18/3/10

“La Historia De Jeno”

LOS RESTOS
Seguí a Mariana hasta los restos, convencida de que lo que me encontraría, sería totalmente distinto a mi dibujo.
Caminé despacio y con cuidado, ya que los días en cama, habían hecho que estuviera débil físicamente.
Josué y Jeno iban delante de la comitiva (otros en la torre, al enterarse, nos acompañaron con gran curiosidad).
Jeno no hacía más que mirar hacía atrás, para ver por donde iba. Cada vez que ocurría, lo miraba a los ojos, y sentía como su preocupación se traspasaba a mi mente.
Antes de llegar, avancé rápido y me puse al lado de los dos maestros:

-         ¿Estáis inquietos? – Pregunté sin dejar de caminar.
-         Serena, no has debido correr tanto – Dijo Josué.
Jeno y Josué, se miraron. Algo se dijeron sin palabras, y Jeno me cogió del brazo y me apartó del camino.
-         Serena… Haz de saber algo… Hace un tiempo una mujer de mediana edad, estuvo entre nosotros. Mis antepasados, la trataron de loca, ya que decía (convencida de ello), que provenía de otro mundo, de otra realidad. Terminó siendo recluida en su cuarto… pero un día…
-         ¿Sí? – Pregunté con toda mi atención puesta en la historia.
-         Un día – Continuó el joven maestro – ella desapareció. Nadie supo como había salido de su habitación, ya que la puerta estaba cerrada por fuera. Cuando entraron, ya nadie había…
-         ¿Por qué me cuentas esto, Jeno? – Indagué.
Jeno cerró los ojos y suspiró:
-         Serena… La anciana predijo tu llegada. Sabía cosas. Sabía que un día tú llegarías a la torre. Dijo que una joven muchacha de las tierras heladas del norte, llegaría para ayudar a todas las gentes de aquí. Que teníamos que estar dispuestos a escucharla…
-         Un momento – Interrumpí - ¿Me estás diciendo que sabías esto, desde que me conociste, y no me lo habías contado?
Jeno asintió, mientras continuaba con su relato:
-         Al principio de conocerte, no estaba claro que tú fueras la muchacha de la que hablaba aquella mujer… pero poco a poco… cuando regresaste del pasado, tuvimos claro una cosa: Tú eras alguien más especial de lo que parecías…

La conversación se truncó, al oír un grito de Mariana.
-         ¡Venga amigos! Ya queda poco para llegar.
Miré a Jeno, que con su sonrisa, respondió a Mariana en la distancia:
-         ¡Ya vamos!

Continuamos nuestra marcha, agarrados del brazo. Jeno quedó en silencio un largo trecho, pero yo terminé con él:
-         ¿Qué tiene que ver lo que me has contado con el dibujo?
-         Mucho – Respondió velozmente el joven – El dibujo estaba ya en los restos en aquella época. Nadie sabía de su existencia, ya que los antepasados lo escondieron a conciencia… Josué y yo, sabíamos aquello, pero nunca habíamos visto el cuadro… Hasta el otro día cuando tú lo redibujaste.

Con una palmada, Mariana nos sacó de nuestra silenciosa conversación.
-         Ya estamos aquí. Mirad.
Señaló el gran dibujo en el suelo, recubierto aún por mucha tierra.
-         ¿Qué os había dicho? Es igual que el de Serena… Idéntico. Sólo falta que lo desenterremos por completo.

¿Qué era aquel gran dibujo? ¿Y qué significaba la fantástica historia que Jeno me había ido contando por el camino?
No entendía nada. Y sigo sin hacerlo.
Al regresar a la torre, todos seguimos con nuestras tareas diarias.
Por ahora nadie ha vuelto a sacar el tema del dibujo.
Hasta luego.
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