25/3/10

“Inspiración”

Esta semana he entendido que soy yo la responsable de mis acciones.
Desde que pinté aquel dibujo he estado como en una nube.
Todos los días me levantaba sin ganas de nada. Ni tan siquiera de comer. Por eso, he permanecido en mi cuarto todo este tiempo.

Mariana sigue desenterrando “mi dibujo” en los restos.
Jeno ha estado muy pendiente de mí estos días. Sin embargo, contarme la historia de la mujer de mediana edad, le ha dejado algo distante conmigo, a pesar de sus constantes visitas.
Josué por su parte, ha salido de la torre para encontrarse con nuevos estudiantes.
Es posible que en uno o dos días, esté de vuelta.

La niña rubia de la que os hablé en otra ocasión, ha venido a verme todos los días.
Está interesada en mi dibujo. Dice que su padre fue un gran pintor, y que en su tierra es tratado como alguien especial por eso.
Yo le dije entonces, que yo no era la responsable de aquel dibujo. Que sin yo quererlo me levanté y lo hice, impulsada por alguna fuerza que no llegaba a comprender.
Marina me miró, y me dijo:
-         Sí Serena. A mi padre le ocurría lo mismo. A eso le llaman en las tierras de las que procedo, inspiración… Por lo visto – Continuó la niña – Cuando llega, es muy difícil de parar.

Inspiración… eso lo escuché yo una vez en la posada. Recuerdo que llegó un viajero lleno de papeles y grandes libros. Parecía desordenado y algo extravagante.
Cuando me acerqué para ver que deseaba tomar, vi como sacaba una de sus carpetas repletas de hojas, y sin levantar la cabeza de ellas, pidió un almuerzo.
No le dí mucha importancia, hasta que llegó una chica y se sentó a su lado.
-         Vamos Ismael – Le dijo – Tienes que comer algo. Llevas días sin probar bocado y las ideas no te vendrán solas. Hazme el favor de dejar los escritos por un rato.
El joven la miró. Parecía querer hablar con ella, pero en vez de eso, volvió a meter su cabeza en las hojas.
-         Venga hermano… - Insistió la chica – Sé que la inspiración hace días que te persigue como un animal salvaje y que apenas te deja descansar… pero tienes que comer…

Después de aquella escena, ambos terminaron con su comida y se marcharon, no sin antes decirme algo que había olvidado por completo:
-         ¡Qué suerte tenéis vosotros que vivís sin preocupaciones! Mi hermano se está muriendo poco a poco. Sus historias le consumen. Ya no sabe si él es él o un personaje inventado…

El silencio fue mi respuesta. ¿Cómo iba yo a imaginar que aquello de lo que hablaba aquella mujer, algún día me pasaría a mí?

-         La inspiración de mi padre – Continuó la pequeña Marina – era una bendición para nosotros. Sin ella, posiblemente nunca habríamos salido adelante.
-         ¿Cómo es eso? – Indagué.
-         Mi madre y yo, vivíamos aisladas, sin muchas cosas materiales y sin un futuro claro ante nosotras. Mi padre había desaparecido hacía ya unos meses, y no sabíamos que hacer… hasta que mi madre recordó…
-         ¿El qué? – Pregunté.
-          Que mi padre había estado años haciendo dibujos extraños pero maravillosos. Los buscamos y los vendimos. Desde ese día, mi padre es una persona muy conocida en nuestra tierra, aunque él continúa desaparecido…
-         Lo siento Marina. Debe de ser doloroso no tener a tu padre cerca…
-         Si está cerca… - Antes de terminar su frase, Marina salió corriendo en busca de un compañero de clase – Raúl… espérame… - Me miró – Luego nos vemos Serena. Cuídate.

La vi alejarse, deseando que regresara pronto a mi habitación para seguir contándome la historia de su padre… pero aún la espero.
Voy a preguntar a Jeno, cuando puedo salir de esta reclusión casi voluntaria.
Hasta pronto.
votar

18/3/10

“La Historia De Jeno”

LOS RESTOS
Seguí a Mariana hasta los restos, convencida de que lo que me encontraría, sería totalmente distinto a mi dibujo.
Caminé despacio y con cuidado, ya que los días en cama, habían hecho que estuviera débil físicamente.
Josué y Jeno iban delante de la comitiva (otros en la torre, al enterarse, nos acompañaron con gran curiosidad).
Jeno no hacía más que mirar hacía atrás, para ver por donde iba. Cada vez que ocurría, lo miraba a los ojos, y sentía como su preocupación se traspasaba a mi mente.
Antes de llegar, avancé rápido y me puse al lado de los dos maestros:

