26/3/09

“Visualizacion”


Acabamos de salir de la Cueva. Ahora está lloviendo, así que hemos encendido un fuego, y nos hemos quedado cerca de ella.

Por lo visto han pasado más de tres semanas desde que entramos en la Cueva Blanca. Sin embargo es curioso… Parece como si hayamos estado pocas horas.

Josué me ha explicado en que consisten las meditaciones que él practica. Me ha contado que a él se las enseñó un maestro en su tierra. Aprendió a meditar desde niño, y dice que por eso ha desarrollado “poderes” mentales que no solemos tener los demás. Aunque me ha especificado, que el hecho de desear y de creer que podemos desarrollarlos, es una de las motivaciones necesarias para que ocurra. La otra motivación, y la más importante, es desear ayudar a los demás seres, y meditar por y para ellos.

Bueno os cuento: lo primero que hicimos fue sentarnos en una posición cómoda. Eso sí, dejando la espalda recta, ya que así toda la energía de nuestro cuerpo se estabiliza y nos ofrece una sensación de paz y tranquilidad (por lo tanto, tumbados también es otra buena forma de hacer esta visualización. Lo importante es estar cómodos).
Luego, Josué comenzó a relatar en voz alta, la siguiente visualización:

“Visualiza tu cuerpo rodeado de una gran luz blanca.
Esta luz relaja tu cuerpo y tu mente,
Y hace que el pasado y el futuro se disuelvan en el ahora.
Despójate de tus ropas.
Observa como entras despacio en un enorme lago.
Este lago no tiene agua, sino un espeso líquido dorado.
Visualiza y siente como vas entrando en dicho lago:
Primero tus pies, luego tus piernas, tus caderas, tus manos, tu tronco, tus brazos… sumerge la cabeza completamente, y siente como el espeso líquido, entra en todo tu cuerpo, sanando y energizando cada una de las zonas por donde pasa.
Continúa en este lago durante un largo rato. Disfruta de la sensación de calor, y de relajación profunda que este lago te ofrece.
Mientras permanezcas en el lago, no hace falta que pienses en nada.
Solo observa tus manos, tus pies, las zonas doloridas de tu cuerpo…
Por el mero hecho de estar en este lago, tu cuerpo y tu mente van a sanar. Dentro del lago solo existe el ahora. Y en el ahora no hay problemas, ni dolor, ni miedos”.

Esta fue la primera meditación que hicimos. La visualización se hizo cada vez más real. No os puedo decir cuanto tiempo estuvimos en el lago, porque realmente el tiempo ha transcurrido de modo especial dentro de la cueva.
Solo sé, que mi cuerpo sanó sus dolencias y el cansancio del largo viaje. Y mi mente y mi espíritu se relajaron y aprendí a controlar mis experiencias internas.
Esto me sirvió para las siguientes meditaciones que hicimos.

Deseo que os sirva a alguno de vosotros como me ha servido a mí.
Hasta muy pronto.
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20/3/09

"Un relato"


Esta historia me ha llamado la atención. Besos.

“MARIAN”

La multitud corría en medio del silencio. Un relámpago cayó cerca de la torre. En un segundo, se oyeron cien mil sonidos, lamentos y quejidos. Gritos de locura y desesperación. Gritos y más gritos.
La dulce mujer de ojos verdes, se aproximó recatadamente al grupo de individuos malheridos. Sintió pánico. La sangre y el sudor se mezclaban para dar paso a un maloliente cuerpo, medio putrefacto y roto de dolor. Millones de insectos volaban por encima de sus cabezas y de sus heridas sangrantes. Millones de larvas recorrían sus entrañas.
Corrí a su encuentro. Ella ya no estaba allí. Sus ojos en la penumbra parecían más negros y tristes. La ayudé a salir de aquel agujero y comenzó a llorar. Su espalda se irguió cuando escuchó sonar su nombre:
- ¡Marian!
El sonido ruidoso de los trenes y el humo no dejaban respirar tranquilamente. Marian se asustó. Venían de nuevo a por ella. Tenía que huir, tenía que volver a huir.
A empujones entre aquellas personas tristes y cabizbajas, Marian corrió y corrió.
Llegó a un lugar lleno de naturaleza. La calma estaba cerca. Los sonidos de su nombre la perseguían: - Marian, Marian…- Decían una y otra vez.
Cuando se giró, observó aquellos cientos de hombres armados, con furia en sus ojos. La odiaban, la matarían, no sabía que hacer, ni por donde escapar.
De repente, encontró un agujero en medio de la maleza. Sorprendida y temblando aún, se acurrucó en él. Un sonido extraño la perturbó. Una luz intensa y un silbido potente la hicieron desmayar.
Cuando despertó del sopor, Marian no pudo reconocer el lugar. Estaba oscuro y lleno de mugre. Pequeñas lucecitas brillaban encima de su cabeza y debajo de sus pies. Una mano, de pronto, la tendió en sus brazos. Era gélida y fría y palpitaba.
Caminando descalza llegó a la torre. El relámpago volvió a caer. El silencio se convirtió en vida. El mar regresó a la calma y el mundo respiró de nuevo la paz eterna.
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13/3/09

