- Yo sé que tú eres alguien muy especial – Me dijo mi
verdadero padre – Te conozco desde hace mucho…
No quise escucharle…
Ya nos hemos ido de la cueva y yo sigo teniendo sueños
reales sin descanso.
Jeno sigue a mi lado. Sin preguntas y sin apenas hablar.
- No te preocupes Serena… si no quieres saber nada de ese
hombre, no importa. Tienes que estar tranquila. Todo ocurrirá según lo
previsto.
Tan misterioso como casi siempre, mi amigo me dejó una hora
sola, para que pudiera pensar.
Al cabo de ese rato, mi primo se acercó a mí:
- Serena… Tu padre me ha dado esto – Me enseñó una hoja
arrugada en su mano – Yo le he dicho que no quería saber nada, pero ha
insistido…
Me entregó la carta.
- Me ha dicho que él no la ha escrito, que cuando se
despertó la otra noche la tenía al lado… - Dijo Josué con cara de no entender.
- De acuerdo primo – Le respondí – La leeré… no pasa nada.
Dice que no la ha escrito él… ya todos sabemos que ese
hombre es sonámbulo y que es capaz de hacer muchas cosas mientras duerme… los
discursos que dio en la cueva, lejos de esclarecer las dudas de quién es esa
persona, las han acentuado.
- Somos seres sin grandes ideas – Gritaba el anciano con los
ojos cerrados – Volvamos a vivir sin prisas y sin miedos… el pasado lo merece.
Sin muchas ganas, me senté al lado de un frondoso árbol y
comencé el relato:
“La historia se centra en mí. En mis dudas y en mis
aciertos. Siempre que miro atrás, compruebo con desanimo como todo lo que ha
ocurrido, parecía inevitable que así pasara.
Mis años ya de investigaciones, lo confirman. Somos seres
llenos de energía que no pararemos hasta que la hayamos destruido por completo…
Las personas que nos creen y que confían en nosotros, corren
serios peligros de ser encarcelados y perseguidos de por vida. Tanto ellos como
sus familiares…
Si todo fuera sencillo… si de verdad hubiéramos encontrado
la clave de la felicidad y de la dicha…
Pero no. Aquí seguimos llenos de miedos. Las gentes de
algunas aldeas, no hacen más que decir que el fin del mundo se acerca. Y es
cierto. Así es. Las personas sabias y llenas de miedo se unen en este sentido.
Somos seres llenos de energía destinados a apagarse sin
remedio. Los días están contados… ni siquiera las profecías nos dan consuelo… nada
puede ser peor… nada es peor…
Las alegrías del nacimiento de maestros, me llegan desde los
puntos más remotos.
Parece que algunas culturas están abiertas a la esperanza…
otros sin embargo…
Mis antecesores comprenderán lo que digo si me quieren
escuchar. He de regresar al pasado… solo así me entenderán, solo así sabrán que
lo que digo es cierto…
Hay una esperanza. Algo que nos mueve a todos a sobrevivir.
Somos tan especiales, que ni siquiera nos damos cuenta de ello…
Sé que no todos querrán escuchar. Y sé que volveré a ser
perseguido… pero las horas
pasan y llegan tiempos de necesidad. Es el momento
adecuado de hacerlo… no queda más remedio”.
Dejé de leer. Las palabras se juntaban en aquel texto, pero
no había lógica en ellas. Si mi padre había escrito eso, hablaba de ir al
pasado… y aquel hombre tenía miedo de todo lo relacionado con los viajes en el
tiempo y el espacio. O eso creía.
Esta noche voy a hablar con ese hombre que parece loco. Voy
a acercarme con cuidado.
Hasta luego.
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