12/1/11

“Como Un Balancín”

Jeno se asomó, muy sonriente, por la puerta de mi dormitorio:

- Os he estado buscando como loco – Dijo sin apenas expresión – No sé ni cuantos días llevo haciéndolo…

- Jeno – Dije – Nos vimos ayer, ¿no lo recuerdas?

- ¿Ayer? – Preguntó el joven y olvidadizo maestro – No. No recuerdo nada de ayer. Tan solo sé que te he estado buscando hasta en mis sueños…

- Eso fue así amigo – Le respondí tranquila, al darme cuenta de que ya no era el chico del día anterior – Pero ayer nos vimos y tú no parecías tú mismo…

Jeno me miró con sorpresa.

- No tengo memoria de nada, Serena. Nada de nada. Estos últimos días han sido como un sueño o como una pesadilla.

- Tal vez lo que crees que eran sueños, no lo eran. Dime, ¿Qué recuerdas?

Jeno se acercó a mi cama y se quedó inmóvil durante un rato, mirando por la ventana, ensimismado:

- Mis sueños han sido raros. Yo mismo estaba en ellos. Y vivía como Jeno, pero…

- ¿Te acuerdas de haberme visto en tus sueños? – Pregunté confiada en que la respuestas fuera afirmativa.

- No – Respondió.

Me quedé perpleja.

- Y entonces, ¿qué hay en tu cabeza?

- Sombras. Tan solo sombras. Mi pasado se ha mezclado con el presente y con el futuro. Ya no sé quién soy, ni por qué estoy aquí.

- ¡Jeno! – Gritó fuertemente Valentín desde el patio – ¿Ya te has encontrado? Voy para allá ahora mismo. Esperadme ahí.

Jeno dio un respingo y puso cara de interrogación.

- Ya – Me adelanté – Quieres saber que significa lo que ha dicho el cocinero, ¿no?

- No… ¿Desde cuándo Valentín es tan pequeño?

Jeno no dejaba de mirar por la ventana con cansancio.

- Valentín siempre ha sido un hombre grande, amigo – Le dije con paciencia – Acaso, ¿no has visto al verdadero Valentín?

El cocinero llegó rápido al dormitorio:

- Ya estamos los tres de nuevo juntos… Por favor, dime que es Jeno, dime que es Jeno – Valentín me miraba, mordiéndose el labio inferior muy nervioso.

Miré al cocinero, que para mí, aún tenía su aspecto de siempre:

- Ya no lo tengo claro – Le respondí – Hasta que tú pasaste por debajo de la ventana, todo parecía ir bien.

- ¿Y ya no? – Dijo alegre el cocinero.

- Díselo tú Jeno… dile lo que has visto… o lo que aún ves.

Jeno tocó el brazo de Valentín con cautela.

- ¿Eres realmente tú? – Le preguntó el maestro con voz de niño – No te reconozco. No te veo como te recuerdo.

La primera reacción del cocinero fue curiosa. Se puso muy serio y apartó la mano del joven maestro de su brazo:

- ¡Soy yo! – Sonrió perturbado el cocinero - ¡Tú amigo Valentín, con ganas de que te pongas bien!

- No lo creo – Murmuró Jeno.

Yo seguía viendo al mismo Valentín de siempre. Eso estaba claro. Pero… ¿acaso Jeno tenía un problema para ver la realidad?

- Amigo – Le dije a Valentín – No te preocupes. Jeno ha venido diciendo que no se acuerda de nada de lo ocurrido desde hace varios días. Tampoco recuerda lo de ayer.

Valentín agachó la cabeza y puso una excusa para irse.

- Ya lo sé amiga – Dijo – No pasa nada. Pero he quedado con los chicos del patio en dos minutos. Nos vemos a la hora de comer. Jeno – Le dijo al maestro, dirigiéndose a él – Por favor, no te pierdas. Te necesitamos.

Cuando el cocinero se fue, Jeno se abrazó a mí con ganas:

- No le dejes que se acerque más a nosotros – Expresó con miedo – No me gusta. No es la persona que yo recuerdo.

Estoy mareada por los acontecimientos. Mis amigos parecen estar jugando a algún juego, en el que yo solo soy el balancín… Valentín no me habla desde esa mañana… a pesar de que nos vemos a menudo por los pasillos y en el comedor. Y Jeno… bueno, Jeno sigue en su mundo. Parece que a veces se despierta, pero la mayoría del tiempo está absorto.

Quiero volver a casa. Necesito regresar a casa…

Hasta pronto. votar

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