Una figura alta y cansada apareció en la puerta de la sala
blanca:
- Chicos… Han sido días duros y de largas charlas con los
estudiantes de esta torre… pero por fin, he conseguido mi propósito.
Valentín estaba ojeroso y hablaba con la voz ronca:
- Mis antepasados son bastante curiosos en esta época. Creen
en un nuevo amanecer y confían los unos en los otros sin dudar.
- Entonces porque estamos encerrados aquí ¿Cuál es el peligro?
– Pregunté mientras permanecía sentada en el suelo.
- Todos – Respondió el cocinero misterioso – Estas personas
son muy amables con los que conocen o son como ellos, pero con los desconocidos
no son tan simpáticos…
- A mí no me importa,
Valentín… Qué más da que no sean muy simpáticos con nosotros… - Dije.
- No lo entiendes – Dijo mi amigo con los ojos en blanco –
Estas gentes son violentos… han aprendido a solventar sus miedos a fuerza de
golpes… son unos cobardes…
Jeno intervino:
- ¿Por qué les has llamado antepasados? ¿No estamos en el
futuro?
Valentín asintió con la cabeza.
- Algo falló en el viaje… algún hecho imprevisto, nos hizo
desviarnos de nuestro destino – Respondió más tranquilo el cocinero.
- Si estas personas son violentas… - Continuó hablando el
joven maestro – Tenemos un problema, ¿no?
- Ya no – Dijo feliz Valentín – Les he convencido y creen
que sois los dueños del futuro. Piensan que sois sus yos futuros.
- No son muy listos, ¿verdad? – Dije con tono de burla –
Tantos golpes y tanta crueldad… No piensan muy a menudo…
Valentín nos hizo callar con gestos.
Escuchamos a un grupo de jóvenes que acababan de salir de
una de sus clases. Como todos los miércoles, se quedarían en la puerta de la
sala durante varias horas, haciendo mucho ruido y luego se irían a sus
habitaciones.
- ¿Sabes ya por qué se paran aquí desde hace unos días? –
Preguntó sabiamente Jeno.
- Sí… - Contestó Valentín – Creen que dais buena fortuna y
que si están cerca de vosotros serán seres más ricos y poderosos.
- Todo esto no tiene sentido amigo – Le dije al cocinero.
- Lo sé… Por eso tenemos que salir de aquí cuanto antes…
pero primero tenéis que hablar con el Maestro de la torre. Es necesario…
Sin más, Valentín nos dejó sin resolvernos más dudas, en
busca de nuestra comida y de nuestra ropa recién lavada.
Menos mal que estoy con Jeno… sino, la espera, sería menos
soportable…
Hasta luego.

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