11/8/10

“Los Huesos”

Sin muchas ganas, acompañé a Josué y a Jota al acantilado.
Las supersticiones y leyendas nunca me han gustado.

Las gentes de mi aldea, apenas vivían con sus supersticiones. Creían tantas historias sin sentido…

Muchos daban de lado y se mofaban de los viajeros que llegaban a la posada.

- Mírala – Decían - ¡Dice que es una mujer, y lleva el pelo más corto que yo!

- Que desfachatez – Comentaban – Si esos se quedan en el pueblo, los denuncio por mal vestidos.

Poco a poco las leyendas y ritos de los aldeanos, fue haciendo, que los habitantes de mi ciudadela, se volvieran más oscuros y huraños.

Los viajeros, ya no se atrevían a ir más allá de la posada.

Incluso, muchos de nuestros familiares dejaron de venir a vernos.

Observé los “malos tratos” desde pequeña, y todo por las leyendas que se inventaban:

- Si te cruzas con un montañero, tus hijos dejarán de crecer.

- No les mires a los ojos… dicen que transmiten enfermedades, con tan solo hacerlo…

Con un mal presagio, seguí al maestro hasta el desfiladero.

Sus pasos se hacían cada vez más lentos al andar.

Detrás de mí, con cara de preocupación, iba mi amiga Jota:

- Mariana está ya en el acantilado – Dijo – Ha desenterrado los huesos casi por completo. Es probable que cuando lleguemos estén listos.

- ¿Listos? - Me pregunté - ¿Listos para qué?

Parecía como si los seres más racionales que conocía, se hubieran enredado en historias irreales y sin sentido.

- No me digas – Miré a Jota – Que ahora crees en todo eso…

Jota se paró en seco, y respondió:

- ¡Claro! Las historias que cuentan, muchas veces son reales… Y si Josué las apoya…

- Ah, vale – Dije – Todo esto es porque el maestro ha decidido “creer” en algo irracional. De acuerdo. Es bueno saberlo… - Concluí con tono de enfado.

Jota continuó su marcha, pero esta vez algo más alejada de mí.

Al llegar al acantilado, Mariana nos saludó en la distancia:

- ¡Por fin estáis aquí! Venid. Hay algo que quiero que veáis.

Con diligencia, Josué, llegó primero hasta donde se encontraba la arqueóloga:

- Mira – Continuó Mariana – Estas caderas… El tamaño… está claro que son huesos de mujer.

Una gran sonrisa apareció en el rostro de Josué.

Me pregunté porque estaba tan alegre. Al fin y al cabo, sus teorías sobre la leyenda parecían no ser ciertas.

- ¿Por qué no estás decepcionado? – Le dije.

- Esperaba encontrar los restos de mi amigo… No lo son y eso me da esperanzas. Jeno regresará. Ahora lo sé…

Sin apartar la mirada de los huesos, me vino una gran duda:

Si esos no eran los restos de Jeno… ¿De quién eran? ¿Y qué tenían que ver con la leyenda de hace veinte años?

Yo ya estaba allí y nada había pasado…

Sin hablar, cada uno fue cogiendo una parte de los restos y metiéndolos en un saco.

Como si hubiera leído mis pensamientos, Mariana dijo:

- Los llevaremos a la torre – Suspiró – Pronto sabremos de quién se trata.

Mariana trabaja sin descanso, junto a Jota, para desvelar el misterio.

Besos para todos. votar

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