-         ¿Estáis inquietos? – Pregunté sin dejar de caminar.
-         Serena, no has debido correr tanto – Dijo Josué.
Jeno y Josué, se miraron. Algo se dijeron sin palabras, y Jeno me cogió del brazo y me apartó del camino.
-         Serena… Haz de saber algo… Hace un tiempo una mujer de mediana edad, estuvo entre nosotros. Mis antepasados, la trataron de loca, ya que decía (convencida de ello), que provenía de otro mundo, de otra realidad. Terminó siendo recluida en su cuarto… pero un día…
-         ¿Sí? – Pregunté con toda mi atención puesta en la historia.
-         Un día – Continuó el joven maestro – ella desapareció. Nadie supo como había salido de su habitación, ya que la puerta estaba cerrada por fuera. Cuando entraron, ya nadie había…
-         ¿Por qué me cuentas esto, Jeno? – Indagué.
Jeno cerró los ojos y suspiró:
-         Serena… La anciana predijo tu llegada. Sabía cosas. Sabía que un día tú llegarías a la torre. Dijo que una joven muchacha de las tierras heladas del norte, llegaría para ayudar a todas las gentes de aquí. Que teníamos que estar dispuestos a escucharla…
-         Un momento – Interrumpí - ¿Me estás diciendo que sabías esto, desde que me conociste, y no me lo habías contado?
Jeno asintió, mientras continuaba con su relato:
-         Al principio de conocerte, no estaba claro que tú fueras la muchacha de la que hablaba aquella mujer… pero poco a poco… cuando regresaste del pasado, tuvimos claro una cosa: Tú eras alguien más especial de lo que parecías…

La conversación se truncó, al oír un grito de Mariana.
-         ¡Venga amigos! Ya queda poco para llegar.
Miré a Jeno, que con su sonrisa, respondió a Mariana en la distancia:
-         ¡Ya vamos!

Continuamos nuestra marcha, agarrados del brazo. Jeno quedó en silencio un largo trecho, pero yo terminé con él:
-         ¿Qué tiene que ver lo que me has contado con el dibujo?
-         Mucho – Respondió velozmente el joven – El dibujo estaba ya en los restos en aquella época. Nadie sabía de su existencia, ya que los antepasados lo escondieron a conciencia… Josué y yo, sabíamos aquello, pero nunca habíamos visto el cuadro… Hasta el otro día cuando tú lo redibujaste.

Con una palmada, Mariana nos sacó de nuestra silenciosa conversación.
-         Ya estamos aquí. Mirad.
Señaló el gran dibujo en el suelo, recubierto aún por mucha tierra.
-         ¿Qué os había dicho? Es igual que el de Serena… Idéntico. Sólo falta que lo desenterremos por completo.

¿Qué era aquel gran dibujo? ¿Y qué significaba la fantástica historia que Jeno me había ido contando por el camino?
No entendía nada. Y sigo sin hacerlo.
Al regresar a la torre, todos seguimos con nuestras tareas diarias.
Por ahora nadie ha vuelto a sacar el tema del dibujo.
Hasta luego.
votar

11/3/10

“El Dibujo”

Después de mi encuentro con la sombra, estuve enferma varios días.
Jeno venía a verme con cara de preocupación y creyendo que mis males, eran más graves de lo que pienso, que al final han sido.

He soñado con Lorenzo y la anciana.
En el sueño, ambos me decían, que no preocupara. Que aquel ser sólo era producto de mi imaginación y que si estaba tranquila no volvería.
Cuando desperté, recordé el sueño, pero no estaba ni mucho menos tranquila.
Aquel ser, fue demasiado real, mucho más real que el sueño que acababa de tener con los dos ancianos…

Aún tenía escalofríos por mi cuerpo enfermo, cuando, sin entender muy bien qué me impulsó a coger un lienzo y unos colores, terminé dibujando con mis manos, un cuadro  lleno de sombras.
Recuerdo, como mis manos (sin ningún instrumento en ellas), repartían los colores sin lógica alguna.
Al terminar, regresé a mi cama y dormí durante horas.

Cuando Josué y Jeno fueron a despertarme, y vieron aquello, llamaron a Mariana.
Ésta, llego en poco tiempo a la torre. Yo seguía sin saber que había pasado en esas horas en las que dibujé aquel lienzo…

Mariana en cuanto llegó, puso cara de asombro.
-         ¿Quién ha hecho esto? ¿Has sido tú Serena?

