28/8/09

“La clase con Lorenzo”

Los días y las noches se hacen eternos.
Todas las mañanas nos despertamos y vamos a un paraje cercano a ver amanecer.
Antes de llegar, aún no se ha hecho de día, y el único sonido que se oye es el del viento meciendo los grandes árboles milenarios de la zona.
Después de un rato corto, comienzan a desperezarse algunos pájaros. Los más escandalosos terminan por despertar al resto de aves.
Nos acomodamos cerca de un lago a ver y a oír el espectáculo.
Hacer esto todas las madrugadas, hace que el resto del día, estemos como si flotáramos. La energía de la naturaleza del lugar, nos envuelve por completo. Dejamos de ser nosotros solamente, para convertirnos en parte de ese maravilloso mundo.

Como os dije el otro día, el tiempo en la Posada Mágica se ha detenido por completo. No sé cuanto llevamos aquí, a veces no sé si es de día o es de noche. Incluso la luna, que veo a través de mi ventana, parece brillar más de lo normal (hay una clase a la que voy, que trata sobre la luz y la energía del sol. En ella el maestro enseña todos los tipos de luz que se encuentran y se han encontrado en el universo en todos estos años. También nos explica el uso de cada una de ellas. Esas horas, aunque ya haya anochecido, las pasamos rodeados de una luz brillante y mágica, que hace que tengamos más ganas de seguir aprendiendo).

A la clase que dio Lorenzo, vino Mariana con mucha motivación. Ese día compartimos dormitorio y comida. Se ha alegrado mucho de verme tan bien. Ha estado muy entusiasmada por la idea de volver en breve a más charlas del maestro (otra cosa que le ha gustado mucho, es que aquí no hace calor, y el viento que levanta la tierra, respeta las horas a las que salimos a pasear. El paisaje es similar al que he visto siempre desde mi querida aldea, lo desierto ha dado lugar a zonas de esplendorosos bosques, lagos y cataratas).

La clase de Lorenzo fue especial. Nos mostró muchas fotografías de los restos, que Mariana se encargo de llevarle.
Lorenzo cuando enseña es muy tranquilo y sosegado. Su expresión y su rostro parecen otros. Cualquiera diría que tiene una edad avanzada (su cara se transforma. Es una persona joven, casi un niño el que habla…).
Esto es algo que apunté de esa clase:
- Los seres que aquí habitaban eran parecidos en parte a nosotros. Sus días parecían los mismos, sus noches también. Cualquiera que nos conociera diría que somos nosotros los que aquí existimos… pero no - dijo Lorenzo rotundo - los seres que aquí vivían eran (y son, recalcó), personas muy distintas en costumbres y en ideas a nosotros…
Entonces alguien le interrumpió para preguntar una duda surgida en el momento:
- Maestro – dijo en voz muy alta el chico - ¿por qué ha dicho que son? ¿Siguen estando entre nosotros? Tenía entendido que ellos mismos se hicieron desaparecer poco a poco…
Lorenzo sonrió con gracia.
- Son, por supuesto… existieron hace miles de años, es verdad, pero hay algo que se te escapa… el pasado, el presente y el futuro coexisten en una misma línea temporal. Todo lo que estamos ahora mismo viviendo aquí, está ocurriendo en su pasado (levantó la mano, y dibujó unas líneas en el aire. Mágicamente se quedaron estáticas y se vieron durante un buen rato, flotando en mitad de la habitación). ¿Veis? Las líneas aquí señaladas nos hace ver, como incluso el futuro, las cosas que aún no han ocurrido, están pasando en este recinto, en este preciso momento…no sólo somos nosotros los que estaremos aquí mañana, también dentro de unos años (cuando ya no estemos nosotros aquí físicamente), otros nos sustituirán (nos sustituyen ya, claro) – Terminó con una carcajada llena de felicidad.

Es estupendo poder estar aquí aprendiendo tanto. Hoy Josué dará unas guías a seguir en la Posada Mágica para todos los nuevos. Creo que va a hablar de los sueños reales que tuve.
Hasta pronto.
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21/8/09

“La Posada Mágica”

Por fin pudimos irnos de las excavaciones.
El calor y el polvo continuo, no ayudaban a mi completa sanación.
Josué tomó la decisión hace unas noches, cuando me vio beber temblorosa, una jarra de agua.

