13/6/09

“Esperando el Sur”


Ha sido triste dejar el cementerio y a Lucila y Samuel.
He estado muy a gusto con ellos, y he aprendido muchas cosas.


Antes de irnos, Samuel vino a despedirse de mí, muy tranquilo:
- Hasta la vista Serena. Sé que estarás bien y que siempre nos llevarás en tu corazón.
- No lo dude Samuel… - Le respondí – De regreso a casa pasaré de nuevo por aquí y les haré una visita.


Fue entonces cuando Lucila me dijo algo que me extrañó:
- No hija… no volverás a pasar por aquí… aunque quisieras hacerlo, nunca nos encontrarías.
- No la preocupes mujer… - Dijo Samuel dirigiéndose a su esposa – Serena no es como los demás. Estoy convencido de que si desea regresar al cementerio encontrará el modo de hacerlo…


“Pues claro” – Pensé yo – “¿Por qué no iba a volver? Después de ir al Sur, regresaré a mi casa. Aunque Josué no me acompañe, sé el camino”.
- Sé el camino – Dije en voz muy alta, deseosa de que Lucila viera que Samuel tenía razón.
- No se trata de eso pequeña – Me respondió ella en tono cariñoso – aunque tú sepas el camino, el camino no te reconocerá a ti, y no te dejará volver aquí…


No entendí lo que decía Lucila. Intenté que me lo explicara, pero en ese momento Josué llegó apresurado con su viejo maestro:
- Nos hemos de ir ya – Gritó con la cara sonriente – El camino se hará largo si no salimos antes de que el sol aparezca por el horizonte…Vamos Serena. El Sur nos espera.
El viejo maestro, a pesar de su edad, está muy ágil y ya nos estaba esperando en la gran puerta del cementerio.


- Mi maestro nos ayudará cuando lleguemos – Dijo Josué muy animado.
Josué está muy contento. Su cara vuelve a ser la del principio del viaje, y hace bromas y ríe todo el tiempo. Es una alegría ver que ya no tiene preocupaciones.


Respecto a mí… creo que estos días de camino al Sur, estoy algo más desanimada que cuando comencé esta aventura. No sé bien el por qué. Tal vez porque el hecho de no saber ciertas cosas me deja pensativa y algo enfadada. No sólo es por lo que Lucila dejó en el aire, sino también porque cuando le pregunté a Josué por la sombra de los alrededores del cementerio, me respondió con una especie de acertijo:
- Quien lo ve, es porque quiere. Si lo deseas volverás a encontrártelo. Nunca es tarde para creer.


Pues muy bien. No entendí nada de nada. Y mira que le he estado dando vueltas…
En fin… por ahora seguiré el camino con Josué y su maestro. Tampoco sé si el Sur queda muy lejos de estos bosques… pero la verdad, es que eso no me preocupa. Estar cerca del maestro de Josué es todo un regalo.
Voy a verlos.
Hasta luego.
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1 comentario:

  1. "Nunca es tarde para creer"... es verdad, a mí, que ya he vivido siglos, aún se me siguen cumpliendo algunos sueños de cuando tenía veinte años...
    Un Abrazo

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