15/9/10

“El Lento Despertar”

Todo está pasando según la historia de Jeno.
El maestro, no sólo me contó su aventura fuera de la torre, sino que además se adelantó a los acontecimientos en ella.

Cuando Jeno despertó de un profundo sueño, lo hizo con mucha hambre.

Juntos, fuimos hasta el comedor, donde el cocinero nos recibió con alegría:

- Hola amigos – Gritó – Veo que ya estás aquí Jeno. Y tú Serena… ¿desde cuándo no nos vemos?

- Hola – Le respondió el maestro – Como sabes ha sido un largo camino de regreso Valentín, pero sí, al final ya estoy aquí.

Mirando a ambos, con el ceño fruncido y con un gran interrogante en mi cabeza, yo también respondí al cocinero:

- Hola Valentín… - Dije – Pues… desde hace días… desde hace varios días. Cada vez que te he buscado, no he conseguido encontrarte… ¿Dónde estabas?

El cocinero si prestar atención a mis palabras, continuó hablando con Jeno:

- Cuándo te dejé en el claro del bosque, pensé que no serías capaz de regresar a la torre de tu presente.

- Es cierto amigo – Dijo Jeno – Yo también me perdí en mis dudas un buen rato. Hasta que apareció la señal.

Sin poder resistirlo más, interrumpí:

- ¿De qué estáis hablando? Por favor, contádmelo.

- Tienes razón Serena – Dijo amablemente el maestro – Sentémonos y comamos algo primero – Jeno sonriente, miró a Valentín – Yo quiero el desayuno completo de siempre.

- ¡Eso está hecho! – Exclamó el cocinero aparentemente contento - ¿Qué quieres tú Serena?

- No tengo mucha hambre, la verdad – Respondí – Pero un plato de fruta, estaría bien. Gracias amigo.

Valentín se alejo tatareando una canción, que no conocía.

- Será del futuro – Murmuré en voz baja.

Mientras tanto, Jeno se había acomodado en su silla, que se había transformado en una de las sillas más confortables que había podido ver en el comedor.

- Pues sí Serena – Dijo el maestro echando su cuerpo hacia el mío – Valentín y yo, estuvimos en el futuro del cocinero…

- ¿En el futuro?

- Sí. El cocinero me ayudó, ya que yo solo no podía hacer lo que tenía que hacer – Dijo Jeno, que ya disfrutaba de su gran desayuno.

- Cuando regresaste de tu futuro – Continuó Valentín, sentándose a nuestro lado – tuve que irme al mío, ya que un gran problema acuciaba a la torre. Para ello fui en busca del maestro, que agotado (no sé bien porqué), me pidió ayuda.

Sin apenas comprender, decidí seguir escuchando el relato:

- La ayuda que le pedí… – Dijo el maestro Jeno - Fue ir con él a su futuro. Al saber que habías regresado, me temí lo peor.

- ¿Por qué? – Interrumpí.

- Como sabes, tanto Valentín como yo, somos de la opinión de que aunar presente, pasado y futuro, nos ayudará a todos a evolucionar.

- Sí… - Dije – Eso pensaba, hasta que me has dicho…

- Sí, lo sé, Serena – Dijo el maestro – Te he dicho que no quiero saber nada del futuro… ya que esa persona no soy yo…

- En mi futuro (que está más avanzado que el tuyo) – Intervino Valentín – Acabamos de descubrir algo que lo cambia todo. Y eso incluye la noción que tenemos del pasado, presente y futuro.

- ¿Qué es? – Me atreví a preguntar.

- No existe un solo pasado, ni un solo futuro Serena – Dijo el maestro en voz baja- Hay miles de ellos. Tantos como personas hay en el universo y como posibilidades de elección en sus vidas…

- Eso significa… – Hice una pausa – ¿Que lo que he vivido en el futuro no tiene por qué ocurrir?

- ¡Exacto Serena! – Exclamó Jeno – Es por eso, por lo que acompañé a Valentín a su futuro. En mis escritos e investigaciones, había empezado a descubrir lo que en el futuro del cocinero, ya han confirmado, y yo… necesitaba conocer más.

- Además los huesos que han encontrado… - Interrumpió el cocinero, cambiando de tema – No son de vuestro pasado ya que… los huesos son de…- Hubo un largo silencio - De la propia Mariana…

Abrí mucho los ojos y de modo instintivo me levanté con la intención de ir en busca de mi amiga. Valentín me paró.

- No Serena. No vayas. Mariana está a punto de descubrirlo. Todavía no lo sabe. Pero cuando lo sepa… tendrá una gran disonancia… que te contará y te pedirá tu opinión… y tú Serena…

- Tú – Continuó el maestro – Debes contarle lo que te hemos descrito hoy. Tienes que ayudarla a comprender.


En ese momento, en la puerta del comedor, apareció Mariana con la cara desfigurada.

Me levanté despacio y les dije en voz baja a Jeno y a Valentín:

- Tenéis que seguir contándome lo ocurrido, ¿de acuerdo?

El maestro y el cocinero asintieron.

Yo fui en busca de mi amiga, que casi llorando, me agarró fuertemente del brazo.

- Ya sé de quién son los huesos, Serena - Dijo.

- Lo sé amiga – Le respondí, tocando su hombro con mi mano – No te preocupes.


Poco a poco, más personas en la torre, van conociendo la historia de Jeno y Valentín.

Yo no me cansó de repetirla a quién me quiera escuchar. Y todos los que lo hacen, parece que van despertando.

Eso está bien.

Hasta pronto. votar

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