Pensando que sus palabras tenían un tono de alarma y miedo, dudé en decir que sí. Pero tuve que hacerlo:
-         Si, Mariana. Parece ser que he sido yo, pero no lo recuerdo claramente. Sólo sé – Me miré las manos todavía manchadas – que he tenido que ser yo…
-         De acuerdo amiga – Dijo más serena Mariana – Este dibujo lo he encontrado esta semana en los restos. Cuando lo vi la primera vez, me dio escalofríos, y ahora que lo veo aquí… me parece todo muy extraño…

Desde que Lorenzo se fue, mis sueños y mis actos, han sido raros y sin orden concreto. Yo eso lo sabía. Pero aquel cuadro, aquel dibujo… que Mariana había encontrado en los restos… eso era otra cosa.  
Esta tarde, iré a verlo a las excavaciones. El dibujo que hay allí, es tan grande, que Mariana no ha podido traerlo a la torre.
La única explicación que Jeno da de todo el asunto, es que mis sueños están controlando mi vida. Dice que he de tener cuidado y volver a ser yo consciente, la que maneje lo que hago…

No sé porque dice eso… yo sigo siendo la misma.
Hasta pronto.
votar

4/3/10

“Una Sombra”

Vais a pensar que estoy volviéndome loca (eso he estado yo pensando toda la semana).
Alguien ha venido a verme estas noches.
Al principio creí que era Lorenzo, que desde ese lugar al que emigran las almas (como creen en mi aldea) me venía a visitar con el deseo de ayudarme.
Pero pronto me di cuenta de que el ser (por llamarlo de alguna manera), no era el sabio anciano…
A media noche de hace cinco días, me desperté sobresaltada.
Alguien o algo, me estaba oprimiendo el pecho y no podía respirar.
Como si fuera una aparición, o uno de los ancianos voladores del pasado, observé una imagen azulada a los pies de mi cama.
El miedo que tenía, hizo que cerrara los ojos con fuerza. Pero al instante, los abrí (sin yo quererlo).
Mi cuerpo no respondía a las órdenes que yo le daba.
Una voz silenciosa en mi cabeza me dijo:
- Levántate y escribe.
Eso hice.
Esto es lo que escribí aquella noche…
Sin duda, la locura me persigue desde que Lorenzo se fue. Os dejo.
Hasta pronto.

Las luces y las sombras atraviesan el espejo que tengo delante.
Como si estuviera inmerso en una fuente de agua helada, mis manos y mis pies, ya no los siento.
Los sentidos que tenía, parecen haberse borrado.
Quiero gritar pero no puedo, las luces y las sombras me persiguen. Tratan de comunicarse conmigo y quieren saber porque estoy aún aquí.
Yo les digo, que no lo sé, que solo actúo por impulsos, y que la verdadera historia es la que estoy contando en este momento.
Cuando nací, era uno más, como vosotros, pronto me di cuenta de que la vida ya no era como yo desee.
Las personas que allí se mezclaban, eran rayos de luna, comparados con mi espectro de hombre errante.
Las dudas de mi alma, y el corazón extraño que ahora me acompañaba, estaba tan liado como los corazones que había roto.
Mire a todos lados, pero nadie había. Tal vez las personas que allí me acompañaban no estaban o no existían como yo pensé.
Era como si la luna y las estrellas y todo el universo, hubiera sorteado millones de eones para darme aquel instante de felicidad.
Soy tú. Si te lo preguntas y si quieres saber el porque de tu existencia solo debes de ser lo que eres y hacer lo que haces.
Las estrellas y la luna, seguirán ahí por muchos años y nosotros estaremos allí para verlo. Contigo, sin más miedos que los que nosotros deseemos.
Los miedos, así como las inclemencias de otras épocas, los creamos nosotros, con el mero propósito de haceros madurar en esta andadura de locos.
No soy yo quien habla. Ni siquiera soy un espectro de la nada. Soy el alma de alguien que un día creyó que las cosas podrían cambiar y… ocurrió. Las cosas cambiaron, pero cuando quise darme cuenta, ya no estaba vivo para contarlo.
Si quieres saber porque eres tú y no otra persona la que hace esto, has de saber que las circunstancias te han sido propicias.
No tienes que temer volverte loca. Tan solo has de hacer lo que estás haciendo.
Sigue en ello. Sigue en la torre”.
votar