30/6/10

“El Día Se Repite”

Esta semana, he estado hablando con Valentín y aunque no he podido regresar al pasado, me ha aclarado muchas cosas. Una de ellas, es porque el cocinero está también en el pasado al que yo voy.

Uno de los días, cansada ya, de no encontrar a Valentín por ningún sitio, decidí esperarlo en la puerta de su habitación.

Llegué temprano. Me senté justo enfrente de la puerta, en el suelo del pasillo.

Muchos estudiantes pasaban de un lado para otro, ocupados en sus cosas, hablando entre ellos. Casi no se percataban de que yo estaba allí.

Ese día, perdí muchas clases, pero no me importó.

A la hora del almuerzo, decidí ir al comedor.

Nadie había salido ni entrado de la habitación en todo ese rato.

Cuando fui a levantarme para irme, algo dentro de mi, me hizo seguir en aquella posición. Casi sin respirar, sin moverme y con los ojos puestos en la puerta de Valentín, vi como giraba el pomo de la puerta. Ya no había nadie alrededor. Ni estudiantes ni profesores, pasaban por allí.

Sentí una sensación extraña, pero algo conocida. Era como un vacío en el estómago. Podía ser hambre, pero no era igual.

La puerta se fue abriendo lentamente. Dentro de mí, pensé:

- No puede ser el cocinero. Es la hora de almorzar ¿Quién habrá detrás de la puerta?

Cuando la puerta se abrió del todo, me quedé petrificada. La anciana, como casi siempre, con una gran sonrisa y su largo pelo blanco recogido en un gran moño, me decía:

- ¿Cuánto llevas ahí, Serena? Te hemos estado buscando por toda la torre desde ayer. Anda ven… tenemos que hablar de otras cosas.

Sorprendida fui a levantarme de allí. Lo intenté y nada… mi cuerpo estaba inmóvil, estático.

Asustada miré a la anciana con los ojos muy abiertos e intenté gritar:

- ¡Anciana! Ayúdeme. No puedo levantarme. No sé que me pasa. Por favor, ayúdeme…

Vi como la anciana se acercaba a mí. Tendía la mano y alguien, que no era yo, se la cogía con fuerza.

Entonces lo vi…

El cocinero me miraba desde la puerta de su habitación, con los brazos cruzados y gesto de incomprensión.

- Serena ¿qué haces? – Me preguntó.

Miré a mi lado. Ya nadie había. Ni la anciana… ni siquiera la otra persona que yo creía que había a mi lado.

- No lo sé – Le dije al cocinero – Llevo aquí toda la mañana. Esperándote… y acabo de ver a la anciana salir de tu cuarto o eso creo…

El cocinero sin prisa, se acercó a mí y se sentó a mi lado.

- Serena – Comenzó – Creo que tenemos que hablar. Necesitas saber como regresar al pasado. Lo necesitamos todos. Al fin y al cabo… tú eres la anciana.

Sin ganas de recordar aquella experiencia vivida, cuando Lorenzo aún estaba con vida, le pregunté:

- ¿Cómo puedo regresar al pasado cuando quiera, Valentín?

El chico se puso muy serio. Se tocó largamente, su espesa barba y dijo:

- Tienes que controlar tus propios actos. Tienes que ser capaz de controlar tanto tu cuerpo como tu mente. Necesitas aprender a hacerlo, Serena. Cuando lo hagas, podrás llegar al pasado cuando quieras - Me tocó la mano – Pero… yo no soy un maestro como otros de la torre. Además, tú eres tu única maestra. Tú ya fuiste maestra en esta torre. Solo tienes que recordarlo…

Al sentir el tacto del cocinero en mi mano, un profundo sueño llegó a mí. Sin poder evitarlo, me dormí.

Cuando desperté, seguía sentada delante de la puerta del cocinero. Pero todos los estudiantes, pasaban hacía arriba y hacía abajo, con la misma expresión que había visto horas antes. La luz del día, seguía siendo muy clara. Tenía una sensación anómala. Como si todo eso, ya hubiera pasado.

Escuché a los compañeros que pasaban:

- ¿Qué vas a desayunar hoy? – Le decía una chica a su amiga – Creo que hay frutas silvestres en el menú.

¿Había comenzado el día de nuevo? ¿Era posible?

Seguía sentada delante de la puerta del cocinero, pero era como si acabara de llegar…

Todas aquellas conversaciones, aquella situación en sí, ya la había vivido hacía pocas horas.

Me levanté del suelo y llamé a la puerta de la habitación del cocinero.

Valentín, con mucha prisa, me abrió:

- Sí, si, si Serena. Ya lo sé… tienes que hablar conmigo, pero yo no tengo tiempo, tengo que ir a la cocina. Luego hablamos.

Y salió corriendo.

Me quedé sin palabras. No sé como él, yo o algo, había conseguido que el día volviera a empezar.

Después de aquello, me fui al comedor, pensando en todo lo que había ocurrido.

Me senté cerca de la puerta de la cocina, y allí esperé a que Valentín tuviera tiempo libre para mí. Y lo tuvo… después de muchas horas…

Ya os cuento.

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23/6/10

“La Posada del Pasado”

Allí en la cueva, con los ojos cerrados, me fijé detenidamente en el silencio. De él, comenzaron a salir, pequeños ruidos, que al principio no podía reconocer...

Poco a poco, fui reconociendo los olores, sensaciones, ruidos, de la posada de mis padres...

Observé toda la habitación, donde tantas veces había dado de comer a muchas personas. Todo estaba casi igual, menos por una de las sillas, que estaba justo en una de las esquinas de la habitación, como presidiendo la sala.

En la silla, una mujer un poco mayor, miraba la escena. Tuve que hablar:

- No lo comprendo - Dije - Ahora mismo sé que no estoy en la aldea de mis padres. Esa silla es la que vi en mi sueño... No sé qué pasa ¿Quién es esa mujer que hay sentada en ella?

A pesar de que estaba preguntando cosas y hablando, no escuché a la anciana responderme. Simplemente oía el ruido y el rugir del comedor de la posada. Era como si realmente estuviera allí.

Vi como la mujer, que estaba en la silla, cerraba los ojos, y tranquilamente, se quedaba dormida.

Intenté ver si estaban mis padres en aquel sitio, o yo misma.

Pero no. Solamente se veía a los comensales almorzar, a las personas hablar...

Tuve el deseo de estar allí, y en un momento abrí los ojos, para observar con sorpresa, que sí, que estaba en la aldea, en aquel comedor.

La mujer de la silla, estaba aún dormida, y a mí alrededor personas con aspecto de cansadas, y ropa de varios días, me gritaban:

- ¡Vamos, lléname la copa!

- Necesitamos más comida aquí.

Atónita, me acerqué a la cocina de la posada, esperando encontrar a mis padres.

Cuando me asomé, una sala distinta a la que pensaba encontrarme, estaba ante mí. Una sala repleta de lagartijas, que me miraban…

- Serena, Serena – Creí escuchar – Has llegado en el momento adecuado y justo. Bienvenida. Este es tu hogar. Este es tu destino.

Dejé de oír el ruido de la posada. Cerré los ojos.

Una mano fría me tocó. Y escuché:

- Serena, regresa… Se está haciendo de noche. Tenemos que volver a la torre.

Al abrir los ojos, me encontré de nuevo en aquella cueva con la anciana, sin comprender absolutamente nada de lo ocurrido, seguí a la anciana. Abrió la puerta y al otro lado, me estaba esperando el cocinero.

- Ven con él. Necesitas comer algo – Dijo la anciana.

- Pero… - Dije – No he entendido nada. No sé qué ha pasado, necesito ayuda.

La anciana me miró con delicadeza:

- Serena. No puedo ayudarte. Ve con Valentín y come. Sé que al final, entenderás… Y lo sé, porque yo al final entendí.

