- Recapitulemos – Me dijo Jeno anoche en mi habitación – Todas
las Serenas de todas las realidades, tienen algo en común.
- ¿Sí? – Pregunté con ganas de saberlo - ¿Qué?
- En primer lugar, todas sois perseverantes – Asentí – En segundo
lugar, no creéis nada que no experimentéis por vosotras mismas.
- ¿Estás diciendo que somos cabezotas e incrédulas? – Observé mientras miraba fijamente a los ojos
de mi amigo.
Jeno no se inmutó. Continuó tomando lentamente la sopa
especial del cocinero.
- Es la mejor de todos los tiempos – Dijo, señalando a la
comida – Si pudiera elegir, me llevaría a Valentín a cualquier época a la que
fuéramos…
- ¿El cocinero no viene? – Indagué.
- Parece que no – Me respondió rápidamente Jeno – Ha convencido
al Maestro… Yo sé como lo ha hecho… - Dijo con tono de suficiencia.
- ¿Cómo? – Dije entusiasmada.
Jeno me miró con una leve sonrisa en sus labios:
- ¿Sabes cocinar tan bien como Valentín? - Negué con la
cabeza – Pues eso – Apuntilló el joven maestro.
Aún no nos hemos ido, y yo sigo averiguando como quedarme en
esta realidad.
En unas horas, el cocinero ha quedado en venir a hablar
conmigo:
- ¿Cómo eran mis padres? – Le digo todos los días cuando me
trae la comida a mi cuarto - ¿Cómo son? ¿Los has vuelto a ver? ¿Puedo verlos?
Mis preguntas nunca tienen respuesta. Bueno sí… Un simple: “No
puedo hablar de eso, Serena… Y lo sabes”.
Y lo sé, dice… Pues no lo sé. De tanto insistir, he
conseguido que Valentín me cuente lo que sabe:
- No sé mucho amiga… Pero intentaré solventar tus dudas.
En realidad, no quiero que me cuente lo que no sé. Quiero verlos
con mis propios ojos, hablar con ellos, abrazarlos…
Y sí… Tal vez Jeno tenga algo de razón en como soy… No me
vale tan solo con escuchar algo de mis ancianos padres… Necesito verlos y
preguntarles a ellos acerca de mi otro yo.
- ¿Sabes que eso es imposible, verdad? – Me ha preguntado
Jota hace un rato, mientras leía un libro.
- ¿El qué? – Me he hecho la despistada.
- No vas a engañar a Valentín. No te va a contar más de lo
que puede contarte. Y no creo que esté dispuesto a poner en peligro su estancia
en esta realidad por ayudarte.
- Puede que tengas razón – Le he dicho - Pero por eso, he
planeado como hablaré con él. Ya verás como consigo que traiga a uno de mis
padres a mi habitación.
En poco tiempo viene el cocinero. Para entonces, estaré
preparada.
Hasta luego.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada