16/6/10

“El Cocinero y La Anciana”

Cuando salí de mi cuarto aquel día, después de descansar, aún seguía en el pasado.
Cuando abrí la puerta, lo primero que me encontré fue a Valentín, el cocinero de la torre, con el mismo aspecto que tenía en mi presente.

- Hola Serena - Me dijo - ¿Cómo has dormido? Imagino que bien. Llevas ya, casi un día entero haciéndolo.

- Bien - Titubeé - Pero... ¿Pero dónde estoy? ¿Sigo en el pasado?

Valentín en un momento me miró con extrañeza. Y pensé:

- A lo mejor lo he soñado todo, sigo en el presente y nunca me he movido de aquí. Si eso es así...

Mis pensamientos los cortó la voz grave y sonora del cocinero, riendo:

- Todavía no sabes dónde estás, ¿eh? Que despiste... Mira. Estás en el pasado. Claro… Descansaste durante casi un día, te he dicho. Acompáñame. Vamos a ver a la anciana.

El chico comenzó a andar, pero yo no tenía ganas de seguirlo en ese momento. Quería preguntarle, que quién era él, que porqué estaba en ese pasado, si estaba en mi presente. Pero sus pasos eran muy rápidos, y cuando quise darme cuenta ya estaba en la otra punta del pasillo, y me gritaba:

- ¡Vamos Serena! Tengo que hacer muchas cosas hoy. Todavía he de ir a la huerta.

¿A la huerta? Me pregunté. En mi presente no hay huerta. Los productos que llegan a la cocina, lo hacen, casi de modo mágico. No hay ninguna huerta en la torre...

- Espérame, Valentín - Dije - ¿Por qué no vamos a la huerta? Me gustaría verla.

El cocinero con cara de enfado y con algo de desgana, abrió una de las puertas del pasillo.

- Venga... Pasa. La anciana te está esperando.

Llegué a su lado. Le miré y entré en la habitación. Valentín cerró la puerta, mientras decía:

- Vendré a por ti en un rato.

El aspecto de la habitación me disgustó y me dio algo de miedo.

Las paredes eran blancas. Muy blancas. Tanto, que al principio me tuve que acomodar, para poder ver mejor lo que había dentro.

Cuando conseguí fijar mi vista, una mano, apareció ante mí, y una voz me dijo:

- Ven Serena. Coge mi mano.

Cuando la cogí, todo cambió de repente. La habitación de paredes blancas, se convirtió en una especie de cueva, rodeada de plantas muy verdes y de cascadas de agua.

La mano, tenía dueña. Era la anciana, que ya no tan joven como la recordaba el día anterior, me dijo que me sentara en la roca, cercana a una de las cataratas.

- Bien. Sé que no conoces esta zona de la torre - Me dijo - Es posible que en tu presente ya no exista.

Puse cara de interrogación. La anciana al verme continuó:

- Sé que tienes muchas preguntas Serena. Sé, que una de ellas, es porqué el cocinero de tu presente, está aquí. Pero las cosas, son más sencillas de lo que te pueda parecer. Me gustaría, que cerraras los ojos un momento. Y escucharas...

Hice caso a la mujer. Cerré los ojos y me dispuse a escuchar, el sonido del agua y de algunos pájaros que estaban revoloteando a nuestro alrededor. Pero cuando los cerré, el único ruido que escuchaba era... el silencio.

Un vacío inundó mi cuerpo. Sentí un agujero en el estómago, y me dieron ganas de abrir los ojos. Entonces escuché a la anciana:

- Pase lo que pase no abras los ojos, Serena. Visualiza. Observa lo que estás escuchando. Hay algo ahí. Algo más de lo que realmente escuchas.

La anciana tenía razón. Os seguiré contando.

Besos para todos. votar

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