13/8/09

"El Elefante Cojo"

Seguimos con Mariana. Esta semana, ha sido muy tranquila.
Os dejo el cuento del otro día.
Hasta pronto.

“El Elefante Cojo”

Había una vez, un pequeño elefante, que soñaba ser como los demás.
Desde siempre, su mayor deseo, había sido correr junto a los otros elefantes, y tener muchos éxitos.
Sus hermanos y sus amigos, le llamaban cariñosamente “cojito”, ya que nació con un defecto en una pata, que le hacía cojear.
“Cojito” se daba cuenta de las diferencias y de cómo los otros, lo trataban a él.

Una tarde, se celebró una competición. Todos sus compañeros correrían para llegar a un punto muy cerca del precipicio.
El que llegara antes, sería nombrado “corredor oficial de la manada”, y tendría el honor de ser siempre reconocido y admirado por su potencial.

Esa tarde, “cojito” tomó una decisión.
Algo le empujaba sin control, hacía esa carrera.
Sabía que le dolerían las patas, sabía que tal vez terminaría muy cansado, pero tenía el convencimiento de que ese día, él (y no otro elefante “normal”), ganaría la competición.

Cuando su familia lo vio inscribirse, le dijeron que no lo hiciera. Intentaron hacerle comprender que él no era como los demás, que nunca llegaría a correr como los otros.
“Cojito” levantó la cabeza. Miró al camino del precipicio y dijo:
- ¡Sí, puedo! Y lo voy a conseguir.
Sus palabras sonaron llenas de energía y fuerza. Sus congéneres lo miraron estupefactos.
¿Ese era “cojito”? No podían dar crédito. “Cojito” nunca había sido tan confiado.

La tarde llegó. “Cojito” se preparó con ganas. Estuvo todo el día descansando sus patas y encerándolas continuamente.

Tomaron posiciones.
3…2…1… La carrera comenzó.
“Cojito” aún permanecía en su puesto. Sus hermanos lo miraban con asombro. “Cojito” respiró profundamente y se dijo: - Vamos allá. Sabes que puedes.
“Cojito” comenzó a correr con su característica cojera.
Empezó lento, pero poco a poco, consiguió ponerse al nivel de los otros. Éstos lo miraban asustados. “Cojito” seguía corriendo rápido. Adelantó al que iba en primera posición.
Sus andares llamaban la atención, pero su deseo de llegar era más fuerte que su cojera.

Y “cojito” llegó el primero. Llegó cerca del acantilado e intentó parar, pero su pata coja necesitaba tiempo para adaptarse a la nueva marcha.
El precipicio se acercaba y “cojito” decidió rodar al suelo.
Esta fue la única forma que tuvo para no caer por el acantilado.
Cayó, y se hizo daño en las cuatro patas y en el costado, y muchos de los elefantes, rieron al verle caer.

Pero “cojito”, levantó la vista y no vio a nadie delante de él.
Sin duda había ganado.

Sin prisas, se levantó del suelo, mientras el resto de los participantes llegaba.

“Cojito” se superó a sí mismo.
Creyó en él. Confió en sus capacidades. Tuvo la certeza de que sería el primero, y cuando llegó, no le importaron las burlas y cayó al terroso suelo.
Desde esa tarde a “cojito”, ya no le llaman “cojito”. Ahora tiene diferentes nombres.
Unos le llaman “el que se levantó”, otros “el campeón” y otros “el capaz”.
A “cojito” sin embargo, le sigue gustando su antiguo mote…
Al fin y al cabo, si no hubiera sido quien fue, no sería el que es ahora.

Fin.
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