Ha pasado tanto tiempo… y sin embargo, es como si el reloj
no se hubiera movido.
Todos los recuerdos vagos que guardaba en mi mente, están
saliendo casi sin esfuerzo.
Mi verdadero padre dice que hay fanáticos en todos lados:
- Nos quieren hacer mal, hija – Me dijo con un soplo de aire
– Son ratas que viven para hacer sufrir a otros como yo.
Le miré e hice un gesto de incredulidad:
- ¿Quién eres tú? ¿Cuántos hay como tú?
Con la expresión de alguien que tiene muchas ganas de
hablar, comenzó:
- Soy un perseguido, Serena… Un tramposo que no sabe como
pedir perdón.
Su mirada era clara y llena de sabiduría. Algo que hasta ese
momento, no había visto en él.
- ¿A quién? – Pregunté convencida de que la respuesta sería:
A ti, hija… ¿A quién más sino?
- A todos los de la
torre, a todo el sur, a todo el norte, a todo el este, a todo el oeste… - Tragó
saliva – A todos los del pasado, a todos los del fututo, a todos los que una
vez confiaron en mí…
- Te perseguían… ¿Eras un fugitivo? – Quise saber, sin apenas
haber prestado atención a lo que acababa de decir.
- Mírate hija… eres una chispa de vida, una magia en el
universo de la desesperación… todo gira en torno a ti…
No quise mirarlo en todo el encuentro. Esta vez, fui sola.
Josué pensó que sería la mejor de las opciones:
- Él no quiere verme… yo tampoco a él… - Me confesó serio mi
primo – Es un hombre aciago, lleno de miedos y de penumbras… tienes que hablar
con él, pero yo no.
Taciturno, Josué se fue en busca de Jeno, que ya había
comenzado los preparativos para regresar a la torre.
- En unas horas me voy – Le anuncié al extraño hombre –
Necesito saber solo una cosa… - Guardé silencio - ¿Por qué me abandonaste?
La cara del anciano no gesticuló. Se quedó inmóvil y apenas
pudo abrir la boca:
- Yo no te abandoné Serena – Dijo con un hilo de voz – Me
obligaron. Si no te llego a entregar en la posada… algo muy malo nos habría
pasado.
- ¿Eres quién dices ser? ¿Mi verdadero padre?
- Si hija… Créeme… Lo soy.
Miraba a la nada, mientras decía aquello.
- Me engañaron… me dijeron que te vería, que estaríamos
juntos cuando fueras mayor… me prometieron que serías feliz…
- Y lo he sido… - Respondí – Eso es cierto.
- Yo lo he intentado – Dijo
tambaleándose – Apenas lo he conseguido…
Su mirada parecía sincera.
- Me gustaría ir con vosotros a la torre – Me soltó sin
previo aviso – He de hablar con Lorenzo.
Extrañada y algo atemorizada, pregunté:
- ¿Conoces al Maestro?
Mi padre asintió, mientras susurraba:
- También fue mi maestro… hace mucho, mucho tiempo…
Los chicos vinieron a buscarme justo en ese momento:
- Vámonos Serena – Me gritaron desde lo lejos – Está todo en
orden.
Miré desconcertada a mi primo que hizo un gesto afirmativo
con la cabeza:
“Lo sé prima – Me dijo con telepatía – He hablado con
Lorenzo. Tu padre se viene con nosotros…”.
Estamos en el camino de regreso a la torre. Antes pasaremos
por la cueva y si tenemos tiempo, descansaremos unos días allí.
Este hombre, me sigue a cada paso que doy. Está feliz…
Yo estoy agotada.
Hasta pronto.
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