18/5/11

“Los Sueños de los Elegidos”

Estos días, me están recordando mucho a mi viaje de ida a la torre…

Sin embargo hay varios cambios.

Cuando salí de mi aldea, no era más que una niña sin experiencia. No conocía mucho de lo que sé ahora y todo era nuevo en el camino.

Hoy me siento distinta.

El Maestro Lorenzo llevaba razón cuando me dijo, que yo también había cambiado, y no solo mi amiga Mariana.

Todos los que estamos de camino a la aldea, somos diferentes.


Mi primo Josué camina el primero, mirando al suelo con cada paso que da.

Estrella y Jota, parecen dos gotas de agua. Ríen y animan sin descanso.

Jeno está contento y fuerte. Suele caminar al lado de Josué o junto a mí, mientras narra sus aventuras.

Yo suelo ir la última. Me gusta observarlos a todos. Y siento que protejo al grupo.


Jeno me contó su sueño. Bueno, fueron varios los sueños, que lo animaron a viajar a mi pueblo.

- Era un día nublado y caluroso – Comenzó mi amigo – Tenía miedo de no llegar a tiempo. Todos en la aldea, esperaban al mago venido de otro mundo.

- En mi ciudadela no creen en la magia – Interrumpí - ¿No sería otro lugar?

Jeno me miró y gesticuló para que callara.

- Era un día muy pesado – Continuó, como si estuviera interpretando un cuento – El cielo parecía caerse sobre las cabezas. Todos los presagios eran malos… Nadie en el campamento de restos, creía que sería yo el elegido.

- ¿El campamento de restos? – Pregunté.

- Si – Prosiguió – Estaba Mariana de pie, delante de una de las excavaciones, señalando algo… Una especie de libreta con imágenes de todos nosotros.

- ¿Nosotros? – No pude evitar volver a interrumpir al paciente maestro - ¿Te refieres a…?

- Sí – Volvió a hablar Jeno con paciencia – Estábamos todos. Jota, Estrella, Josué, tú y yo. Parecía que íbamos a alguna parte. Se nos veía felices y con las mochilas llenas…

Abrí la boca para seguir preguntando, pero el joven maestro, continuó:

- Mariana me preguntó: “¿de verdad que no deseas ir?”. Mi respuesta fue alta y clara: “¡Claro que quiero ir! Necesitamos respuestas. Necesito verlo con mis propios ojos”.

- Que sueño más raro – Murmuré.

- Cuando desperté, se lo conté a Lorenzo – Continuó Jeno, que hizo oídos sordos a mi comentario – Y me dio una explicación muy convincente: “Jeno… me estás contando algo que ya sabía”, me dijo, “Has venido a pedirme que quieres ir a la aldea y yo te digo que sí”.

- Un momento – Intervine - ¿Qué llevábamos en las mochilas?... Y lo más importante… ¿Por qué el Maestro sabía lo que le ibas a decir?

- Parece mentira que conozcas a Lorenzo. Ese hombre es sabio. Creo que todas las noches, tiene sueños premonitorios. Ese día también tuvo uno. Y me vio a mi mismo, contarle mi sueño.

- Vale – Le dije – Entonces, todo este trayecto hacía mi casa, en realidad va a salir bien, ¿no? Estábamos contentos en las imágenes de tu sueño…

- No lo sé Serena – Me respondió – Yo no tengo sueños premonitorios. Tan solo soñé con vosotros y…

- Claro que fue un sueño de ese tipo – Dijo Jota acercándose a nosotros.

- Siempre tan pendiente de todo – Le dije con retintín - ¿Cuánto llevas escuchando?

- Todo el tiempo – Confesó – Y lo mejor de todo, es que yo también soñé algo parecido…

- Y yo – Dijo Estrella que apareció como de la nada – Y creo que Josué también.

- No puede ser – Concluí – Yo no he soñado nada. ¿Por qué soy la única que no lo ha hecho?

Lancé mi pregunta al aire, pero no obtuve respuestas.

A pesar de que estamos fuertes y llenos de energía, aún nos cuesta adaptarnos a las noches a la intemperie. Algunas son muy calurosas y no nos dejan casi respirar.

Estoy deseando que lleguemos cerca de las montañas de mi aldea.

Hasta luego. votar

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