He visto a mi madre. Curiosamente, vino con Valentín la otra
noche, sin yo decirle nada.
Cuando el cocinero llegó a mi habitación, me dijo:
- Sé que quieres convencerme para que te traiga a la otra
Serena… - Comenzó a hablar mi amigo, mientras intentaba esconder detrás suya a
la mujer – Pero eso no es posible.
Después de esas palabras, aquella persona desconocida entró
en el cuarto:
- ¿Quién es? – Pregunté.
- Tu madre – Dijo el cocinero asombrado ante mi reacción –
Bueno… la madre de la Serena de esta época.
- Hola – Dijo con un grito la mujer.
- Hola – Respondí sin creer lo que me decían - No es verdad,
¿no? – Pregunté a mi amigo – Esta persona no sé parece en nada a mi anciana
madre.
- ¿Anciana? – Volvió a gritar la supuesta madre – Yo no soy
tan vieja – Dijo entre dientes.
Valentín no quiso saber nada más y se despidió:
- Mira Serena… A mí me da igual que no te lo creas… pero
esta mujer es quién dice ser. Y yo he de
regresar a la cocina… Vuelvo en una
hora.
Nos quedamos solas, observándonos con sigilo:
- Entonces… - Me dijo – Tú eres la que llaman Serena.
- Sí… Yo era la única Serena que había, antes de irnos al
Norte (de donde procedo).
- Ya lo sé… En eso si coincidimos… Toda mi familia es de
allí. Bueno… menos mi hija y mi marido, que los conocí aquí en la torre.
Sin dar crédito a aquella conversación, fui directa:
- No eres la madre de Serena, ¿verdad?
La mujer agachó la cabeza.
- No pasa nada. Me lo puedes contar – Le dije en confianza.
- No soy quién digo ser, es cierto… pero nadie en esta
realidad lo sabe.
Pasmada ante la confesión, me senté en mi cama con la mente
en blanco:
- Hace años que digo ser la madre de Serena – Continuó la
mujer – Llegué a esta realidad perdida de otras épocas, y me encontré con tu
padre y contigo… Bueno, con tu otro yo. Serena era muy niña y tu padre… había
perdido la memoria por completo. Lo único que recordaba es que en algún momento
algo ocurrió y el cielo se oscureció.
Respiré profundamente y la interrumpí:
- De acuerdo… No eres quién dices ser… mi padre no tiene
memoria… pero… ¿Cómo es posible que ni si quiera lo sepan los maestros más
ancianos de la torre?
- Yo tampoco lo sé, Serena. Solo sé que conseguí ser un poco
más feliz de lo que era en mi triste aldea… Tierra Opaca no es un buen lugar
donde crecer – Me dijo casi en sollozos.
- ¿Somos de la misma ciudadela? – Pregunté extrañada.
- No creo – Dijo ella – Puede que se llamen igual, pero en mi
aldea hubo unos tiranos que nos maltrataban… nadie podía salir de allí sin ser
visto, ni capturado.
- ¿Y cómo escapaste? – Quise saber.
- Tuve suerte, imagino… - Dijo mientras recordaba lo
sucedido – Una noche dejé la posada junto a un familiar que vino a vernos, y…
- Un momento – La interrumpí – Estás contando mi historia…
¿Dónde la has leído?
- No la he leído… lo que te cuento, me pasó a mí. Yo era una
joven con muchas inquietudes y…
- Por favor, no sigas hablando. Está claro que algo no
cuadra. Tú no eres la madre de Serena, pero tampoco eres yo misma… No continúes
hablando… Dile a Valentín que venga. Es urgente.
Mi supuesta madre se fue de mi cuarto algo apesadumbrada:
- Lo siento Serena… Nunca quise hacerte dañó. Siempre te
admiré.
Mi madre no es más que alguien que leyó sobre mí…
Cuando llegó el cocinero le pregunté si había visto a la
Serena de la que hablan:
- No. Nunca la he visto. Sí lo ha hecho tu madre y tu padre…
¿Por qué?
Le conté al cocinero que esa mujer era una admiradora mía...
Y que se lo había inventado todo.
- Pero yo vi a tu padre… - Me recordó mi amigo.
Aún no entiendo quién es la persona que se está haciendo
pasar por mi anciano padre…
Lo descubriré.
Besos para todos.

Es un sueño? o una fantasia?....yo me quedarìa con un sueño..
ResponderSuprimirMe ha gustado mucho
un fuerte saludo
fus
Hola fus :D Me alegra mucho que te haya gustado! Todos los miércoles cuelgo un capitulo nuevo :) Un abrazo!
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