Más sorprendida aún de lo que estaba, tuve que seguir a Valentín por los largos pasillos de la torre, hasta llegar a los comedores. Allí recordé la última vez que estuve con Mariana, y tuve la necesidad de volver a estar en mi presente. Al hacerlo, me encontré allí…

En el comedor estaban Jeno, Josué, Jota... Todo parecía muy normal, menos por una persona: Valentín, que con el mismo aspecto, las mismas ropas, el mismo gesto con el que me había estado acompañando en el pasado, me miraba con desaprobación.

Entonces sentí como me decía, en voz baja:

- Serena… tienes que ser capaz de mantenerte en el pasado. Tienes que ser capaz…

Después de aquello, comí y seguí con mis tareas en el presente. No sé como regresar al pasado de nuevo…

Sé que tengo que hablar con Valentín, pero no coincidimos. Cada vez que voy a buscarlo, nunca está.

Voy a intentarlo dentro de un rato, a ver si lo consigo.

Hasta pronto. votar

16/6/10

“El Cocinero y La Anciana”

Cuando salí de mi cuarto aquel día, después de descansar, aún seguía en el pasado.
Cuando abrí la puerta, lo primero que me encontré fue a Valentín, el cocinero de la torre, con el mismo aspecto que tenía en mi presente.

- Hola Serena - Me dijo - ¿Cómo has dormido? Imagino que bien. Llevas ya, casi un día entero haciéndolo.

- Bien - Titubeé - Pero... ¿Pero dónde estoy? ¿Sigo en el pasado?

Valentín en un momento me miró con extrañeza. Y pensé:

- A lo mejor lo he soñado todo, sigo en el presente y nunca me he movido de aquí. Si eso es así...

Mis pensamientos los cortó la voz grave y sonora del cocinero, riendo:

- Todavía no sabes dónde estás, ¿eh? Que despiste... Mira. Estás en el pasado. Claro… Descansaste durante casi un día, te he dicho. Acompáñame. Vamos a ver a la anciana.

El chico comenzó a andar, pero yo no tenía ganas de seguirlo en ese momento. Quería preguntarle, que quién era él, que porqué estaba en ese pasado, si estaba en mi presente. Pero sus pasos eran muy rápidos, y cuando quise darme cuenta ya estaba en la otra punta del pasillo, y me gritaba:

- ¡Vamos Serena! Tengo que hacer muchas cosas hoy. Todavía he de ir a la huerta.

¿A la huerta? Me pregunté. En mi presente no hay huerta. Los productos que llegan a la cocina, lo hacen, casi de modo mágico. No hay ninguna huerta en la torre...

- Espérame, Valentín - Dije - ¿Por qué no vamos a la huerta? Me gustaría verla.

El cocinero con cara de enfado y con algo de desgana, abrió una de las puertas del pasillo.

- Venga... Pasa. La anciana te está esperando.

Llegué a su lado. Le miré y entré en la habitación. Valentín cerró la puerta, mientras decía:

- Vendré a por ti en un rato.

El aspecto de la habitación me disgustó y me dio algo de miedo.

Las paredes eran blancas. Muy blancas. Tanto, que al principio me tuve que acomodar, para poder ver mejor lo que había dentro.

Cuando conseguí fijar mi vista, una mano, apareció ante mí, y una voz me dijo:

- Ven Serena. Coge mi mano.

Cuando la cogí, todo cambió de repente. La habitación de paredes blancas, se convirtió en una especie de cueva, rodeada de plantas muy verdes y de cascadas de agua.

La mano, tenía dueña. Era la anciana, que ya no tan joven como la recordaba el día anterior, me dijo que me sentara en la roca, cercana a una de las cataratas.

- Bien. Sé que no conoces esta zona de la torre - Me dijo - Es posible que en tu presente ya no exista.

Puse cara de interrogación. La anciana al verme continuó:

- Sé que tienes muchas preguntas Serena. Sé, que una de ellas, es porqué el cocinero de tu presente, está aquí. Pero las cosas, son más sencillas de lo que te pueda parecer. Me gustaría, que cerraras los ojos un momento. Y escucharas...

