5/11/09

“Encerrada”

He estado equivocada.
Sí que podía ayudar a mis amigos, pero ahora lo tengo muy difícil.

El sueño del otro día, casi se ha hecho realidad. Pero, no del todo.
Cuando iba a clase de “Silencio” (en estas clases, no enseñan a permanecer callados durante horas. Es una clase sin tiempo, ya que cuando salimos de ella, a pesar de que parece que hemos estado dentro tres horas por lo menos, nos percatamos de que solo han pasado unos minutos), tuve que atravesar una de las habitaciones acostumbradas a ser blancas.

Mi estado de ánimo, me delató entonces. La habitación me dejó atrapada en ella.
Como había ocurrido la otra vez, mis sentimientos de pesadumbre, hicieron que la sala se tornara negra y gris.
Tenía mucha prisa en salir de allí e intenté por todos mis medios, alejar de mí las pesadillas que inundaban mi mente. Pero a pesar de que lo conseguí pronto, la sala no me dejaba ir.
Respiré profundamente. Entonces la habitación se llenó de luz, y comencé a ver lo que había en ella.
Al principio me asusté mucho, ya que vi tres siluetas acercándose a mí con paso lento.
Cuando la luz llegó a sus rostros, me quedé asombrada.
Eran Josué, Lorenzo y Mariana. Ninguno de los tres podía hablar. Sus bocas estaban selladas por algo.
Tragué saliva, cerré los ojos y esperé a que se fueran las alucinaciones…
Pero lejos de eso, comencé a escuchar a Josué en mi cabeza:
- ¡Serena!… - Me gritó – Estamos atrapados. Necesitamos de tu ayuda. La torre se ha hundido y estamos en el fondo de la tierra. No podemos salir...

Abrí los ojos. Observé como mi pesadilla del otro día, me estaba persiguiendo. Porque, sí, allí estaban tal y como los recordaba en mi sueño. Josué y Mariana alrededor de Lorenzo, que parecía contarles algo muy importante, y las piernas del anciano maestro, estaban heridas.
Busqué en la habitación. Necesitaba saber si de verdad aquello era la torre, y si era cierto que estaban allí atrapados.
Me dí cuenta de que sí, de que era la habitación de Lorenzo. De que estaban allí. Tal vez en otro tiempo… no supe entonces que hacer, pero Josué lo tenía claro.
- Serena – prosiguió – Has de salir de aquí lo antes posible. Tienes que ir al maestro Jeno. Es el maestro más sabio que hay ahora mismo en la torre. Él sabe la respuesta a las preguntas que tienes. Sabrá como ayudarnos, ya que Jeno, está también aquí encerrado con nosotros, pero en otro tiempo. Ve Serena… Te necesitamos.

Después de aquello, la luz se fue, y la habitación se volvió de nuevo blanca. Las puertas estaban abiertas y yo estaba muy mareada.
Quise salir de allí corriendo, pero tuve que sentarme en el patio a respirar.
La sensación de pánico y de asfixia, habían vuelto como en el sueño, pero esta vez, sí era real.

Jeno… es mi cometido ir a buscarlo… pero he tenido un problema.

La persona que se encarga de cuidar de nuestra salud, me ha encerrado en mi habitación…
No puedo salir. Dice que estoy enferma. Que las salas, nunca han transmitido ningún aviso telepático. Y que lo que digo, no puede ser.
Así que, como el mareo aún no se me ha ido, y por lo visto, Jeno no existe…
Tengo que estar en reposo, hasta que sane…

No sé que voy a hacer.
He de salir de aquí.
Tengo que ayudar a mis amigos.
Ojala hubiera alguna forma de escapar…
Hasta pronto. votar

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