14/12/11

“Dioses”


Las preguntas que los estudiantes de la torre nos hicieron durante la comida, fueron de lo más variopintas.

Muchos de ellos, insistían en que nosotros estábamos allí para quedarnos.

- Sabemos que sois los dioses del futuro y os necesitamos – Decían un grupo de chicos – Imaginamos 
que vosotros sabéis que es así, ¿no?

El lenguaje de los habitantes de la torre, era algo arcaico. Hablaban con un vocabulario poco extenso y había ocasiones en que no entendíamos palabras que decían.

- Maestro Lecea – Interrumpió Valentín – Me prometiste que después de las preguntas, podríamos retirarnos hasta mañana.

El Maestro que miraba al suelo concentrado, no levantó la cabeza, mientras respondía:

- No os puedo dejar acostaros todavía – Dijo con tono grave – No sabemos una cosa muy importante y nos la tenéis que decir…

Mis amigos y yo nos miramos:

- ¿De qué se trata? – Preguntó Jeno.
- Es algo relacionado con nuestras posesiones… En pocos días una expedición del norte, llegará a la torre, cargada de tesoros de tierras lejanas… Nos han prometido que seremos los herederos del futuro y que podremos decidir en todo lo que ocurra…

El cocinero soltó una pequeña e involuntaria carcajada:

- No es para reír – Dijo el Maestro Lecea. Se giró y abrió los brazos en cruz:

- Es el momento adecuado… tenéis que saber que no sois nuestros invitados y que esta noche no dormiréis calientes – Indicó alzando mucho la voz – Necesitamos saber que nos pasará en el futuro…

No pude continuar callada:

- Es una locura – Advertí – No sabemos ni donde estamos… ¿Cómo vamos a saber que va a pasar en vuestras vidas?

Jeno y Valentín me miraron con enfado:

- No quiere decir eso – Afirmó el cocinero – Claro que sabemos todo eso que deseáis conocer… Serena no sabe de lo que habla… está aturdida.

- Atur… ¿qué? – Preguntaron un grupo de jóvenes, que no habían comprendido la palabra.

- Significa que ha tenido unos días muy tensos… No os preocupeis… Os lo diremos… - Tranquilizó el joven maestro.

Incrédula antes las palabras de mis amigos, continué sin hacer caso de lo que decían:

- Maestro Lecea… ¿de verdad no sabe quién soy yo? ¿Acaso eres quién dices ser?

Valentín fue rápido y clarificó:

- ¿Un descendiente de los Maestros de la torre? – Dijo sin respirar.

Lecea se quedó absorto. Por unos instantes creí que iba a confesar que era mi verdadero padre, pero… levantó la mirada y susurró un escueto:

- Si.

Después de aquello, muchos estudiantes se retiraron a descansar y el Maestro decidió dejarnos tranquilos por esa noche.

Pero solo por esa noche…

Seguimos en este curioso pasado, y cada día es más extraño.

Los más jóvenes se acercan a nosotros y  nos hacen preguntas todo el tiempo.

Los más mayores, están convencidos de que somos los dioses del futuro, aunque no queramos 
reconocerlo y nos agasajan todo el tiempo.

Después de la otra noche, no hemos vuelto a ver al Maestro Lecea. Nadie nos dice donde está y la verdad, es que ya estamos cansados de este pasado.

Voy esta tarde a la biblioteca. Necesito saber más sobre estas gentes.

Ojala Pablo estuviera aquí… él sabría cómo tratarlos.

Hasta pronto.





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