Hice caso a la mujer. Cerré los ojos y me dispuse a escuchar, el sonido del agua y de algunos pájaros que estaban revoloteando a nuestro alrededor. Pero cuando los cerré, el único ruido que escuchaba era... el silencio.

Un vacío inundó mi cuerpo. Sentí un agujero en el estómago, y me dieron ganas de abrir los ojos. Entonces escuché a la anciana:

- Pase lo que pase no abras los ojos, Serena. Visualiza. Observa lo que estás escuchando. Hay algo ahí. Algo más de lo que realmente escuchas.

La anciana tenía razón. Os seguiré contando.

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9/6/10

"He Regresado Al Pasado"

Sin saber como, una noche, hice uno de los sueños reales que me Jeno me aconsejó hacer.

En un momento, desperté en otro lugar. En un sitio, que era conocido para mí, pero que no podía saber de que se trataba.

Al principio todo era como una ensoñación. Todo parecía ante mí, como con niebla.

Poco a poco, la niebla, se fue despejando.

Recuerdo como al fondo del camino, una persona muy parecida a mí, se acercaba cantando.

- Serena – Dijo a lo lejos, en viva voz – Que bien que hayas vuelto. Te estábamos esperando. Ven. Vamos con todos. sígueme.

Convencida de que seguía siendo un sueño, me acerqué a la mujer. Pero ésta, ya se había ido muy lejos.

Comencé a correr.

De repente, lo que era un camino despejado, se apareció ante mí como un bosque.

La temperatura del ambiente, cambió.

Hacía frío. Mucho frío.

Creí estar donde vivía antes con mis padres. En aquella aldea tan lúgubre. Tan fría.

Comprendí que realmente estaba en mi aldea.

Observé detenidamente todo el paisaje.

A lo lejos había una cabaña. Una cabaña de un carpintero muy amigo de mis padres.

Ese hombre, vivía a las afueras del pueblo. Y muchas veces íbamos a jugar cuando éramos pequeños, mis amigos y yo.

Me fijé pausadamente en la cabaña.

Sí. Era la de aquel hombre, pero estaba diferente. La casa era mucho más nueva. El paisaje en sí no era el mismo.

Algo dudosa me acerqué. La mujer había desaparecido.

Llegué a la cabaña. Llamé a la puerta. Esperaba que nuestro amigo el carpintero, saliera a mi encuentro.

La verdad es que tenía ganas de ver a alguien familiar. Y pensé que si estaba él allí, mis padres estarían cerca, ya que tengo muchas ganas de verlos.

Esperé un buen rato. Pero nada sucedió.

Volví a llamar. Nada.

Con el ceño fruncido y algo decepcionada, me di la vuelta.

- Bueno – Dije en voz alta – Seguiré andando a ver que me encuentro.

Una voz conocida a mí espala, me dijo:

- Hola Serena. Por fin. Pasa. Pasa. Te estábamos esperando.

Al girarme, pude observar, como aquella cabaña ya no era tal cabaña, sino la entrada a la torre. Una torre mucho más nueva, claro. Al fin y al cabo, parecía que estaba en el pasado.

Aquella mujer era la anciana, que con una sonrisa de oreja a oreja y mucho más joven de lo que realmente recordaba, siguió hablándome:

- Te ha costado trabajo llegar, ¿eh? – Continuó – Hemos pensado, que lo mejor para ti, es que entres en tu habitación y descanses un rato. Cuando así lo hagas, vendrás con nosotros a la cocina. Tenemos que hablar de muchas cosas. Y el cocinero… tiene ganas de verte ¿Te acuerdas de Valentín?

Sorprendida ante la pregunta, recapacité.

¿Valentín? Claro. Era el cocinero del comedor. Por supuesto que sabía quién era. Pero era de mi presente, y era una persona aún joven. No podía ser que estuviera en ese pasado.

Se lo dije a la anciana:

- Pero… el Valentín que yo conozco, tendrá unos treinta años, no puede ser que viva en el pasado.

