15/10/09

“Los niños”

Esta semana, un grupo de niños han venido a algunas de nuestras clases.
Son chicos de unos nueve años, con muchas ganas de aprender.

Ellos vienen de las profundas tierras del oeste.
Apenas si tienen para vivir, pero son muy felices (están todo el día riendo. Son estupendos).

Yo, he hecho especial amistad con un niño.
Se llama Sergio y me ha contado muchas cosas de su vida.

Dice, que desde que nacen ellos ya saben que serán y como vivirán.
Muchos de sus amigos supieron a muy corta edad, que no tendrían futuro.

- En casa – Me contó casi nada más llegar – Mis hermanas y mi madre, están todo el día fuera. Siembran y van a por agua. Apenas si tienen descanso y yo… aún no puedo hacer nada, ya que no soy una niña ni un hombre…
- Vaya – Le respondí – ¿No puedes ayudar a tu madre y a tus hermanas?
- No… Está totalmente prohibido. Mis mayores dicen que si un futuro hombre se implica en labores de mujer, terminará la maldición por llegar a su familia.
- Es curioso Sergio – Le dije – hace pocos días, tuve una clase con Lorenzo y habló de las personas que vivieron aquí antes que nosotros.
- ¿Y? – Preguntó el chico con desgana.
- Pues que contó las costumbres de un pueblo que vivió cerca de aquí, hace miles de años. Y sus costumbres eran iguales que las que me cuentas. Parece que no hayan cambiado muchas cosas, ¿no?

Sergio se quedó mirándome con sus grandes ojos, y con la expresión de alguien que ha vivido mucho, me respondió:
- No, Serena. Mi pueblo no sabe de otros como nosotros. Creemos que somos los primeros que han instaurado esa forma de vida. No sé si deberías creer a ese tal Lorenzo…

Sorprendida ante sus palabras y sus gestos, opté por callarme y planear un encuentro fortuito con Lorenzo aquella misma tarde.

Justo a las ocho de ese día, invité al niño a dar un paseo conmigo por los bosques cercanos (sabía que Lorenzo estaría allí, como todas las tardes, antes de cenar. Con una especie de misterio en su caminar).
Fue entonces, cuando Lorenzo se dio cuenta de lo realmente especial que era Sergio.
Me separó del chico, y me dijo:
- Es como una persona muy vieja, encerrada en un cuerpo de un niño pequeño. Parece que sabe más cosas de las que habla. Gracias por traérmelo Serena.

Después de aquello, el anciano maestro me hizo un gesto de despedida, y se quedó con el chico.

A la mañana siguiente, cuando ya todos lo niños se habían ido, Lorenzo me llamó a su cuarto:
- Serena… Ha pasado algo muy extraño y que queda fuera de mi compresión – Me contó Lorenzo – Ese niño parece haber salido del pasado más remoto. No sabe nada del pasado, ni tiene las habilidades que tenemos ya nosotros en esta era. No sé exactamente como Serena, pero ese chico proviene del pasado…

Me quedé sin palabras.
Aún ahora estoy sin creérmelo.
Lorenzo me ha dicho que va a ir a ver a estos niños donde viven. Saldrá en pocos días. Me ha preguntado si quiero ir con él, pero no lo tengo claro.
Ya lo pensaré.
Hasta luego. votar

1 comentario:

  1. hola te dejo un saludo y abrazos buen escrito muack

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