30/5/09

"La sombra"


El otro día, estuve escondida mucho rato.
No me atrevía a salir. No lo hice, hasta que escuché gritar a Samuel:
- ¡Serena! ¿Dónde estás? Es ya noche profunda.
- Aquí – Dije yo sin levantar la voz.
Samuel llegó hasta donde estaba yo.
Le conté que me había perdido, y que había visto una sombra desconocida. Le dije que era la silueta de un hombre alto y esbelto. Samuel entonces me cogió del brazo con fuerza y me obligó a correr hacía el cementerio.
No entendía bien lo que pasaba, pero entre el miedo que había pasado y aquella reacción de Samuel, no hizo falta que me empujara mucho.
Cuando llegamos a su casa me dijo:
- No vuelvas a salir sola por los alrededores. Es muy peligroso.
- ¿Por qué? ¿Quién era ese hombre? – Pregunté extrañada.
- No puedo responderte a eso. Sólo te diré que es algo que se escapa de la conciencia humana. Los muertos nos protegen, pero los vivos…
- Los vivos… ah, era eso – pensé. Seguramente tienen miedo de los vivos en vez de tener miedo de los muertos (como todo el mundo en mi aldea. Allí, el cementerio no existe. El lugar donde van a parar nuestros muertos, es a una gran charca llena de fango. Los tiramos y los escondemos, siempre con miedo de que revivan y vengan a por los que quedamos en tierra. Desde luego que no es la mejor forma de tratarlos, pero a quién le toca la muerte muy de cerca, nunca son los mismos, por lo que preferimos “esconder” la muerte. Así parece que no existe y que nunca nos tocará a nosotros).

Samuel no dijo nada más y me quedé sin saber de quién se trataba aquella sombra. No pasó cerca de mí, cuando estaba escondida y no he podido volver a sacar el tema con Samuel o Lucila. Ella sigue algo enferma, pero ya por lo menos, hace tareas en la casa. Gracias a eso, yo estoy mucho más descansada.

Josué ha venido a verme en sueños.
Me ha comunicado que volverá en una semana.
El sueño ha sido muy raro. Era como estar despierta. Tenía los ojos abiertos, pero era consciente de que estaban cerrados. A pesar de eso, veía la habitación donde estaba “durmiendo” y me veía a mí misma tumbada en la cama.
Josué estaba allí, sentado a mi lado, diciéndome que su maestro estaba herido y que él lo estaba cuidando. Se le veía preocupado y triste. Nunca lo había visto así. Me dijo:
- Cuando despiertes, recordarás este sueño Serena. Y si te preguntas si es real que he venido a verte, respóndete a ti misma: Sí, Josué ha venido a verme. Eso es lo real.
Cuando he despertado, la sensación de haber estado con él, ha sido muy fuerte.
Que bien, que haya contactado conmigo. Aún me queda aquí en el cementerio una semana más. Y sin salir ni a los alrededores… no sé si lo cumpliré. Tal vez salga mañana a darme una vuelta. No creo que me pase nada. Al fin y al cabo las supersticiones de mi pueblo, nunca se cumplen.
Ya os contaré. Hasta luego.
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