- Una sirena – Me dijo Josué muy tranquilo – La he visto en
sueños. Y me pareció tan real, que no puedes hacerte una idea lo feliz que me
hizo.
- ¿Qué dices, primo? – Le pregunté ansiosa – No entiendo
nada de lo que dices. Viste una sirena en tu sueño, y me dices que las sirenas
viven en el mar y que tienen cola de pez… ¿Estás bien?
Josué no dijo nada, tan solo me miró sin expresión.
Jota estaba a su lado, y le cogía de la mano:
- No es para tanto amiga – Señaló – Cuando Josué dijo que te
lo explicaría todo, se refería a este sueño real que tuvo… Te lo he dicho… Él
no sabe nada de nada.
Que insensatos. No quieren que me quede en esta realidad. Dicen
que el futuro depende de eso. Y para colmo, me han encerrado en mi habitación
sola.
- ¿Y por qué soy la única que no puede salir? – Le dije a
Lorenzo ayer – No es justo. Josué y Jota están todo el día en el patio (lo sé
porque los veo y hasta han hablado conmigo)… Y…
El anciano fue más rápido que yo y me interrumpió:
- Las dudas que tienes son normales. Está bien Serena. Los demás
no tienen que esconderse de su otro yo…
Pensé en mi primo y en Pablo. Parece que el Maestro me leyó
la mente:
- No es lo mismo – Afirmó – Ellos son de realidades y épocas
distintas.
- Claro… Y la supuesta Serena de esta realidad y yo, también
– Respondí más confundida que convencida de mis palabras.
- ¿Estás segura? – Preguntó el anciano misteriosamente – Yo solo
sé que desde que fuisteis al Norte, las cosas cambiaron… desde que tu verdadero
padre apareció algo se rompió.
- ¿En el pasado? ¿En el futuro? ¿Cuándo? – Mascullé sin
ganas.
- En el presente, Serena… En el presente. Recuerda, todas
las épocas están conectadas. Algo hizo ese hombre…
Dejé de escucharle. En mi cabeza solo oía el relato de
fantasía que mis queridos padres me contaban de pequeña:
“Y una luz brillante, llego sobre el lago de las altas
montañas. Sin mirar atrás, la afortunada muchacha de tez luminosa se dejó caer
en el agua. Su pelo, su ropa, su cuerpo se mojaron, pero ella continuó con las
estrellas bordadas en sus ropas. La chica magullada, agarró la piedra de la
luna y la apretó fuertemente contra su pecho: “Las estrellas, la luna y el agua,
son mi casa. A ellas regreso sin dudar. Sin miedo…”.
- Serena, ¿me escuchas? – Me alertó el Maestro – Llevas más
de diez minutos sin hablar y creo que no me prestabas atención… ¿Me equivoco?
No se equivocaba, pero no se lo dije. Asentí, sin haber
escuchado nada de lo que me había explicado.
Todas las creencias que tiene Lorenzo, parecen esa historia
de fantasía que me contaban mis padres. No tienen sentido. Sin embargo, algo ha
cambiado en esta realidad, porque no me dejan ver a la supuesta yo… Y me tienen
encerrada como una fugitiva… Iba a ser maestra de la torre, era importante en
otras épocas… ¿Qué ha pasado? ¿En qué parte del camino me quedé?
Estoy muy cansada. Voy a dormir y espero que a soñar con las
respuestas.
Hasta pronto.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada