He ido al encuentro con mi verdadero padre.
Me he topado con un hombre anciano, lleno de miedos y de
dudas.
- El tiempo y el espacio no se han roto – Me dijo nada más
verme – Los astros tenían razón… estás hecha toda una mujer.
Ante aquellas primeras palabras, tomé precauciones y apenas
le abracé:
- ¿Los astros? – Pregunté.
- Si hija querida. Y las cartas… todo estaba predestinado a
que pasara.
La cara de ese hombre desconocido, se iba desencajando por
momentos.
- ¿No sabes nada de lo que te digo? – Preguntó con un hilo
de voz.
- Claro – Respondí - Lo enseñan en la torre… todos
aprendemos de todo… también la historia de las artes adivinatorias y como
ponerlas en práctica.
Josué, al que había pedido encarecidamente que me acompañara
al encuentro, me tocó el brazo:
- Serena tiene muchas preguntas – Dijo dirigiéndose a mi
padre – Ella no está muy convencida, de que realmente seas quien dices ser…
Los ojos de aquel hombre se abrieron, llenando su expresión
de terror:
- Soy quien digo ser – Afirmó – Y no entiendo porque has
tenido que venir acompañada Serena – Me dijo mirándome fijamente a los ojos.
No hablé casi nada durante todo el encuentro.
La idea que tenía de esa persona, parecía afianzarse con
cada segundo que pasaba.
- Los dueños de la posada… - Comenzó a hablar.
- Mis padres – Apuntillé.
- Sí, tus padres… - Dijo el hombre de la voz cansada – Nunca
me dejaron ir a verte. Contactaba con ellos todas las semanas, a través de
cartas. Y eso, que no era lo convenido…
- No es verdad – Dije – Ellos eran buenas personas. Nunca habrían
hecho algo así.
- Créeme hija, es cierto – Respondió titubeante.
- No voy a confiar en ti – Le espeté seria – Mis ancianos
padres ya no están para defenderse… y yo confío en ellos.
Josué me vio tan alterada, que decidió acercarse a mi
verdadero padre y susurrar algunas palabras cerca de su oído.
- Ya está Serena – Me dijo mi primo cuando acabó de hablar
con el desconocido – Nos vamos. Esta mañana he hablado con Jeno y ha llegado el
momento de volver a la torre. No tenemos tiempo de nada más.
Es cierto que yo había pedido a Josué que viniera conmigo al
encuentro. También es verdad, que le dije que si me ponía muy nerviosa, hiciera
cualquiera cosa para poder irnos, pero… aquel modo de cortar la conversación…
aún no sabía todo lo que necesitaba… así que reaccioné mal:
- No tienes que protegerme primo. Este hombre tiene mucho
que explicar – Indiqué casi gritando – Yo no me voy del Norte hasta que no me
diga porque me abandonó.
Ambos se me quedaron mirando, sin abrir la boca.
- Vale. Lo sé… no estoy siendo coherente ni estoy serena –
Dije – Pero esta situación va más allá de lo que puedo afrontar.
Josué hizo un gesto afirmativo y me dio la mano.
- De acuerdo Serena – Me tranquilizo – No nos iremos a la
torre hasta que tengas todo esto resuelto… pero ahora… no es el momento. Nos vamos
a la aldea.
Sin mucho rechistar seguí a mi primo, no sin antes, quedar
con mi verdadero padre para otra ocasión.
Hay algo en el ambiente que nos está perjudicando a todos
los de la torre.
Jota y Estrella siguen en sus trece. Los maestros no hacen
caso. Pero yo creo que llevan razón. Tenemos que irnos pronto. El aire de esta
aldea, sigue “contaminado”…
Mañana iré de nuevo a ver a ese hombre que afirma ser mi
padre.
Necesito respuestas. Necesito volver al inicio de todo.
Os seguiré contando.
Hasta luego.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada