23/8/11

“Una Parada”


Hemos parado en la cueva. Nos quedaremos aquí varios días. Ya nadie queda. Pensé que volvería a ver a los viajeros…

En la penumbra de la solitaria cueva, escucho el pasar del tiempo. Apoyo mi cabeza en la roca… la roca que tiene vida, la roca que habla.

Su silencio dice tanto como mis sueños…

He vuelto a soñar. He vuelto a ver sueños reales y llenos de enseñanzas.

Los necesitaba…

Aunque mi verdadero padre me desconcierta y me repele…

No tengo ganas de verlo ni de hablar con él. Josué dice que me acerque. Yo no quiero.

Mis amigas parece que están mejor que antes. Ambas ya ríen y bailan sin miedos.

Jeno está a mi lado. No se mueve de la roca fría. Yo le agradezco su esfuerzo. Me gusta mucho su 
compañía.

Rodeo sus piernas cansadas, cada vez que me levanto para dar una vuelta. Necesito estar sola a pesar de todo. Y de todos.

No entiendo como Josué no me dijo nada de que mi padre vendría… Dice que no quería preocuparme y que debía de ir al segundo encuentro con él.

Aún no sé cómo es posible que mi llamado padre, tuviera de maestro a Lorenzo…

Como digo no quiero hablar con ese hombre taciturno y embustero… no me apetece ni tan siquiera preguntarle.

Los sueños hablan por él y por mí.

Anoche vi a mis ancianos padres llenos de juventud y de risas.

Sentí que estaba en un sueño real, porque mi cuerpo comenzó a moverse sin yo quererlo.

De repente un fuerte ruido me “despertó” dentro del sueño.

Ambos se miraban con amor y se reían mientras charlaban amigablemente en una de las mesas de la posada. Lo raro de la escena, es que ellos estaban allí de invitados y no de dueños.

Yo les observaba desde detrás de una puerta y una chica joven les atendía.

Parecía como si quisieran hablar con aquella muchacha. Se les veían tan contentos…

- Otra ronda – Gritó un hombre rodeado de otros muchos – Mañana es un gran día. Volvamos a brindar.
Entre gritos, ruidos de tazas chocando y aplausos, pude escuchar la conversación que mi querido padre y la muchacha, estaban teniendo:

- Nosotros estamos muy interesados – Le decía mientras la miraba fijamente a los ojos – Necesitamos esta posada. Somos buenos trabajadores… no te arrepentirás.

La mujer miró al hombre que acababa de brindar, e hizo un gesto afirmativo:

- De acuerdo… quedaros con la posada… Yo necesito huir y alejarme de este lugar. No entiendo bien porque desean quedarse aquí, pero ahora vienen tiempos de penumbra… todos nos vamos. Ha llegado el momento.

Mi madre sonreía sin mucho interés en lo que decía la chica. Mi padre concluyó:

- Queremos tener hijos. Nos gusta la tranquilidad de un pueblo silencioso. No nos importa lo que ocurra en el exterior, mientras nosotros estemos bien aquí dentro…

Mi sueño se terminó. Mis amigas vinieron a buscarme con mucha energía:

- Vamos Serena. Es hora de enfrentarte a tus miedos. Vamos a ver a tu padre.

Sorprendida ante las palabras, luego pude saber a qué se referían. El anciano hombre, de pie en mitad de la explanada de la cueva, hablaba en voz alta con los ojos cerrados:

- Es sonámbulo o algo así – Me dijo divertida Estrella – Es mejor no despertarlo.

Con la sospecha de que aquellas palabras sin sentido, tendrían algún significado, decidí quedarme en la cueva, al lado de la fría roca.

Hasta pronto.

Os seguiré contado.


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