24/9/09

“Mis padres”

Parece que lleve en la posada mágica años.
No sé si es cierto, ya que el tiempo en este lugar, ha dejado de existir (así lo sentimos y así nos lo enseñan en las clases de tiempo).

Mi estado de ánimo estos días atrás ha sido pésimo…
Mi habitación se ha tornado opaca y llena de pesadumbre. Apenas si he podido respirar en ella.
He estado tan melancólica, que al final aquello que temía, se ha hecho realidad.

Entré en una sala acostumbrada a ser blanca (donde la maestra de cien años, nos ayuda a superar los conflictos que tenemos). Fui sola a recoger unas muestras de tinta de diferentes colores, para la clase de Lorenzo.
Entré… y me quedé atrapada.

Cuando me percaté de que todo a mi alrededor se había vuelto igual de oscuro que mi dormitorio, ya era tarde para salir de allí.
Mi mente no me ayudó entonces a calmarse y a estar más sosegada y feliz.

Intenté hacer las respiraciones de las clases de Cris e intenté visualizar escenas relajantes.
Pero en vez de eso, a mi mente, solo llegaban escenas de recuerdos pasados. De mi padre, de mi madre, de la posada, de los pequeños ratones de la ciudadela…

Lo oscuro se fue tornando cada vez más oscuro, hasta que un silencio espectral, invadió la sala.
Creí escuchar la voz de mi madre, que fuertemente me decía:
- Serena hija, regresa a casa. Te echamos de menos. Necesitamos que nos ayudes con la posada…

Sin duda, la voz no era más que una invención de mi cabeza y no una señal telepática, ya que mis padres cerraron la posada, unos días antes de emprender yo mi viaje.
Mis miedos y mis ataduras salían a relucir entre aquellas paredes.

No recuerdo bien que pasó.
La voz de Josué (preocupado por mí), llegó a mi mente con fuerza. Sus palabras positivas y motivadoras, me hicieron comenzar a pensar sin tristeza.

Sin esperarlo, después de haber estado dando vueltas incasablemente, por la gran sala, encontré una puerta. El pomo estaba caliente y parecía tener vida propia.
Giré la manecilla y salí al patio de la torre.
Respiré profundamente. Y me giré para ver la puerta por la que acababa de salir…

No había nada. Ni una sala, ni una puerta. Sólo maleza y pilones de piedra.

Fui corriendo a ver a Josué.
Se sorprendió de verme tan inquieta.
- ¿Qué te ha pasado Serena? ¿Te has perdido? – Preguntó.
- Llevo días desaparecida en una sala acostumbrada a ser blanca. Hasta que escuché tu voz… gracias Josué – Respondí.

Josué levantó la vista de los escritos que estaban leyendo, y dijo:
- Acabas de salir de mi clase Serena. No llevas días desaparecida. Si es como me has contado, has conseguido escapar de la sala muy rápido. Enhorabuena. No he sido yo quién te ha sacado de allí.

Extrañada y a la vez, entusiasmada por las palabras de Josué, me despedí de él con un gran abrazo.

Ahora mi habitación, ha vuelto a su color gris, pero con destellos blancos y reflejos violetas… estoy mucho más tranquila. Y curiosamente no echo tanto de menos a mis padres.

Hasta pronto. votar

2 comentarios:

  1. "Ahora mi habitación, ha vuelto a su color gris, pero con destellos blancos y reflejos violetas...", De un estilo liviano y directo, cargado de frases románticas, dolor, soledad, ausencia son sensaciones que caminan por los pasillos de tu escrito; pero vagamente aparece la esperanza, leo muchas veces esa frase final, pronto ese destello se hará luz total. Saludos

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  2. Hola..., no sé ni como empezar. Supongo que iré a las entradas del 2008... aunque me apasiona ir desde adelante hasta el principio...jejej

    Bueno, me gusta como escribes.

    corcelesdehamelin.blogspot.com

    Aunque mi escritura, es mas mi vida, sin alevosías.

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