22/6/11

“El Inicio”

Dejamos a los viajeros del Este, en la cueva donde encontramos los manuscritos.

Nos contaron que llevaban tiempo buscándola, sin éxito y que, saber que nosotros conocíamos de su existencia, les hizo retomar las esperanzas perdidas.

Así, que nos acompañaron, cambiando el sentido de su marcha.

“Serena – Me trasmitió el líder del pequeño grupo, de madrugada – Esa cueva es mágica para nosotros. Allí, comenzó todo”.

No tuve necesidad, ni siquiera, de pensar en mi pregunta.

“Los antepasados – continuó – Creían en la unidad. No entendemos cómo sabían tantas cosas, pero las conocían bien”.

Aquella “conversación” estaba comenzando a tener demasiadas incógnitas para mí.

Josué, que estaba de pie cerca, se unió a nosotros, sentándose a mi lado:

“En los inicios todo parecía fácil – Intervino – Esas personas llegaron a tener un conocimiento impensable para seres de su época”.

“¿Y cómo?” – Pregunté entrecerrando los ojos, cegados por el sol, que ya estaba comenzando a despertar.

“No lo sabemos – Dijo el chico del Este – Pensamos que consiguieron encontrar ciertos manuscritos con claves para su desarrollo”.

“¡Es eso lo que buscáis, claro! – Asentí - ¿Me equivoco?”

“No. No te equivocas – Continuó el chico alto – Necesitamos conocer el inicio de sus conocimientos. Creemos que solo así, sabremos por qué los perdimos después”.

Perder aquellos altos conocimientos, aquella sabiduría, nos hizo retroceder sin remedio, sobre nuestros pasos.
En la torre, estudiamos esa parte de la historia, como una gran interrogación, repleta de dudas y escepticismo.

- No creáis nada de lo que os cuenten. Tenéis que vivirlo por vosotros mismos – Nos decía la anciana maestra de Historia Remota – Esta materia no es para estudiarla… – Hacía un largo silencio - Es para vivirla y experimentarla.

“Nosotros nos llevamos varios escritos de la cueva – Le dijo Josué al chico – Pero no vimos ninguno que se pareciera a los que buscáis”.

“Lo sé – Respondió – No creo que fueran esos los manuscritos ¿Dices que estaban en un lugar escondido?”.
Josué movió la cabeza en signo afirmativo.

“Pues entonces no eran” – Cerró categórico.

Más tarde supe, que lo que ellos buscaban, formaba parte de las rocas, de la tierra y de las plantas del lugar.

- Buscan conocimientos enterrados en la cueva por siglos. Tienen la capacidad de “leer” lo que parece “inerte” – Me explicó mi primo – Ponen sus manos en las rocas, en el agua que cae en la cueva, escuchan el silencio y la oscuridad y les trasmiten la sabiduría atrapada en los sitios.

- Parece poco creíble – Dije a Josué - ¿Volveremos a verlos?

- Sí – Me respondió veloz mi primo – He quedado en la misma cueva con ellos, en pocos días… si todo nos va bien en el Norte.

Me alegra haber conocido a personas tan especiales.

Ojalá volvamos de verdad a verlos.

Hasta pronto.
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