La anciana sonrió:

- Veo que tienes recuerdos. Eso está bien. Te has dado cuenta ya, de que esto ya no es un sueño. Eso también está bien. Estás despertando Serena. Bien… vamos a tu cuarto.

Me guió por una torre algo cambiada. Los pasillos no se parecían mucho, a los que yo había transitado durante tanto tiempo. Un halo distinto. Algo diferente, estaba en el ambiente. Las personas que se cruzaban conmigo, casi todas, estaban sonrientes, pero había algo detrás de sus máscaras. Algo inquietante… No sé como describirlo.

Pregunté a la anciana:

- ¿Qué ha pasado? ¿Por qué los estudiantes están así?

- No sé a que te refieres – Respondió – Estamos bien. Debe de ser tu percepción, Serena. Estamos muy a gusto en la torre. Nada nos preocupa. Estamos aprendiendo tantas cosas. Hemos descubierto tantas cosas… Te sorprendería. Pero ven. Acércate.

La anciana se aproximó a una de las esquinas de la torre. Allí, un hombre pequeño, estaba diciendo unas palabras. Estaba haciendo poesía, en aquel rincón. Muy contenta, la anciana aplaudió:

- Muy bien Cerqui. Muy bien. Estás haciéndolo cada día mejor. Sigue así ¿Ves Serena? – Me miró- En tu torre ya no hay estás cosas, ¿o sí?

Agaché la cabeza. Pensé: - Pues no… Hace tiempo que la gente ya no hace esas cosas. Cuando yo llegué había otro ambiente. Puede ser. Pero es que no tenemos tiempo. No hay horas en el día, para hacer esto…

La anciana me dejó en mi habitación. Curiosamente, era idéntica de la que había salido en mi presente.

- Vale… pues me quedo aquí – Dije.

- Te recogeré en una hora – Me dijo la anciana – Por favor… sigue aquí con nosotros cuando despiertes. Te necesitamos.

Le di las gracias a la anciana, y me acosté.

Al despertar me he sentido muy extraña.

No sé si estoy en el presente, en el pasado… no sé exactamente que habrá detrás de la puerta. Pero bueno… sé que haya lo que haya, todo será bueno para mí.

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2/6/10

“Desvelando El Misterio”

Jeno dice que estoy “despertando”. Me ha dicho, que lo que ocurrió el otro día con la lagartija, es señal de mis cambios.
Creo que tiene razón.

- Serena – Me dijo – Tanto lo que me contaste de la silla del comedor, como lo de la lagartija, son señales.

- ¿Señales? – Pregunté - ¿De qué?

- De que te estás abriendo a nuevas experiencias. Todo está relacionado con tu pasado.

Con alegría de escuchar aquello, continué mi interrogatorio:


- Entonces, ¿crees que el pasado está queriendo decirme algo?

- Bueno… Yo no lo diría así – Respondió – Creo que por algún motivo, la anciana trata de explicarte tu siguiente paso.

Boquiabierta pero encantada, le di las gracias al maestro.

- Ahora, lo demás, depende de ti. Tú tienes que ser la que desvele el misterio – Apuntilló.


Las luces de mi habitación, parpadean.
Hace varios días, comenzaron a hacerlo.
Jota se ha mudado al cuarto de Saúl, y vuelvo a estar sola.

Los ensayos de teatro, ya los hemos acabado.
Por ahora, no iremos a representar la obra.
La pobre Mariana, se ha quedado con las ganas.
Había conseguido un papel protagonista, y se la veía muy ilusionada.

Jeno me ha recomendado que haga los ejercicios que me enseñó.

- Ya sabes, que los sueños reales – Me dijo - Se pueden provocar conscientemente. Sólo has de seguir la técnica. Creo que así, serás capaz de comprender algo más del pasado.

Esta misma tarde realizaré una prueba.

Parece ser, que he de ser yo sola, la que descubra porqué me “convertí” en una lagartija, y porqué soñé con la silla del comedor…

No va a ser una tarea sencilla.
Por ahora, el puzzle, no tiene pies ni cabeza.
Veamos que descubro.
Hasta luego. votar