28/7/10

“¿Dónde está Jeno?”

- ¡Buenos días Serena!- La risueña voz de Jota, me ha despertado esta mañana – Por fin abres los ojos…

Silbando y sin prestar mayor atención, se ha ido de la habitación, dejando la puerta entre abierta.

Un grupo de niños de los más pequeños de la torre, han asomado sus cabezas, a modo de juego:

- No, yo no le pregunto – Les he escuchado decir – Díselo tú Marina, tú la conocer mejor…

- Serena… - La pequeña niña de rizos rubios, ha seguido hablando - ¿Eres tú? ¿Vienes a jugar a la pelota?

Sin apenas poder moverme, he conseguido articular una frase:

- Marina, tienes que avisar al maestro Jeno o al cocinero Valentín…

La niña, sola, entró hasta mi cama:

- Pero maestra – Me dijo – Ninguno de los dos están en la torre. Desde que tú regresaste, ellos desaparecieron como por arte de magia.

- No puede ser – Respondí.

Asustada y sin saber porque, la pequeña me había llamado maestra, intenté levantarme. Pero mi cuerpo no me respondió y caí al suelo.

Marina gritó:

- ¡Sebastian, ve a buscar a alguien! Serena no está bien – Luego se dirigió a mi – No te preocupes, todo saldrá bien. Has tenido un viaje muy largo.

Josué y Jota, llegaron corriendo al cuarto. Mientras uno me ayudaba a levantarme, el otro, me echaba un vaso de agua.

- Venga Serena, tomate este vaso – Dijo Jota – No has debido levantarte tan pronto.

Aún aturdida por el golpe en el suelo, pregunté:

- ¿Dónde está Jeno y Valentín? ¿Qué ha pasado?

Josué y Jota se miraron con recelo. Parecía que ninguno de los dos, quería contarme lo sucedido.

- Serena – Comenzó a decir Jota – Has estado muchos días en cama…

- No – Le interrumpió el maestro Josué – Déjalo Jota. No tiene que esforzarse. Ahora es momento de que esté tranquila.

Jota miró a Josué y se sentó a mi lado, en la cama. Mientras me acariciaba el pelo dijo:

- Tienes razón Josué, pero ¿y si nunca recuerda lo que ha pasado?

- Eso no ocurrirá – Respondió el maestro con expresión sabia – No hemos de preocuparnos. Vámonos, Serena tiene que descansar.


Jota se levantó sigilosamente de mi cama, y salió con Josué por la puerta aún entreabierta.
Desde entonces, aquí sigo. Sola en mi habitación. He dormido mucho y soñado otro tanto. Gracias a eso, he recordado…

Hace una semana, estaba en el pasado. Era ya vieja y mi vida estaba a punto de acabar. Mi compañero Jeno, también envejecido, decidió ayudarme a regresar a mi presente:

- Nunca es demasiado tarde amiga – Recordé que me dijo – Pero, tienes que despertar. Tienes que regresar a tu presente… y creo que yo sé como hacerlo… iré contigo.

Aquellas dos palabras, resonaban en mi cabeza, como una gran campana: Iré contigo, Iré contigo…

Después de varios días en el pasado sin ver a Jeno, éste llegó en plena noche, a mi habitación algo ahogado:

- Vamos Serena. Este es el momento. Ahora nadie nos vigila. Acompáñame.

Me acuerdo que lo seguí muy despacio. Llegamos juntos al patio de la torre, y allí nos sentamos con dificultad en el suelo.

- No hagas ningún ruido- Me aconsejó el anciano – Nadie debe saber que estamos aquí.

En silencio, esperamos durante una hora aproximadamente. Entonces, una gran luz nos envolvió.

Jeno cogió mi mano, y la apretó con fuerza.

- Nunca te olvidaré amiga – Me dijo con nostalgia – No abras los ojos y confía. Volverás a tu presente, volverás a ser Serena.

Después de aquello, recibí un gran golpe en la cabeza y sentí miles de agujas clavadas en todo mi cuerpo. Perdí el conocimiento.

Lo siguiente que recuerdo, es que Jota, descorría con suavidad, las cortinas azules de mi habitación, y se iba silbando del cuarto.

No sé donde está el Jeno del futuro, y lo que más me preocupa… no entiendo porqué no está el Jeno del presente, aquí conmigo.

Marina ha dicho, que tanto el cocinero como el maestro, han desaparecido…

¿Seguirán vivos? Y si es así ¿En qué época?

Voy a seguir durmiendo.

Los sueños me ayudan a recordar.

Besos para todos. votar

21/7/10

“Sin Saber Regresar”

He descubierto aspectos de mi misma, que desconocía.

Es curioso, ya que pensaba que me conocía perfectamente.

Pero no… en el momento en que “aterricé” en el fututo, hay muchas cosas que cambiaría, y sin embargo una parte de mi yo actual, acepta toda su vida con mucha tranquilidad.

