8/9/10

“Y Jeno Regresó”

En más de una ocasión, durante la semana, he tenido que preguntarme en voz alta, si estaba soñando.

Los acontecimientos que se produjeron después de la reunión, así me lo han hecho creer.



La noche de la reunión, el maestro Jeno llegó a la torre.

No fue solo curiosa su llegada, sino que también me sorprendió el recibimiento que le hicieron los habitantes de la torre.

Todos continuaban muy felices y pocos se dieron cuenta del alegre retorno:

- ¿Qué te ha pasado? – Le preguntó Josué – Nos tuviste algo intranquilos durante unos días. ¿Estás bien? – Dijo el maestro despreocupadamente.

Jeno no abrió la boca. Miraba a todos con los ojos perdidos.

- ¡Bien está lo que bien acaba! – Gritó la maestra más anciana de la torre – Vayamos a descansar. Ha sido un día muy largo.

- Eso – Respondieron varios estudiantes al unísono – Ya podemos dormir tranquilos. La torre ya no se desmorona…

Yo miraba la escena desde una distancia prudente. No entendía la frialdad con la que actuaban con Jeno, y casi todos parecían seguir hipnotizados.

- Veré a Jeno más tarde – Pensé – Cuando se hayan ido los demás.



A los pocos minutos, ya estábamos los dos solos. Jeno, aún no había dicho nada. Ni tan siquiera a Josué, que ya se alejaba de su lado, silbando una melodía alegre.

- ¿Qué ha pasado aquí Serena? – Me preguntó el maestro - ¿Cuántos días he estado fuera?

- Muchos maestro. Desde que me ayudaste en el futuro a regresar…

- No sigas Serena. No era yo. No debo de saber lo que pasará – Dijo el maestro con preocupación.

- ¿Por qué Jeno? ¿Desde cuándo te inquietan esas cosas? – Pregunté incrédula ante lo que escuchaba.

- Desde que… Mejor será que comience desde el principio. Vayamos a tu habitación.



Mientras caminábamos hacía mi cuarto, Jeno me volvió a preguntar lo mismo:

- ¿Qué ha pasado aquí Serena? Ya no hay nadie en los pasillos y los estudiantes y maestros, no parecen ellos mismos.

Miré a Jeno con los ojos muy abiertos, mientras me mordía el labio inferior, evitando responder a esa pregunta:

- Pues… - Dije.

- Venga Serena, dímelo. No te creas, reconozco esos síntomas. Y creo que sé que lo ha provocado.

Aliviada ante la respuesta y despistada ante esas palabras, me encontré de repente con la puerta de mi habitación:

- Ya estamos aquí – Balbuceé intentando dar signos de normalidad – Pasa maestro. Creo que me ibas a contar una historia, ¿no?

Jeno andando tranquilo, llegó hasta mi cama y se sentó:

- Si Serena. Una historia que te concierne. No vas a creer lo que ha pasado.

En esos momentos pensé que sí, ya que lo ocurrido en la torre los días pasados, había sido bastante raro.

- Aún están como hipnotizados – Dije en voz baja.

Miré a Jeno, que yacía en mi cama totalmente dormido.

- Está tan cansado – Pensé - Ha tenido que vivir muchas aventuras.



Jeno me detalló su historia, y se marchó de la torre hace un día.

Mariana, ha conseguido descifrar de quién son los huesos del acantilado. Y todo coincide… la historia de Jeno, los huesos…

Os seguiré contando.

Besos para todos. votar

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