"En la cueva"

¡Hola!
Josué y yo nos hemos instalado en una cueva en la montaña blanca. Nos vamos a quedar aquí un tiempo. Vamos a leer todos los escritos que hemos encontrado en la gruta, y vamos a meditar en silencio sobre ellos.

Hay algunos que parecen historias escritas para entretener. Sin embargo hay otros escritos que explican cosas que ahora mismo yo no entiendo. Dice Josué que esta es una forma de desarrollarse más, y de ser luego capaz de ayudar a todos los seres, plantas y animales.

Os dejo otro escrito del rollo de la gruta. Besos.

“Todo tiene una causa. La casualidad no existe. Cuando te das cuenta de ello, los acontecimientos parecen escritos de antemano por una pluma mágica.
Todas las épocas se parecen. Todas las personas se parecen. No importa donde hayas nacido o vivido. Lo fundamental queda siempre, más allá del cuerpo y de la mente.
El canto de un pájaro te llama al presente. Y es aquí, en el ahora, donde descubres que puedes hacer todo lo que deseas. En este momento, justo ahora. Solo tenemos que cambiar nuestra actitud negativa y triste, a una positiva. Y creer en ti mismo. Yo creo en ti. Sé que puedes avanzar más allá. Y que tus llamados problemas, son solo experiencias que te ayudan a crecer. Aprendemos también de los “malos momentos”. Dale las gracias a ellos, por que sin estos, no serías lo que actualmente eres. Y eres lo que decides creer que eres. Todos somos especiales. Todos tenemos la capacidad de transformar nuestro mundo, el planeta y el universo. Tú también. Créelo”.
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6/3/09

“Gruta blanca”


Al final, mi primo y María se han vuelto a la aldea de mis padres. Ambos han intentado convencerme... sin éxito, claro. Estoy tan feliz en las montañas...

Josué y yo seguimos nuestra marcha. Hoy nos ha ocurrido un hecho muy extraño. Os cuento:

Hemos llegado a una gran roca blanca.
Después de descansar sobre ella durante unos minutos, hemos avanzado hacía una gruta que había muy cerca de donde estábamos.
Josué me ha dicho que presentía algo, ya que la noche anterior había tenido un sueño muy parecido a lo que estaba sucediendo.
Así, que se ha acercado a un agujero que había en la gruta y ha metido su brazo.
Ha encontrado un rollo de papel muy grueso.
Cuando lo ha abierto, hemos visto que estaba escrito en una tinta de color azul y muy fino. Esto ya es raro, ya que nosotros solo utilizamos una tinta negra muy espesa.
Parece como escrito de otra época... No sé. Eso es lo que ha dicho Josué. Os dejo una de las cosas que contenía el rollo. Muchos Besos para todos:

“… Me asomé a la orilla del lago pensando en que algo mágico ocurriría. Mi alma flotaría por encima de mi cuerpo y buscaría en la infinitud de las noches tu ternura y calidez. No me equivoqué. Me arrodillé allí en el lago y apareció tu rostro, ese rostro que ya comenzaba a echar de menos, sonriéndome, dándome la mano, guiñándome para ir al otro lado. El agua no se movía. Estaba en calma. Tus ojos brillaban con el reflejo de la luna. Tu sonrisa se desdibujaba en tu cara como si fuera real.

- ¡Levántate!- Le anunciaron unos corceles negros que se hallaban detrás suyo. - ¡Y míranos! ¿Quién eres? ¿Qué haces aquí, tan lejos de todo?

Cogí agua con mi mano en forma de cuenco y bebí de ella, bebí de él. La fuerza que necesitaba se instauró en mí para girarme y responder: - soy una prisionera de los Blos, vengo de un país lejano, en donde la noche no existe y el cielo es azul.

- ¡Bien! ¡Acompáñanos!

Me asieron con fuerza por mi brazo y me montaron en uno de sus caballos. -¡Viajemos en el tiempo!- Gritó uno de ellos. – Sin calma, ¡corramos hacia el norte! El estandarte que llevaban comenzó a ondular por el viento que hacían los caballos al correr y mi cabeza voló por encima del bosque como alma ligera…”
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