Me sorprendí ayer diciéndole al cocinero:

- Pero Valentín… las circunstancias que he vivido son las que son, y sin ellas, no sería quién soy hoy.

- Serena – Me recordó el chico – No lo olvides. Tú no eres de esta época. Tienes que hacer mayores esfuerzos para regresar a tu presente…

- No me apetece hoy amigo… las luces de este lugar me parecen ahora muy relajantes. Ya no hecho de menos la luz del sol.

- Ese es el primer paso para quedarte aquí… si no eres capaz de regresar sola, tendré que llevarte conmigo a mi presente…

El cocinero, muy preocupado, me agarró del brazo y me zarandeó levemente.

- Serena… Te necesitamos. Todo lo que has vivido no es real… Tú no eres de ésta época…

Las últimas palabras del chico del futuro, no las escuché. Mi mente ya cansada, tatareaba canciones aún desconocidas para mí.

- Voy a llevarte conmigo, Serena – Me gritó – Quieras o no.

El joven cocinero salió de mi habitación, dando un portazo.


Un envejecido Jeno, ha venido esta mañana a verme.

- Serena. Me han dicho que no eres tú… ¿Recuerdas quién eres?

- Hola maestro – Le respondí – Claro que recuerdo quién soy. También recuerdo quién eres tú…

Jeno sorprendido ha seguido indagando:

- Si te acuerdas de toda esta vida, sin ser realmente tú… ¿qué diferencia existe con la Serena joven?

- No lo sé amigo – Dije sin pensar – Es posible que ninguna. Mis clases de todos estos años, han demostrado algo que Lorenzo decía a menudo… pero no sé…

- Yo creo que tienes que irte Serena. Si no lo haces, la joven que eras, es posible que no llegue a ser la anciana que eres hoy… Como dice Valentín… Te necesitamos en el pasado…

- ¿Por qué lo dices Jeno? – Pregunté algo preocupada - ¿Qué sabes que no me has contado?

El anciano maestro conmovido y nervioso, me miró con cariño:

- Daría todo lo que fuera por decirte lo que tienes que hacer ahora… pero está claro, que si no lo sabes, es que no eres la misma anciana que hace tres semanas, era consciente de sus actos y del porque de ellos…

- Jeno… - Susurré – Aún no he descubierto el siguiente paso… ¿Ya es demasiado tarde?

- Nunca es demasiado tarde amiga – Dijo Jeno con expresividad – Pero, tienes que despertar. Tienes que regresar a tu presente… y creo que yo sé como hacerlo… iré contigo.

La sorpresa que me ha dado Jeno esta mañana, aún no se me ha ido.

No puedo entender lo importante que es que regrese.

Pero si el maestro viene conmigo, puede que lo consiga.

Veremos que ocurre.

Hasta pronto. votar

14/7/10

“El Futuro”

Es un futuro ensordecedor…

La torre se ha transformado, en un lugar lleno de extraños aparatos luminosos.

He comprendido mucho en todos los años que he vivido… pero ahora, creo que he llegado tarde.


Esta mañana me he levantado en otro tiempo.

Me miro al espejo y… ya no soy la chica joven de ayer…
Mis ojos, mi cara, mi cuerpo… es distinto.

He estado mucho rato observándome en el espejo de mi dormitorio.
Soy la misma persona, pero por fuera no.

Valentín me advirtió ayer, que algo así podría ocurrir.

- Serena – Me dijo – Ten cuidado… Las luces y las sombras que aparecerán ante ti y que te ayudaran a distinguir las señales, pueden ser erróneas. Tienes que elegir bien… Muy bien.
Y anoche “elegí”… O eso creo.

Un gran relámpago atravesó el patio central de la torre.
Todos los estudiantes y maestros, bajamos corriendo llenos de temor.

- No pasa nada – Gritó Jeno, aún aturdido – Volved a vuestros cuartos, y no salgáis hasta que pase la tormenta…

- ¿La tormenta? – Pregunté en voz baja – Que curioso… Las tormentas en la torre son muy extrañas. ¿Será una señal?

De repente el sonido del trueno me hizo caer. Al hacerlo, mi cabeza golpeó el suelo con fuerza. Escuché:

- ¡Serena! Vamos Josué, hay que llevarla dentro… - Exclamó Jeno.

Después de aquello, solo recuerdo murmullos y un largo ir y venir de sombras sin rostro.

Mis recuerdos se fueron ampliando. Ya no solo “veía” partes de mi vida en la posada, con mis padres, sino que muchas nuevas imágenes se agolpaban ante mí.

Poco a poco, fui sabiendo de más cosas. Cosas que aún no conocía, momentos que aún no habían pasado (como la muerte de mis ancianos padres) o personas que aún no conocía.

Estaba exhausta… sin fuerzas. Casi enferma.
Fue cuando me incorporé de la cama. Lentamente, abrí los ojos y los posé en la habitación en la que estaba: todo estaba casi igual, menos…

Me levanté muy despacio y con mucho esfuerzo, llegué al espejo del cuarto…

Lo único que estaba distinto, era mi cuerpo. Aunque yo, seguía siendo la misma Serena de siempre…

No tardé en salir de allí. Desde que lo hice, una gran luminosidad me cegaba.

