la frase:

- “No sois así. Os conozco desde hace tiempo y sé que no os gusta pelearos”.

- ¿Sólo eso? – Dije – Pero sí recuerdo haber sido mucho más explícita en mis argumentos.

- Es posible… - Respondió Jeno – Pero yo no estaba. No sé donde estaba… pero no estaba.

Con aquella duda, nos cogimos de la mano, una vez que ya estábamos en la sala señalada por el Maestro Lorenzo.

La fuerte luz y la voz, volvieron.

- Serena… Veo que has conseguido que Jeno te acompañe… - Se escuchó decir fuertemente a la voz del Maestro.

- Eso parece… - Dije – Pero no creo que el mérito sea mío – Agaché la cabeza y la giré señalando al joven maestro.

- Está claro… - Respondió Lorenzo – Pero tú llevas más de una semana en esa realidad, cuando te dije que olvidaras a tus amigos… Y que regresaras sola…

Jeno me miró con sorpresa.

- No sabía eso – Señaló – Entonces… ¿Nos ibas a dejar en esta tierra hostil? – Preguntó sin creérselo Jeno.

- No – Dije en voz muy alta – Tú lo sabes. Pero reconozco que al final sí estuve a punto de hacerlo…

- Tienes razón amiga – Dijo Jeno con la voz apagada – Han tenido que ser días muy duros para ti…
Lorenzo habló:

- Es la hora… sentaros en el suelo y no os mováis… Es posible que recordéis algún momento significativo que hayáis vivido juntos… Concentraros en la escena.

Sin quererlo, me vi a mi misma sentada junto a un Jeno anciano, que me miraba con amor.

- ¿Estás dónde yo? – Señaló mi amigo.

- Estoy contigo en aquella realidad en la que…

- No digas más Serena. Centra tu atención… es muy importante.

Un gran zumbido, acompañado de un ruido estruendoso, nos hizo desmallar. Eso sí… cogidos de la mano.

Cuando despertamos estábamos en mi habitación:

- Serena, que alegría – Gritó Jota llena de felicidad – Es tal y como lo soñé… de nuevo juntos.

Jeno aún me cogía de la mano y dormitaba a mi lado.

- Amiga… - Destacó Jota - ¿Dónde está el cocinero? ¿No tendría que estar aquí?... ¿Con vosotros?

- Veo que no has hablado con el Maestro Lorenzo – Dije.

Jota abrió mucho los ojos.

- Serena… El Maestro aún no ha regresado del pasado – Dijo asombrada.

- ¿No está Lorenzo? – Pregunté.

- No… Se fue detrás de vosotros. Creo que pensó que le necesitaríais… ¿Ha sido así?

Las dudas creadas en torno al no regreso de Lorenzo, se me escapan de las manos… No consigo entender lo que ha pasado.

Cuando Jota supo la suerte de Valentín, se apagó como una vela, y dejó de sonreír…

- No es posible. Es nuestro cocinero… nuestro amigo… No es posible… - Repitió una y otra vez.

Os seguiré contando.

Besos para todos.




25/01/12

“Hasta Que Se Decide Despertar”

Salí de la penumbra. He encontrado el camino y sé lo que tengo que hacer.
Jeno me ha escuchado y se viene conmigo a nuestro presente.
Sin embargo Valentín, no deja de comer y de escupir palabras malsonantes por su boca.
- Deja a tus amigos – Me advirtió el Maestro Lorenzo.
Yo no quise hacerle caso y he estado toda la semana detrás de ellos, con la esperanza de que me oyeran…
Reconozco que he estado muy pesada. Cuando iban al comedor, los seguía sin reparo. Cuando salían de la ducha, allí estaba yo, expectante, apoyada en el quicio de la puerta.
- Es la hora de regresar – Repetía una y otra vez a mis amigos – Abrid los ojos…
Al principio de la semana, los dos actuaban como si no estuviera. Seguían enfrascados en sus no problemas y en lo que comerían en un rato.
- Si decimos al cocinero de esta realidad, que tú eres mejor cocinero que él, seguramente tendremos una disputa muy entretenida – Decía Jeno con los ojos salidos de las orbitas.
- Es cierto… - Le replicaba Valentín – Yo soy mejor cocinero que ese esquelético muchacho.
Como os podéis imaginar, el cocinero de esta realidad no es para nada delgado, pero Valentín que apenas atraviesa ya las puertas de la torre, lo ve como un fideo.
- Si yo le dijera a todo el mundo lo que pienso… - Decía sin vacilar Jeno.
- Pues hazlo – Repetía el cocinero con sorna – Es lo mejor que puedes hacer. No hay nada más fuerte que decir lo que piensas en momentos inadecuados, para comenzar una sabrosa discusión.
Los he mirado sin apartar mí vista de ellos, toda la semana… intentado comprender un poco, ese afán desmedido por ser lo que no son.
- Serena – Me ha dicho Jeno esta mañana – Nos vamos… No deseo seguir así – Mi amigo parecía mejorado. El tono fuertemente rosado de su redonda cara, ya no estaba. En su lugar, unas grandes ojeras llenaban su rostro.
- Valentín no me quiere escuchar – Ha continuado – Esta realidad le ha absorbido por completo. Dice que si no pelea todas las tardes con el grupo de sabios de la sala rosa, no es feliz…
- No pasa nada – He querido tranquilizar a mi sabio maestro – Todos cometemos errores Jeno… Lo importante es que tú te has dado cuenta a tiempo. Y Valentín… en fin… Tendremos que dejarlo en este pasado muy a mi pesar.
Jeno no ha reaccionado. Ha permanecido en silencio y con la respiración entrecortada, como si se ahogara.
- Vale – Ha dicho después de varios minutos – Nos vamos… Es el momento adecuado. Tengo que desintoxicarme pronto.
Sin más, hemos quedado para esta noche en la sala blanca que señaló el Maestro Lorenzo la semana pasada.
- No te preocupes – He apuntillado – Cada uno hace su propio destino. Valentín estará bien… hasta que decida despertar…
Hasta pronto.