14/7/10

“El Futuro”

Es un futuro ensordecedor…

La torre se ha transformado, en un lugar lleno de extraños aparatos luminosos.

He comprendido mucho en todos los años que he vivido… pero ahora, creo que he llegado tarde.


Esta mañana me he levantado en otro tiempo.

Me miro al espejo y… ya no soy la chica joven de ayer…
Mis ojos, mi cara, mi cuerpo… es distinto.

He estado mucho rato observándome en el espejo de mi dormitorio.
Soy la misma persona, pero por fuera no.

Valentín me advirtió ayer, que algo así podría ocurrir.

- Serena – Me dijo – Ten cuidado… Las luces y las sombras que aparecerán ante ti y que te ayudaran a distinguir las señales, pueden ser erróneas. Tienes que elegir bien… Muy bien.
Y anoche “elegí”… O eso creo.

Un gran relámpago atravesó el patio central de la torre.
Todos los estudiantes y maestros, bajamos corriendo llenos de temor.

- No pasa nada – Gritó Jeno, aún aturdido – Volved a vuestros cuartos, y no salgáis hasta que pase la tormenta…

- ¿La tormenta? – Pregunté en voz baja – Que curioso… Las tormentas en la torre son muy extrañas. ¿Será una señal?

De repente el sonido del trueno me hizo caer. Al hacerlo, mi cabeza golpeó el suelo con fuerza. Escuché:

- ¡Serena! Vamos Josué, hay que llevarla dentro… - Exclamó Jeno.

Después de aquello, solo recuerdo murmullos y un largo ir y venir de sombras sin rostro.

Mis recuerdos se fueron ampliando. Ya no solo “veía” partes de mi vida en la posada, con mis padres, sino que muchas nuevas imágenes se agolpaban ante mí.

Poco a poco, fui sabiendo de más cosas. Cosas que aún no conocía, momentos que aún no habían pasado (como la muerte de mis ancianos padres) o personas que aún no conocía.

Estaba exhausta… sin fuerzas. Casi enferma.
Fue cuando me incorporé de la cama. Lentamente, abrí los ojos y los posé en la habitación en la que estaba: todo estaba casi igual, menos…

Me levanté muy despacio y con mucho esfuerzo, llegué al espejo del cuarto…

Lo único que estaba distinto, era mi cuerpo. Aunque yo, seguía siendo la misma Serena de siempre…

No tardé en salir de allí. Desde que lo hice, una gran luminosidad me cegaba.

- Señora… - Me advirtió una joven – No puede salir sola a estas horas… puede pasarle algo.

- No te preocupes – Dije – Yo no soy lo que ves… Sé lo que me hago.

- No lo dudo maestra… Pero ayer me dijo lo mismo… Y los días anteriores también.

¿Maestra? Pues sí. De eso me “acordaba”… Después de muchos años en la torre, terminé siendo una de las maestras del centro. Mis enseñanzas llegaban a mucha gente, y muchos venían a dar clases conmigo.

- De acuerdo – Le dije a la joven – No iré. Pero los aparatos luminosos no me dejan descansar.

- No se preocupe Serena. Pronto los apagaremos. Ahora, vuelva a su cuarto.
Sigo en mi habitación. Algo preocupada, ya que no sé como regresar a mi presente.

Ya he vivido y no me he dado cuenta de casi nada.
Estoy cansada y encerrada en la torre.

Necesito ayuda del cocinero o de la anciana del pasado…
No sé como, pero tengo que regresar.

Hasta luego. votar

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