15/12/10

“La Voz”

Los días han ido pasando sin prisa. Desde que tengo el libro mágico, mis recuerdos y sueños reales, se han multiplicado.

Saber ya, quién era la chica del sueño del Arco, o como regresar a nuestro presente, me llenan de energía para seguir con la aventura.

He tenido que ser precavida a la hora de escuchar y leer el libro, porque como me dijo el maestro, hay mucho contenido en él y no puedo abarcarlo todo.

Aún no nos vamos de este futuro, ya que el libro pertenece a este mundo, y hasta que no estudie todo lo necesario, no nos moveremos.

La chica del sueño me habló a través del libro, y gracias a ello, pude saber más acerca del misterioso hombre que me entregó a mis padres:

- Serena… yo soy tú misma y sin embargo no soy tú. Cuando el hombre te dejó en Tierra Opaca, una parte de ti, se dividió en dos. Yo soy la que te ha acompañado en las tinieblas de la noche y en las penumbras de tu habitación. Era yo, la que te animaba desde pequeña, a dejar la oscura aldea en la que vivías.

La voz se hacía más clara a medida que pasaban los días:

- Tu benefactor era un pobre hombre, a pesar de ser una de las personas más ricas del lugar. Las tierras que te vieron nacer, son tierras de luz y de silencio. El mar lo abarca todo y el constante ir y venir de las olas, marcan el día a día de las gentes de allí.

El cielo comenzó a tornarse rojo, cuando escuché como la voz de la que no era yo misma, continuaba su historia:

- Las estrellas te han guiado siempre. En esta realidad y en la pasada. También en la futura. El mar ha pertenecido a tu mundo, aunque no lo conozcas. Tus sueños reales se han encargado de que lo veas, tal y como es. Tu vida en aquel lugar habría sido como la que yo tengo…

Valentín llegó a mi habitación con un gran plato de comida:

- Serena… Llevas días sin salir de aquí. El maestro Jeno, me ha dicho que te traiga estas delicias. Las he estado haciendo toda la mañana. Dice que, es lo que ahora necesitas…

Sin más, el cocinero abandonó el cuarto, y yo me dispuse a comer.

En cuanto vi la comida, tuve un recuerdo no real en mí pasado: un hombre con una larga capa y pelo cano, me ofrecía esas empanadillas rellenas de verduras, mientras me decía:

- Mi querida y adorada esposa… Tomate esto. Lo necesitas para continuar tu viaje. Yo vendré mañana a verte. No te preocupes por nada. Sé que lo conseguirás.

El hombre me dejó sola en aquel recuerdo, y yo comencé a comer con mucho placer. Cerré los ojos y di un primer mordisco, que me llenó de tranquilidad y de olores familiares. El mar estaba cerca en aquella ensoñación y la luz de las estrellas, comenzaban a aparecer tintineantes. El grito de las gaviotas, el de las olas golpeando las rocas y el del viento, hicieron que continuara en aquel mágico lugar.

Todo pasó, cuando Jeno entró en mi habitación:

- ¿Sabes ya quién es el hombre? – Me preguntó con énfasis.

- No – Respondí aún hipnotizada – Pero acabo de ver a alguien que me recuerda a ti y que me ha llamado esposa… ¿lo entiendes?

Jeno sonrió.

- Está bien – Dijo – Es un gran paso. Ahora tienes que descansar Serena. Mañana será otro día.

Con mucho cuidado y atención, Jeno me ayudó a meterme en la cama y cerró las cortinas.

- Vendré a verte pronto. Que tengas muchos sueños…

Hasta pronto. votar

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