19/1/11

“La Cena”

He dejado de hablar con Jeno y con Valentín.

Desde hace dos noches ya no les veo como les veía.

Jeno es un hombre más mayor, con canas en el pelo y expresión cansada.

Valentín, es un chico delgado y alto, con voz suave.

Los evito y evito hablar con ellos, pero ayer el cocinero me abordó en el comedor:

- ¿Qué te pasa Serena? ¿Por qué no hablas conmigo?

“Extraño” – pensé – “Una pregunta muy curiosa, viniendo de alguien que me ha hecho el vacío durante días…”.

- No es por nada – Contesté intentando ofrecerle una actitud calmada.

- Ya… Y por eso, no me miras ni a la cara cuando me hablas – La voz sonora del cocinero, a la que estaba acostumbrada, pareció salir de su boca- Estoy muy enfadado y preocupado Serena – Dijo Valentín.

- No pasa nada – Respondí sin ganas – No te preocupes.

Después de aquello me fui corriendo.

Esta mañana he visto a Jeno. Estaba con el Maestro Lorenzo en clase. Los dos se han quedado mirándome, cuándo he pasado por la ventana de la sala en la que estaban.

- Serena es un ejemplo a no seguir – He creído escuchar que le decía el Maestro a sus alumnos – Es alguien sin motivaciones, sin ideales. Alguien lleno de penas y recuerdos olvidados.

- No puedo más – He susurrado con la voz rota – Tengo que salir de aquí, ya.

Sin pararme a pensar, he ido hacía una de las salas blancas y me he quedado allí durante horas… pensando.

Una de las ideas que he tenido ha sido provechosa: Acompañar a Jeno y a Valentín en la cena.

“Los dos son de nuevo amigos” – he pensado – “Si estamos los tres juntos, tal vez todo vuelva a ser como era antes”.

La cena esta noche ha sido muy pronto:

- Hay que irse pronto a la cama – Han dicho algunos estudiantes – Las horas se están haciendo cada vez más largas y el cansancio llega antes. Tenemos que tener cuidado en que no pase lo del pasado…

Intrigada ante las palabras, he intentado averiguar más:

- ¿Qué pasa esta noche? – He preguntado a uno de los chicos del patio.

- Nada – Me ha respondido desganado – Muchos en la torre creen en tonterías. Piensan que si nos dormimos temprano, las horas se harán cada vez más cortas… Una estupidez por cierto. Las horas no cambian nunca.

- Y entonces… ¿por qué dicen que pasó en el pasado?

El chico del patio dejó de mirarme y se concentró en la música de sus auriculares.

- Vale – Dije en voz muy alta – Lo he entendido. No quieres que te molesten.

No he podido averiguar nada más, pero por lo menos he llegado a buena hora para cenar con el cocinero y el maestro.

Cuando me han visto, se han hecho los despistados.

- Hola – Les he dicho - ¿Puedo sentarme con vosotros?

- Hola Serena – Me ha respondido el cocinero con su voz suave – No te habíamos visto. Siéntate por favor.

Valentín me ha hecho un lado, pero Jeno ha ladeado la cara, con expresión de hastío.

- Creo que tenemos que volver a estar juntos, ¿no os parece? – He preguntado con inocencia.

- No lo creo Serena – Ha dicho el maestro – Ya no eres un ejemplo a seguir. Ya no eres la Serena que conocíamos. Tu cara, tus manos, tu cuerpo… tu voz…

- ¿Qué le pasa a mi voz?

- Eres la que nunca se atrevió a avanzar para llegar al futuro y ayudarnos a todos – Comentó Valentín sin respirar.

- ¿Cómo?

- Lo que has oído Serena – Dijo Jeno – Ya no eres la que fuiste. Ya no eres la joven con ilusiones e iniciativas. Ya no eres nuestra salvación. Ha pasado demasiado tiempo y ya no creemos en ti.

- No puedo ser – Dije para mis adentros – Estas dos personas se han vuelto locas.

- Sé que estás pensando que estamos locos… - Dijo el cocinero – Pero ¿te has visto a ti misma? ¿Hace cuánto que no te miras en el espejo? ¿Un mes? ¿Un año?

- No… - Respondí – No llevo tanto tiempo en esta época. Sigo siendo Serena…

- Si te miras al espejo, comprenderás… - Apuntilló el maestro.

He regresado de la cena con el corazón en un puño. Con muchas ganas de llorar y también con mucho miedo. No quiero mirarme al espejo. No sé lo que me voy a encontrar en él. ¿Y si tienen razón? ¿Y si la que está loca, soy yo?

Lo veré mañana.

Hoy tan solo quiero descansar.

Hasta luego. votar

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