Salimos muy temprano, con la idea de llegar cuanto antes a la posada “Mágica” (me ha dado por llamarla así. Desde que llegamos aquí, el tiempo parece que no existe).
Mariana vendrá en unos días, ya que Lorenzo va a impartir unas clases de nuestros antepasados.
No hablará de restos, pero todo lo relacionado con esas personas, a Mariana le interesa mucho.

Nada más llegar a los alrededores de la posada, se vislumbra una torre.
Ésta forma parte de la posada, y aunque parezca estrecha y alargada por fuera, por dentro es muy amplia y sin escalones.

La Magia comenzó a vernos desde el preciso instante en que atravesamos una ladera donde está escrita con piedras en el suelo, la palabra: SUR.
Lo primero que presentimos fue, que Lorenzo aparecería al girar la última curva del camino. Y así fue. Con su peculiar agilidad nos vino rápidamente a buscar:
- Me alegra veros amigos – Gritó vivaracho – Las clases comienzan en dos horas. Nos da tiempo de ver vuestras habitaciones.
- Estupendo – Respondió Josué – Serena necesita algo de reposo antes de empezar.
Le seguimos.
Llegamos a la torre, y no se veía nada más…Para mí sorpresa, entramos en ella.
Las luces claras del día, se tornaron oscuras y notamos como el calor se iba.
- ¡Descalzaros! – Avisó Lorenzo – Esta zona es para no ser manchada por la tierra de fuera. Y coged cada uno un candil de esa despensa. Necesitaremos luz.
El frío, estaba ya en todo mi cuerpo. Sentí escalofríos y algo de temor. El lugar era extraño y parecía abandonado.
No era como lo había imaginado…
Recelosa cogí un candil.
Una vez encendidos, seguimos a Lorenzo.

Esa mañana fue la primera y la más emocionante, pero no por eso la más rara.
Están pasando muchas cosas que me impresionan.
Las clases, mi habitación, las personas que aquí hay… (Aquí las personas andan muy despacio. Es como si andaran sin tiempo. Sin espacio. Casi como si volaran…).

Tengo que ir a clase.
Os sigo contando más tarde.
Besos. votar

13/8/09

"El Elefante Cojo"

Seguimos con Mariana. Esta semana, ha sido muy tranquila.
Os dejo el cuento del otro día.
Hasta pronto.

“El Elefante Cojo”

Había una vez, un pequeño elefante, que soñaba ser como los demás.
Desde siempre, su mayor deseo, había sido correr junto a los otros elefantes, y tener muchos éxitos.
Sus hermanos y sus amigos, le llamaban cariñosamente “cojito”, ya que nació con un defecto en una pata, que le hacía cojear.
“Cojito” se daba cuenta de las diferencias y de cómo los otros, lo trataban a él.

Una tarde, se celebró una competición. Todos sus compañeros correrían para llegar a un punto muy cerca del precipicio.
El que llegara antes, sería nombrado “corredor oficial de la manada”, y tendría el honor de ser siempre reconocido y admirado por su potencial.

Esa tarde, “cojito” tomó una decisión.
Algo le empujaba sin control, hacía esa carrera.
Sabía que le dolerían las patas, sabía que tal vez terminaría muy cansado, pero tenía el convencimiento de que ese día, él (y no otro elefante “normal”), ganaría la competición.

Cuando su familia lo vio inscribirse, le dijeron que no lo hiciera. Intentaron hacerle comprender que él no era como los demás, que nunca llegaría a correr como los otros.
“Cojito” levantó la cabeza. Miró al camino del precipicio y dijo:
- ¡Sí, puedo! Y lo voy a conseguir.
Sus palabras sonaron llenas de energía y fuerza. Sus congéneres lo miraron estupefactos.
¿Ese era “cojito”? No podían dar crédito. “Cojito” nunca había sido tan confiado.

La tarde llegó. “Cojito” se preparó con ganas. Estuvo todo el día descansando sus patas y encerándolas continuamente.

Tomaron posiciones.
3…2…1… La carrera comenzó.
“Cojito” aún permanecía en su puesto. Sus hermanos lo miraban con asombro. “Cojito” respiró profundamente y se dijo: - Vamos allá. Sabes que puedes.
“Cojito” comenzó a correr con su característica cojera.
Empezó lento, pero poco a poco, consiguió ponerse al nivel de los otros. Éstos lo miraban asustados. “Cojito” seguía corriendo rápido. Adelantó al que iba en primera posición.
Sus andares llamaban la atención, pero su deseo de llegar era más fuerte que su cojera.

