13/7/11

“El Hombre De La Capa”





- Yo conocí a tu verdadero padre – Me dijo Roberto, el hombre alto de la capa – Era algo huraño, pero sabía bien lo que se hacía.

Comenzamos la conversación por la tarde, en la posada de mis queridos padres, y se extendió hasta altas horas de la madrugada.

- No entendía como alguien tan capaz, era tan insensato de dejar abandonada a su propia hija.

¿Mi padre capaz? No era la historia que yo conocía de él. Se lo dije:

- Era una persona miedosa y llena de ideas preconcebidas… Eso es lo que yo conozco.

- No era así para nada, Serena – Me dijo Roberto – Antes de que decidiera dejarte en la posada, tu padre era una persona muy aceptable – Concluyó, mientras torcía la boca.

Desde que nos encontramos con ese hombre, las cosas en la aldea, creo que han ido a mejor, a pesar de algunos detalles de mis dos amigas, algo preocupantes.

Hemos visto a más habitantes de la ciudadela, que salían de sus casas, con algo de recato.

- No pasa nada – Decía Roberto – Todo ha pasado ya, amigos. Ellos – Nos señalaba – Han regresado y ahora todo estará bien.

- No lo comprendo – Le decía Estrella con la actitud firme – No tiene ningún sentido lo que dices.

El hombre se reía sin descanso, sin responder a la perdida Estrella.

Roberto, ríe a carcajadas. Desde que los vimos la primera vez, no para de sonreír y de reírse con ganas. Su rostro lleno de arrugas en las comisuras de los labios y en los ojos, denotan que la risa forma parte de él desde siempre.

Sin embargo a Estrella eso no le gusta.

- No tiene gracia. Nada de gracia. Que hombre más extraño… - Me dice cuando hablamos de él – Pero claro, que te voy a decir a ti, si estás todo el día pegada a sus pantalones…

Estrella ha cambiado. Y también Jota. Ésta sigue como en un mundo de fantasía. Continúa creyendo que Roberto es alguien malo y deseoso de venganza:

- Los maestros son sus cómplices – Dice sin remordimientos – Creo que es hora de que nos vayamos las tres de la aldea, Serena…

Este viaje está resultando algo curioso.

Al principio no sabíamos bien lo que pasaba en el Norte.

La destrucción era total, decían.

Una vez aquí, observamos que la desolación de la aldea es silenciosa.

Parece un pueblo abandonado y de la noche a la mañana, comienzan a salir personas de sus casas, con el rostro algo desencajado y sin muchas ganas de hablar.

- Mis padres ayudaron a los desconocidos… nos ayudaron a nosotros… - Susurré cerca de Jeno.

- Serena – Me respondió con su calma habitual – Tus padres han cumplido con su labor. Ellos sabían lo que tenían que hacer, desde que te aceptaron en su posada.

- ¿Y mi verdadero padre? Roberto dice que era muy listo y para nada insensato… ¿Qué le llevó a abandonarme? Creía que había sido por culpa de la magia y sus ideas extremistas.

- Tal vez lo sepa Roberto… - Me dijo mi amigo – Me ha comentado que conoció a tu padre. Dice que creció con él…

Le miré con dudas.

- Eso no lo sabía – Respondí en murmullos – La otra noche no me lo dijo… Acabamos de madrugada y tuvimos muchas horas para hablar... – Dije decepcionada.

- Te lo dirá, Serena – Me tranquilizó Jeno – Roberto nos va a ayudar a cada uno de nosotros. Estoy convencido de ello.

Con aquellas palabras misteriosas, Jeno se fue a buscar frutos junto a mi primo.

- Recuerda amiga – Me dijo desde la lejanía – Los desconocidos traen la dicha al pueblo. Nosotros somos mágicos.

Sigo desconcertada por los acontecimientos.

Parece como si todos mis amigos, se estuvieran volviendo algo locos. Cada uno a su manera, eso sí.

¿Estaré yo igual de ida que ellos?

Voy a buscar a Roberto.

Necesito saber más.

Besos para todos. votar

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