
Estamos muy cerca de nuestro destino.
Hemos llegado a la entrada de la aldea a la que nos dirigíamos.
Pero aún no hemos pasado.
En el Sur hace bastante calor. Esto no se parece en nada a mi frío pueblo.
Ya no tengo que llevar esa gran capa que Josué me dio los primeros días.
Ni tampoco tenemos que encender una hoguera todas las noches, ya que no hace falta para calentarnos y ni tan siquiera hay animales salvajes que nos puedan atacar (el fuego ha sido un gran aliado durante la travesía. Gracias a él, no hemos tenido que vigilar durante la noche oscura, ni hemos tenido encuentros con las bestias de las montañas).
Lorenzo ha querido volver sobre nuestros pasos, para enseñarme una cremación.
Hemos llegado a un gran círculo de tierra blanca. En él hay una especie de mesa alta hecha con troncos de árboles viejos. Sobre esa mesa, yace una persona muerta.
Parece ser que aquí no tiran a los muertos (como sí hacen en mi aldea y en los alrededores que yo conozco), sino que les hacen una fiesta con música y bailes, y su cuerpo es quemado rodeado de flores y guirnaldas de vivos colores.
Estoy viendo la escena y apenas si puedo entenderlo. ¡Queman y veneran a los muertos! No tienen miedo de que les persiga la muerte y la desdicha en sus hogares. Parece gente muy valiente.
Josué ha venido a hablar conmigo. Dice que no me asuste. Que tengo cara de terror. Yo le he dicho que es más bien de sorpresa. Nunca había visto nada parecido. Él ya me había contando algo, pero verlo es diferente. Sé que las costumbres de mi pueblo son supersticiones, pero al final son cosas que se meten muy dentro de ti, y es difícil de deshacerse de ellas.
Seguiré observando detenidamente.
Besos para todos.
Hemos llegado a la entrada de la aldea a la que nos dirigíamos.
Pero aún no hemos pasado.
En el Sur hace bastante calor. Esto no se parece en nada a mi frío pueblo.
Ya no tengo que llevar esa gran capa que Josué me dio los primeros días.
Ni tampoco tenemos que encender una hoguera todas las noches, ya que no hace falta para calentarnos y ni tan siquiera hay animales salvajes que nos puedan atacar (el fuego ha sido un gran aliado durante la travesía. Gracias a él, no hemos tenido que vigilar durante la noche oscura, ni hemos tenido encuentros con las bestias de las montañas).
Lorenzo ha querido volver sobre nuestros pasos, para enseñarme una cremación.
Hemos llegado a un gran círculo de tierra blanca. En él hay una especie de mesa alta hecha con troncos de árboles viejos. Sobre esa mesa, yace una persona muerta.
Parece ser que aquí no tiran a los muertos (como sí hacen en mi aldea y en los alrededores que yo conozco), sino que les hacen una fiesta con música y bailes, y su cuerpo es quemado rodeado de flores y guirnaldas de vivos colores.
Estoy viendo la escena y apenas si puedo entenderlo. ¡Queman y veneran a los muertos! No tienen miedo de que les persiga la muerte y la desdicha en sus hogares. Parece gente muy valiente.
Josué ha venido a hablar conmigo. Dice que no me asuste. Que tengo cara de terror. Yo le he dicho que es más bien de sorpresa. Nunca había visto nada parecido. Él ya me había contando algo, pero verlo es diferente. Sé que las costumbres de mi pueblo son supersticiones, pero al final son cosas que se meten muy dentro de ti, y es difícil de deshacerse de ellas.
Seguiré observando detenidamente.
Besos para todos.
