El Maestro Lecea, ha terminado por confesar:
- Serena… Soy yo… Tu padre.
Con la mirada perdida, continuó:
- He estado pensando todos estos días… Nunca debí ir a tu
época…
Lo miré con tristeza. Ante la figura de aquel hombre esbelto
pero encorvado y melancólico, no pude más que suspirar:
- Sabía que eras tú desde que te vi – Le dije con calma – Y
he sabido estar callada todos estos días.
Lecea levantó la cabeza.
- Nunca debí ir a tu época – Repitió como un autómata y se
fue de la sala en la que estábamos.
No puedo comprender como una persona tan extraña, y con tan
pocas ideas, puede ir y venir del pasado, sin apenas inmutarse.
Tal vez su misión ya la cumplió y ahora se ha encontrado con
nosotros en este momento… y ya no sabe cómo reaccionar.
Jeno y Valentín, quieren que me acerque a él antes de
marcharnos:
- Mañana puede ser el día – Me dijo el cocinero muy
insistente – Es una persona con problemas,
Serena… tenemos que tenerlo de
nuestra parte.
Mis dos amigos, están convencidos de que corremos serios
peligros en este pasado:
- Te recuerdo que los habitantes de la torre, son muy
violentos… y no tienen remordimientos – Apuntilló Jeno sin respirar.
- Y que tú sabes que ese hombre que dice ser tu padre, es
una persona inestable – Continuó Valentín.
No sé qué quieren que le diga… imagino que sus intenciones,
son apaciguar a las fieras de este lugar… pero… no sé cómo hacerlo.
Mi mayor preocupación no es mi padre. Sé que voy a hablar
con él y sé que todo esto tenía que ocurrir...
En realidad, lo que más me ronda la cabeza es como puede
vivir este hombre, en una realidad tan extraña. No sé cómo ha llegado hasta
aquí… Creo que el Maestro Lorenzo lo ayudó a viajar en el tiempo y en el
espacio.
Desapareció de mi presente, sin dejar rastro. Y me imagino que
el Maestro sabía que Lecea, también era maestro de la torre. Eso sí… en otro
momento… en otra realidad.
Si Lorenzo ha sido capaz de ocultarme algo tan importante…
¿Qué más puede esconder?
Hace un rato, hablé con Jeno de mis ideas, y me ha dejado
más inquieta:
- Lorenzo nunca nos engañaría… es el Maestro y sabe lo que
hace.
- ¿Sí? ¿Tú crees? – Le he preguntado nerviosa – Quería
encontrar a mi verdadero padre, pero… este viaje al pasado, no estaba previsto…
¿O sí?
Mi amigo no me ha respondido y ha puesto esa cara que
conozco bien, de disimulo.
Esta misma noche me acercaré a Lecea.
Os seguiré contando.
Hasta luego.
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