20/4/11

“La Escapada”



Hemos conseguido escapar del futuro…

Valentín, el Maestro Lorenzo, Jeno, Pablo y yo, por fin estamos en el pasado.

Todos nos reunimos la otra noche, en la habitación del anciano Maestro:

- Desde que llegasteis dudé de todos – Explicó Lorenzo.

- ¿Cuándo te diste cuenta de…? – Quise preguntarle al Maestro, acerca de las malas artes de los chicos del patio, cuando el cocinero me interrumpió:

- Silencio… Creo que vienen. Tenemos que darnos prisa.

Sin más palabras, Valentín, Lorenzo y Pablo, se cogieron de las manos y comenzaron a mirarse entre ellos.

- Vamos Serena – Gritó el chico – Dame la mano.

Aturdida ante la extraña situación, alargué mi mano a Jeno:

- Es el momento de regresar… - Dije, mientras el joven maestro, me cogía con fuerza y me miraba fijamente.

- Yo no sé si quiero ir – Respondió Jeno.

Todos se quedaron atónitos ante sus palabras:

- ¿Jeno? – Preguntó el cocinero a su amigo - ¿Qué te ocurre?

Jeno agachó la cabeza y susurró:

- Tal vez los chicos del patio tengan razón…

El viejo Maestro se soltó del círculo, y se puso delante de Jeno. Con una leve sonrisa, abrazó a Jeno, y éste se desvaneció, cayendo al suelo:

- ¿Qué ocurre? – Pregunté angustiada - ¿Qué le pasa?

- Serena – Dijo Lorenzo calmadamente – Jeno te necesita. Ahora tienes que ayudarlo tú a él, ya que estáis unidos desde hace muchas vidas, y parece que el joven maestro, se está perdiendo en las dudas…

Jeno yacía en el suelo con los ojos cerrados.

Me aproximé a él y le acaricié la frente:

- Vamos amigo – Pude verbalizar – Ha llegado el momento. Pronto estaremos de regreso a casa.

Jeno reaccionó y recuperó la conciencia. Me cogió de la mano, sin intenciones de soltarse por mucho tiempo.

- Han sido días muy difíciles – Reconoció más tarde – He andado perdido y sin esperanzas… Gracias por tu ayuda.

Aún en el futuro, Valentín me aconsejó:

- No le pierdas de vista. Me preocupa.

Asentí con cautela, e intenté proteger desde ese momento al joven y sabio maestro.

Allí estábamos todavía los cinco, cogiéndonos de las manos y mirándonos a los ojos. Fuera una gran luz, inundó todo el patio. El ruido dejó de escucharse. El vació nos envolvió.

- No penséis en nada – Gritó el viejo Maestro – Los chicos del patio, aún pueden localizarnos.

Como otras veces, perdí el cocimiento irremediablemente. El calor inundó mi cuerpo y la luz se acompañó de un fuerte golpe.

Cuando he abierto los ojos, ya estaba en mi habitación de la torre. Jeno, seguía cogiéndome de la mano, descansando como un niño, a mi lado.

Sé que hemos regresado porque esta mañana, ha venido mi querida amiga Jota:

- Te hemos echado de menos – Me ha dicho feliz – No os volváis a ir. Están pasando muchas cosas y os necesitamos…

Espero descubrir que ocurrió con mis padres y mi aldea… Pero eso será mañana. Ahora toca descansar.

Hasta pronto. votar

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