- Señora… - Me advirtió una joven – No puede salir sola a estas horas… puede pasarle algo.

- No te preocupes – Dije – Yo no soy lo que ves… Sé lo que me hago.

- No lo dudo maestra… Pero ayer me dijo lo mismo… Y los días anteriores también.

¿Maestra? Pues sí. De eso me “acordaba”… Después de muchos años en la torre, terminé siendo una de las maestras del centro. Mis enseñanzas llegaban a mucha gente, y muchos venían a dar clases conmigo.

- De acuerdo – Le dije a la joven – No iré. Pero los aparatos luminosos no me dejan descansar.

- No se preocupe Serena. Pronto los apagaremos. Ahora, vuelva a su cuarto.
Sigo en mi habitación. Algo preocupada, ya que no sé como regresar a mi presente.

Ya he vivido y no me he dado cuenta de casi nada.
Estoy cansada y encerrada en la torre.

Necesito ayuda del cocinero o de la anciana del pasado…
No sé como, pero tengo que regresar.

Hasta luego. votar

7/7/10

“Presente…, Pasado…, Futuro…”


- Hay condiciones que ocurren pocas veces en el día, y tienes que poder verlas… - Así, comenzó Valentín sus explicaciones, de cómo regresar al pasado cuando yo lo deseara – Es fácil si aprendes a intuir su presencia – Prosiguió.


Estuvimos sentados juntos, alrededor de una mesa del comedor de las sillas “mágicas”.
Por más de dos horas, me explico y yo le pregunté acerca de aquello.

- Pero entonces – Le dije – si es tan sencillo, ¿por qué no todo el mundo en la torre lo hace?

El cocinero asintió con la cabeza:

- Es una buena pregunta, Serena… - Su expresión cambió – Hay otras personas en la torre, con la capacidad de ver las señales para ir al pasado (y al futuro, dijo de modo más bajo), pero…

- ¿Al futuro? – Le interrumpí.

Valentín me miró largamente, y casi murmurando, me dijo:

- No puedo hablarte de eso aquí… Pero te diré lo que Lorenzo dice en sus clases: El pasado, presente y futuro están en una misma línea. Todo lo que ocurre, pasa a la vez en los tres momentos… en esta habitación hay una sala de estudio en otro período, y hay estudiantes por todos lados…

- ¡Lorenzo! Has hablado de él en presente… ¿acaso está el maestro en el pasado? - Dije entusiasmada.

- Chis… calla Serena. No grites. Hablaremos de eso en otra ocasión. Ahora déjame que te cuente como ver las señales…

- De acuerdo – Balbuceé – Pero, dime Valentín… ¿Quién en la torre es capaz de viajar al pasado (y al futuro, dije de manera casi inaudible)?

- Pues el maestro Jeno es uno de ellos. Él sabe que estoy hablando contigo ahora. Pero otros maestros y estudiantes, aunque conocen las señales… prefieren no moverse de su presente…

- ¿Por qué? – Dije extrañada.

- Pues porque hay una especie de miedo colectivo… es como un mal presagio… muchos creen que si viajamos al pasado o al futuro, algo cambiaremos… y eso (dicen), no es bueno para nadie.
Convencida de que las últimas palabras del cocinero, no podían ser del todo ciertas, pregunté:

- Pero los cambios, si se pueden producir, son buenos, ¿no? Por lo menos, eso era lo que el viejo maestro Lorenzo enseñaba en sus clases…

- Sí, así es. Pero hay mucho miedo al fin de los días.

Con los ojos muy abiertos y con el recuerdo de mis ancianos padres, dije:

- No puede ser, que en un lugar tan avanzado como la torre, aún se tengan supersticiones como en mi aldea…

Indignada, le di un sorbo a mi taza de té.

- Pues lo es, Serena. Por eso es tan importante que seas capaz de regresar al pasado por ti misma. Allí, hay una generación de sabios que están haciendo todo lo posible para que el pasado y el futuro, se cojan de la mano…

- La anciana… el maestro Jeno… - Apuntillé.

- Sí. Además de algún estudiante de otra época, y de algún personal de la torre, como yo, que viven en el futuro …

- ¡Lo sabía! – Exclamé – Tú no pareces de esta torre. Casi nunca te veo cuando lo deseo y en el pasado, apenas coincidimos…

- Así es Serena. Pero tenemos que dejarlo por ahora. Nos reuniremos aquí dentro de una semana y tres días. Mientas tanto, necesito que aprendas a descubrir las señales por ti misma… es muy importante.

- De acuerdo – Le respondí – No te preocupes. Lo haré.


Por ahora no he conseguido volver al pasado, pero creo que una de las señales, fue aquel día que se repitió. Algo se unió para que ocurriera.

Sé que estoy muy cerca de regresar por mi misma…

Hasta pronto. votar