Y Valentín se quedó en aquel pasado…
Jeno y yo nos vimos aquella noche. Ya no parecía tan
hinchado y sus ánimos habían mejorado mucho:
- Supe que estaba dormido por una frase que te escuché decir
– Me confesó mi amigo.
- ¿Sí? ¿Cuál? – Quise saber.
Jeno no me miró. Simplemente balbuceó unas palabras que no
logré comprender:
- Repítelo por favor – Le insté - ¿Qué has dicho?
Algo más claramente, Jeno recalcó la frase:
- “No sois así. Os conozco desde hace tiempo y sé que no os
gusta pelearos”.
- ¿Sólo eso? – Dije – Pero sí recuerdo haber sido mucho más
explícita en mis argumentos.
- Es posible… - Respondió Jeno – Pero yo no estaba. No sé
donde estaba… pero no estaba.
Con aquella duda, nos cogimos de la mano, una vez que ya
estábamos en la sala señalada por el Maestro Lorenzo.
La fuerte luz y la voz, volvieron.
- Serena… Veo que has conseguido que Jeno te acompañe… - Se
escuchó decir fuertemente a la voz del Maestro.
- Eso parece… - Dije – Pero no creo que el mérito sea mío –
Agaché la cabeza y la giré señalando al joven maestro.
- Está claro… - Respondió Lorenzo – Pero tú llevas más de
una semana en esa realidad, cuando te dije que olvidaras a tus amigos… Y que
regresaras sola…
Jeno me miró con sorpresa.
- No sabía eso – Señaló – Entonces… ¿Nos ibas a dejar en
esta tierra hostil? – Preguntó sin creérselo Jeno.
- No – Dije en voz muy alta – Tú lo sabes. Pero reconozco
que al final sí estuve a punto de hacerlo…
- Tienes razón amiga – Dijo Jeno con la voz apagada – Han
tenido que ser días muy duros para ti…
Lorenzo habló:
- Es la hora… sentaros en el suelo y no os mováis… Es
posible que recordéis algún momento significativo que hayáis vivido juntos…
Concentraros en la escena.
Sin quererlo, me vi a mi misma sentada junto a un Jeno
anciano, que me miraba con amor.
- ¿Estás dónde yo? – Señaló mi amigo.
- Estoy contigo en aquella realidad en la que…
- No digas más Serena. Centra tu atención… es muy
importante.
Un gran zumbido, acompañado de un ruido estruendoso, nos
hizo desmallar. Eso sí… cogidos de la mano.
Cuando despertamos estábamos en mi habitación:
- Serena, que alegría – Gritó Jota llena de felicidad – Es
tal y como lo soñé… de nuevo juntos.
Jeno aún me cogía de la mano y dormitaba a mi lado.
- Amiga… - Destacó Jota - ¿Dónde está el cocinero? ¿No
tendría que estar aquí?... ¿Con vosotros?
- Veo que no has hablado con el Maestro Lorenzo – Dije.
Jota abrió mucho los ojos.
- Serena… El Maestro aún no ha regresado del pasado – Dijo asombrada.
- ¿No está Lorenzo? – Pregunté.
- No… Se fue detrás de vosotros. Creo que pensó que le
necesitaríais… ¿Ha sido así?
Las dudas creadas en torno al no regreso de Lorenzo, se me
escapan de las manos… No consigo entender lo que ha pasado.
Cuando Jota supo la suerte de Valentín, se apagó como una
vela, y dejó de sonreír…
- No es posible. Es nuestro cocinero… nuestro amigo… No es
posible… - Repitió una y otra vez.
Os seguiré contando.
Besos para todos.