9/6/10

"He Regresado Al Pasado"

Sin saber como, una noche, hice uno de los sueños reales que me Jeno me aconsejó hacer.

En un momento, desperté en otro lugar. En un sitio, que era conocido para mí, pero que no podía saber de que se trataba.

Al principio todo era como una ensoñación. Todo parecía ante mí, como con niebla.

Poco a poco, la niebla, se fue despejando.

Recuerdo como al fondo del camino, una persona muy parecida a mí, se acercaba cantando.

- Serena – Dijo a lo lejos, en viva voz – Que bien que hayas vuelto. Te estábamos esperando. Ven. Vamos con todos. sígueme.

Convencida de que seguía siendo un sueño, me acerqué a la mujer. Pero ésta, ya se había ido muy lejos.

Comencé a correr.

De repente, lo que era un camino despejado, se apareció ante mí como un bosque.

La temperatura del ambiente, cambió.

Hacía frío. Mucho frío.

Creí estar donde vivía antes con mis padres. En aquella aldea tan lúgubre. Tan fría.

Comprendí que realmente estaba en mi aldea.

Observé detenidamente todo el paisaje.

A lo lejos había una cabaña. Una cabaña de un carpintero muy amigo de mis padres.

Ese hombre, vivía a las afueras del pueblo. Y muchas veces íbamos a jugar cuando éramos pequeños, mis amigos y yo.

Me fijé pausadamente en la cabaña.

Sí. Era la de aquel hombre, pero estaba diferente. La casa era mucho más nueva. El paisaje en sí no era el mismo.

Algo dudosa me acerqué. La mujer había desaparecido.

Llegué a la cabaña. Llamé a la puerta. Esperaba que nuestro amigo el carpintero, saliera a mi encuentro.

La verdad es que tenía ganas de ver a alguien familiar. Y pensé que si estaba él allí, mis padres estarían cerca, ya que tengo muchas ganas de verlos.

Esperé un buen rato. Pero nada sucedió.

Volví a llamar. Nada.

Con el ceño fruncido y algo decepcionada, me di la vuelta.

- Bueno – Dije en voz alta – Seguiré andando a ver que me encuentro.

Una voz conocida a mí espala, me dijo:

- Hola Serena. Por fin. Pasa. Pasa. Te estábamos esperando.

Al girarme, pude observar, como aquella cabaña ya no era tal cabaña, sino la entrada a la torre. Una torre mucho más nueva, claro. Al fin y al cabo, parecía que estaba en el pasado.

Aquella mujer era la anciana, que con una sonrisa de oreja a oreja y mucho más joven de lo que realmente recordaba, siguió hablándome:

- Te ha costado trabajo llegar, ¿eh? – Continuó – Hemos pensado, que lo mejor para ti, es que entres en tu habitación y descanses un rato. Cuando así lo hagas, vendrás con nosotros a la cocina. Tenemos que hablar de muchas cosas. Y el cocinero… tiene ganas de verte ¿Te acuerdas de Valentín?

Sorprendida ante la pregunta, recapacité.

¿Valentín? Claro. Era el cocinero del comedor. Por supuesto que sabía quién era. Pero era de mi presente, y era una persona aún joven. No podía ser que estuviera en ese pasado.

Se lo dije a la anciana:

- Pero… el Valentín que yo conozco, tendrá unos treinta años, no puede ser que viva en el pasado.

La anciana sonrió:

- Veo que tienes recuerdos. Eso está bien. Te has dado cuenta ya, de que esto ya no es un sueño. Eso también está bien. Estás despertando Serena. Bien… vamos a tu cuarto.

Me guió por una torre algo cambiada. Los pasillos no se parecían mucho, a los que yo había transitado durante tanto tiempo. Un halo distinto. Algo diferente, estaba en el ambiente. Las personas que se cruzaban conmigo, casi todas, estaban sonrientes, pero había algo detrás de sus máscaras. Algo inquietante… No sé como describirlo.

Pregunté a la anciana:

- ¿Qué ha pasado? ¿Por qué los estudiantes están así?

- No sé a que te refieres – Respondió – Estamos bien. Debe de ser tu percepción, Serena. Estamos muy a gusto en la torre. Nada nos preocupa. Estamos aprendiendo tantas cosas. Hemos descubierto tantas cosas… Te sorprendería. Pero ven. Acércate.

La anciana se aproximó a una de las esquinas de la torre. Allí, un hombre pequeño, estaba diciendo unas palabras. Estaba haciendo poesía, en aquel rincón. Muy contenta, la anciana aplaudió:

- Muy bien Cerqui. Muy bien. Estás haciéndolo cada día mejor. Sigue así ¿Ves Serena? – Me miró- En tu torre ya no hay estás cosas, ¿o sí?

Agaché la cabeza. Pensé: - Pues no… Hace tiempo que la gente ya no hace esas cosas. Cuando yo llegué había otro ambiente. Puede ser. Pero es que no tenemos tiempo. No hay horas en el día, para hacer esto…

La anciana me dejó en mi habitación. Curiosamente, era idéntica de la que había salido en mi presente.

- Vale… pues me quedo aquí – Dije.

- Te recogeré en una hora – Me dijo la anciana – Por favor… sigue aquí con nosotros cuando despiertes. Te necesitamos.

Le di las gracias a la anciana, y me acosté.

Al despertar me he sentido muy extraña.

No sé si estoy en el presente, en el pasado… no sé exactamente que habrá detrás de la puerta. Pero bueno… sé que haya lo que haya, todo será bueno para mí.

Besos para todos. votar

1 comentario:

  1. Bueno pues, me he quedado con una sensacion rara.
    Eso es bueno a mi manera de pensar. Seguramente me has cautivado.
    Excelente seleccion de palabras e imaginado lo que has escrito al pie de la letra.
    Me ha encantado,
    Felicitaciones.

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