9/3/11

“El Monte de los Espárragos”

Después de los acontecimientos en la pequeña torre, fui a hablar con el Maestro Lorenzo. Quería hacerlo desde hace muchos días, pero entre unas cosas y otras, lo había dejado relegado.
- Serena – Dijo el viejo Maestro – Que bien que hayas venido. Ven siéntate. Tengo que enseñarte algo…

Hice caso a sus palabras y a sus gestos, y me alargó un manuscrito.

“El Monte de los Espárragos”, leí.

- ¿Qué es esto? – Pregunté sin ganas y pensando que no tenía tiempo para saberlo.

- Como ves – Comenzó Lorenzo – Es un manuscrito muy antiguo. Tal vez venga del pasado más remoto. Pues bien…

- ¿Sí? – Pregunté.

- Hay algo muy familiar dentro de él. Algún antepasado tuyo lo tuvo que escribir… tal vez tú misma.

Hojeé las palabras del escrito sin mucha convicción.

- No lo creo Maestro… Es una narración que no tiene sentido para mí…

- Lo sé – Contestó Lorenzo – Pero creo que tiene que ver contigo y con tus padres…

- Maestro –Dije mirándole a los ojos fijamente – Por eso he venido a verte. Anoche escuché a mis ancianos padres… estaban en la pequeña torre y…

Lorenzo me interrumpió deprisa:

- No hace falta que sigas, Serena – Dijo cauteloso – Las experiencias en la pequeña torre, son personales. No quiero saber nada…

- Pero Maestro – Me quejé – Tengo que contártelo… es importante. Al menos para mí…

- No, Serena – Respondió categórico el anciano – No quiero saberlo.

Angustiada ante la soledad de mis conocimientos, miré al suelo contrariada.

- Venga Serena – Continuó el Maestro – La pequeña torre es el sitio de encuentro con la otra dimensión… como te he dicho… es personal.

- Pero…

- No, Serena. Tendrás que buscar otro modo de…

El ruido que hizo el manuscrito que tenía en las manos al caer, cortó la frase del Maestro, que con alguna dificultad, se agachó para recogerlo.

- Tienes que tranquilizarte – Comentó Lorenzo, mientras buscaba algo en el interior del escrito – Mira.

Al hacerlo, vi un dibujo de un monte lleno de espárragos. Al lado, una acogedora casa, protagonizaba la escena, junto con un hombre anciano.

- Ese hombre… es antepasado tuyo – Dijo el Maestro moviendo la cabeza- La historia que cuenta la reconozco… la sabiduría popular de los pueblos, la han contado de generaciones a generaciones…

- No lo entiendo – Intervine.

- Lo sé Serena – Respondió el sabio – Por eso, quiero que te lleves el libro a tu habitación y que lo leas. Es posible, que entonces, lo comprendas…

- Vale – Dije tímidamente – Pero Maestro… – Quise continuar.

- Serena… No quiero saber nada más… lee el escrito y ven a verme en unos días.

Sin más, el anciano se dispuso a salir de la sala.

- Maestro – Grité – Los antepasados de la posada tenían tierras. Eso lo sé… pero…

Lorenzo se giró antes de salir por la puerta:

- No. No me refiero a tus padres de la posada… Sino a tus verdaderos antepasados. A los de tus vidas pasadas… cuando lo leas creo que lo comprenderás… Ven a verme.

Con aquellas palabras lapidarias, el Maestro se alejó.

Una voz en mi interior, apareció de repente:

- Tu pasado es tu pasado. ¿Quién habla de tu vida actual? Todos hemos tenido infinitas vidas pasadas. Y este momento es solo una gota en un gran océano…

Las palabras tenían sentido. No sabía de donde provenían… todavía no lo sé. Es como si supiera más de lo que creo… como si alguien más, habitará en mí…

Todo esto es muy raro.

Hasta luego. votar

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