Y “cojito” llegó el primero. Llegó cerca del acantilado e intentó parar, pero su pata coja necesitaba tiempo para adaptarse a la nueva marcha.
El precipicio se acercaba y “cojito” decidió rodar al suelo.
Esta fue la única forma que tuvo para no caer por el acantilado.
Cayó, y se hizo daño en las cuatro patas y en el costado, y muchos de los elefantes, rieron al verle caer.

Pero “cojito”, levantó la vista y no vio a nadie delante de él.
Sin duda había ganado.

Sin prisas, se levantó del suelo, mientras el resto de los participantes llegaba.

“Cojito” se superó a sí mismo.
Creyó en él. Confió en sus capacidades. Tuvo la certeza de que sería el primero, y cuando llegó, no le importaron las burlas y cayó al terroso suelo.
Desde esa tarde a “cojito”, ya no le llaman “cojito”. Ahora tiene diferentes nombres.
Unos le llaman “el que se levantó”, otros “el campeón” y otros “el capaz”.
A “cojito” sin embargo, le sigue gustando su antiguo mote…
Al fin y al cabo, si no hubiera sido quien fue, no sería el que es ahora.

Fin.
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6/8/09

“Los cuentos”

Ya estoy mucho mejor. Ya no tengo sueños y por las mañanas me dejan acercarme a los restos. Tengo que ir con todo el cuerpo cubierto y acompañada de dos investigadores, pero me encanta que me permitan ver lo que están desenterrando.

Por fin regresó Josué, y aún no nos podemos marchar. Dice que cuando esté completamente recuperada, lo haremos.
Me ha dicho que supo de mis pérdidas de consciencia y de mis sueños, gracias a la telepatía. Incluso me ha descrito algún sueño real de los que tuve… me parece asombroso.

Lorenzo partió ayer a nuestro destino. Tiene estudiantes que lo esperan desde hace semanas, y ya no podía retrasarlo más.

Josué me ha explicado el por qué de mis sueños. Dice, que eran necesarios que los tuviera:
- Es importante – Dijo – que los sueños que has vivido no los olvides… te serán de gran utilidad a donde vamos. Cuando comiences las clases, entenderás mejor lo que te digo.

Como en otras ocasiones, las palabras de Josué no me han aclarado gran cosa, pero por lo menos, me han hecho sentir más tranquila. Parece ser, que el haber tenido los sueños ha sido algo muy bueno para mí…. Yo desde luego, estoy totalmente de acuerdo. He podido disfrutar y ver paisajes y animales, que nunca había tenido la oportunidad de conocer.

Mariana me ha regalado uno de los restos. Son unos escritos de hace muchos años.
- ¿Cuántos? – Le he preguntado curiosa a Mariana.
- Muchos Serena… muchos… más de los que podrías imaginar – me ha respondido con ese halo de misterio que a las gentes del lugar les gusta tener.

En realidad el escrito es como un cuento. De esos que Josué cuenta a los niños y a todo el que le quiere escuchar, mientras practica su magia. Está escrito en color azul muy fino, como los rollos que encontramos en la gruta. Al ver que Mariana no me ha dicho la fecha del escrito, se lo he preguntado a Josué, y él me ha dado más información. Me ha contado que los restos que están encontrando, son de las personas que escribían estos cuentos. Parece ser que muchos años antes de que existiera todo lo que conocemos, hubo otros seres parecidos a nosotros (yo digo que eran como nosotros, pero es que a Josué le encanta inventar leyendas). Estos seres, utilizaban muchos artilugios para poder entenderse los unos con los otros, y tenían una gran variedad de tintas de colores con los que escribían de muchos temas.
- Eran gente curiosa – me ha dicho con expresión de admiración – Les encantaba acumular todas estas cosas y escritos. Lorenzo dice que incluso en muchos hogares, tenían cientos de ellos en una única habitación…y allí los dejaban.

Tengo ganas de leer otra vez el escrito.
Voy a decirle a Josué, que lo cuente él.
Hasta pronto. votar