19/10/11

“Planeando”



- Recapitulemos – Me dijo Jeno anoche en mi habitación – Todas las Serenas de todas las realidades, tienen algo en común.

- ¿Sí? – Pregunté con ganas de saberlo - ¿Qué?

- En primer lugar, todas sois perseverantes – Asentí – En segundo lugar, no creéis nada que no experimentéis por vosotras mismas.

- ¿Estás diciendo que somos cabezotas e incrédulas? –  Observé mientras miraba fijamente a los ojos de mi amigo.

Jeno no se inmutó. Continuó tomando lentamente la sopa especial del cocinero.

- Es la mejor de todos los tiempos – Dijo, señalando a la comida – Si pudiera elegir, me llevaría a Valentín a cualquier época a la que fuéramos…

- ¿El cocinero no viene? – Indagué.

- Parece que no – Me respondió rápidamente Jeno – Ha convencido al Maestro… Yo sé como lo ha hecho… - Dijo con tono de suficiencia.

- ¿Cómo? – Dije entusiasmada.

Jeno me miró con una leve sonrisa en sus labios:

- ¿Sabes cocinar tan bien como Valentín? - Negué con la cabeza – Pues eso – Apuntilló el joven maestro.

Aún no nos hemos ido, y yo sigo averiguando como quedarme en esta realidad.

En unas horas, el cocinero ha quedado en venir a hablar conmigo:

- ¿Cómo eran mis padres? – Le digo todos los días cuando me trae la comida a mi cuarto - ¿Cómo son? ¿Los has vuelto a ver? ¿Puedo verlos?

Mis preguntas nunca tienen respuesta. Bueno sí… Un simple: “No puedo hablar de eso, Serena… Y lo sabes”.

Y lo sé, dice… Pues no lo sé. De tanto insistir, he conseguido que Valentín me cuente lo que sabe:

- No sé mucho amiga… Pero intentaré solventar tus dudas.

En realidad, no quiero que me cuente lo que no sé. Quiero verlos con mis propios ojos, hablar con ellos, abrazarlos…

Y sí… Tal vez Jeno tenga algo de razón en como soy… No me vale tan solo con escuchar algo de mis ancianos padres… Necesito verlos y preguntarles a ellos acerca de mi otro yo.

- ¿Sabes que eso es imposible, verdad? – Me ha preguntado Jota hace un rato, mientras leía un libro.

- ¿El qué? – Me he hecho la despistada.

- No vas a engañar a Valentín. No te va a contar más de lo que puede contarte. Y no creo que esté dispuesto a poner en peligro su estancia en esta realidad por ayudarte.

- Puede que tengas razón – Le he dicho - Pero por eso, he planeado como hablaré con él. Ya verás como consigo que traiga a uno de mis padres a mi habitación.

En poco tiempo viene el cocinero. Para entonces, estaré preparada.

Hasta luego.



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