29/6/11

“En Casa”

Hemos llegado a mi aldea.
Sigue en pie, aunque los rumores de destrucción, eran ciertos.

Las murallas que rodeaban la ciudadela, están destruidas y apenas hay gente en las calles.
- Serena – Dijo mi primo, cerca de la posada de mis padres – Si quieres, quédate aquí. No tienes porque ver las consecuencias de toda esta penuria…

Le respondí a Josué, cogiéndole de la mano:
- Tengo que verlo con mis propios ojos, primo… Lo necesito.

Caminamos durante unos minutos, completamente solos. Nuestros acompañantes se habían quedado atrás, investigando en otras casas y lugares de la aldea.

Jota gritó con ganas, llamando nuestra atención:
- ¡Chicos! Aquí hay algo que nos puede interesar.

Dejamos la calle que se dirigía a la posada, y corrimos en busca de mi amiga.
Cuando llegamos, vimos una especie de cartel que anunciaba las instrucciones a seguir, si el fin del mundo les alcanzaba:

Nada de lo que habéis pensado, se parecerá a lo que viviremos.
Nuestro pueblo, siempre ha vivido lleno de miedos y terror al fin de los días.
Esos días, se acercan. Pronto descubriremos que lo que tanto temíamos era verdad.
Cuándo lleguen los desconocidos, tendremos que huir.
La vida en la aldea, se hará irrespirable.
El orden establecido por los altos mandatarios, se hará trizas.
Viviremos en desarmonía con ellos y ellos nos harán piezas clave de sus artimañas.
Cuando eso ocurra, recordad:
. Cualquier extraño es una amenaza (como siempre lo ha sido en nuestro pueblo).
. No ayudéis a nadie. Quién lo haga, estará condenado y será juzgado y perseguido.
. Avisad de los desertores y os obsequiaremos con bienes.
. Y nunca salgáis de las murallas de la ciudadela. Fuera ya no hay nada”.

Nos quedamos en silencio y mirándonos con dudas:

- ¿Qué ocurrió realmente aquí? – Preguntó Estrella en voz muy baja – Los habitantes de este lugar, parece que no comprendían el sentido de la unidad…

- Nunca lo hicieron – Dije – La oscuridad y la desconfianza, siempre estuvieron instaladas en la ciudad…

- Creo que sus profecías se cumplieron de algún modo – Intervino Jeno - ¿Recordáis una de las materias de la torre? – Hizo una pausa – En ella, explicaban la “profecía autocumplida”.

Asentí mientras cerraba los ojos.

- Mis padres seguramente ayudaron a algunos desertores… - Murmuré convencida.

- Tuvo que pasar así – Dijo mi primo – Tus padres, siempre fueron personas muy bondadosas.

- ¿Y ahora qué hacemos? – Preguntaron Estrella y Jota al unísono.

Josué tomó la iniciativa:
- Vamos a la posada. Veamos si hay alguna pista de toda esta catástrofe…

Cogí la mano de Jeno y con mucha parsimonia, comenzamos nuestra marcha hacía mi posada.
Al llegar, vimos a un hombre anciano en la puerta:

- No hagáis ruido – Nos advirtió Josué – Puede ser una trampa.

En silencio, avanzamos con algo de temor.
Cuando llegamos cerca del hombre, éste nos miró asustado y se fue corriendo.

- Me suena la cara – Dije – No sé de que…

Seguimos en la posada. Aquí tenemos víveres y un lugar de descanso. No hay ni rastro de mis queridos padres.

Llevamos días analizando cada rincón de la aldea…

Aún nos queda la cima de la montaña. Allí continua inalterable la mansión de los mandatarios.

Intento recordar cada día, de que me suena aquel hombre que nos encontramos en la puerta de la posada, cuando llegamos. No lo hemos vuelto a ver.

Hasta pronto.

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22/6/11

“El Inicio”

Dejamos a los viajeros del Este, en la cueva donde encontramos los manuscritos.

Nos contaron que llevaban tiempo buscándola, sin éxito y que, saber que nosotros conocíamos de su existencia, les hizo retomar las esperanzas perdidas.

Así, que nos acompañaron, cambiando el sentido de su marcha.

“Serena – Me trasmitió el líder del pequeño grupo, de madrugada – Esa cueva es mágica para nosotros. Allí, comenzó todo”.

No tuve necesidad, ni siquiera, de pensar en mi pregunta.

“Los antepasados – continuó – Creían en la unidad. No entendemos cómo sabían tantas cosas, pero las conocían bien”.

Aquella “conversación” estaba comenzando a tener demasiadas incógnitas para mí.

Josué, que estaba de pie cerca, se unió a nosotros, sentándose a mi lado:

“En los inicios todo parecía fácil – Intervino – Esas personas llegaron a tener un conocimiento impensable para seres de su época”.

“¿Y cómo?” – Pregunté entrecerrando los ojos, cegados por el sol, que ya estaba comenzando a despertar.

“No lo sabemos – Dijo el chico del Este – Pensamos que consiguieron encontrar ciertos manuscritos con claves para su desarrollo”.

“¡Es eso lo que buscáis, claro! – Asentí - ¿Me equivoco?”

“No. No te equivocas – Continuó el chico alto – Necesitamos conocer el inicio de sus conocimientos. Creemos que solo así, sabremos por qué los perdimos después”.

Perder aquellos altos conocimientos, aquella sabiduría, nos hizo retroceder sin remedio, sobre nuestros pasos.
En la torre, estudiamos esa parte de la historia, como una gran interrogación, repleta de dudas y escepticismo.

- No creáis nada de lo que os cuenten. Tenéis que vivirlo por vosotros mismos – Nos decía la anciana maestra de Historia Remota – Esta materia no es para estudiarla… – Hacía un largo silencio - Es para vivirla y experimentarla.

“Nosotros nos llevamos varios escritos de la cueva – Le dijo Josué al chico – Pero no vimos ninguno que se pareciera a los que buscáis”.

“Lo sé – Respondió – No creo que fueran esos los manuscritos ¿Dices que estaban en un lugar escondido?”.
Josué movió la cabeza en signo afirmativo.

“Pues entonces no eran” – Cerró categórico.

Más tarde supe, que lo que ellos buscaban, formaba parte de las rocas, de la tierra y de las plantas del lugar.

- Buscan conocimientos enterrados en la cueva por siglos. Tienen la capacidad de “leer” lo que parece “inerte” – Me explicó mi primo – Ponen sus manos en las rocas, en el agua que cae en la cueva, escuchan el silencio y la oscuridad y les trasmiten la sabiduría atrapada en los sitios.

- Parece poco creíble – Dije a Josué - ¿Volveremos a verlos?

- Sí – Me respondió veloz mi primo – He quedado en la misma cueva con ellos, en pocos días… si todo nos va bien en el Norte.

Me alegra haber conocido a personas tan especiales.

Ojalá volvamos de verdad a verlos.

Hasta pronto.
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15/6/11

“Sin Habla”


Esta semana, nos hemos cruzado con varios excursionistas.

Viven en la montaña más alta del Este, y nos han “contado” miles de historias mágicas.

Cuando los vimos llegar a nuestro improvisado campamento, creímos que eran apariciones. Uno de ellos, proyectaba una sombra tan larga, que fue lo primero que vimos.

- Josué – Advertí – Hay algo raro que nos oscurece.

Mi primo sin mediar palabra, se puso de pie y con gesto atento, respondió:

- No pasa nada – Nos tranquilizó – Parece que se acercan un grupo de viajeros como nosotros.

Estrella también se levantó y se preparó para recibir a aquellas personas:

- Son muy altos – Gritó divertida, mientras miraba – Parecen seres de otros mundos… Manos largas, sombras inmensas… – Estrella continuó riéndose unos segundos – Vamos a verlos.

Josué le puso el brazo delante y le dijo:

- Espera a que lleguen aquí – Su tono era serio y sin emoción – Vamos a comprobar primero si vienen del Norte.

Las tres personas del grupo, se pararon delante de mi primo y de Jeno, que se había puesto también a su lado.

Un chico alto y robusto, fue el primero en hablar, aunque apenas le entendimos:

- Hola. Ser del Este. Andar mucho tiempo y cansar ¿Comida?

Miré extrañada a Jota, que seguía sentada a mi lado, cerca del fuego. Ya era completamente de noche y aquella situación, continuaba siendo extraña y algo tenebrosa.

- Hola – Respondió amablemente Estrella, que se adelantó a Josué – Nosotros venir de la torre ¿Conoces?

- ¿Por qué hablan así? – Le susurré a mi amiga.

- Son del Este y seguramente es la primera vez que salen de su tierra – Respondió Jota convencida de sus palabras – No saben bien nuestra lengua.

Me quedé pensando en ello, absorta y sin darme cuenta de lo que ocurría durante ese rato, a mí alrededor:

“Pero yo pensaba que las lenguas se habían fundido hacía mucho tiempo en una… La telepatía es uno de los “idiomas” universales que nos enseñaron en la torre, y creo recordar, que nos dijeron que en el Este, las personas lo utilizaban desde pequeños, casi sin problemas (no como en mi aldea)… ¿Por qué hablar así?”

- Tiene razón ella – Dijo la joven de pelo oscuro y largo, que seguía al chico alto, mientras me señalaba.

- ¿Yo? – Pregunté casi gritando – Pero si no he dicho nada…

- Sí, claro. Telepatía ser nuestra lengua – Continuó la chica.

- ¿Me has escuchado pensar? – Dije asombrada – Es genial.

“Y sí. Nos enseñan la telepatía desde pequeños. Solemos comunicarnos así. Al hablar nos cuesta más trabajo unir las frases y las palabras, porque el habla es mucho más lenta que los pensamientos” - Me explicó Rosana – “Y a ti, se te entiende perfectamente… ¿Desde cuándo practicas la telepatía?”

Quise responderle, pero Josué y Jeno, estaba acomodando a los otros dos viajeros en la tienda de campaña, y Rosana, fue con ellos.

Os seguiré contando. Ahora tenemos que seguir la caminata…

Cada vez queda menos para el Norte.

Besos para todos. votar

8/6/11

“Un Viaje Sin Retorno”

-          Tengo que advertirte una cosa – Me dijo Josué hace tres noches – Esta nueva aventura, puede ser un viaje sin retorno…
-          ¿Sin retorno?  - Pregunté inocente.

Mi primo me miró de arriba abajo, y continuó:

-          Hace tiempo que quiero hablar contigo Serena…
-          ¡Dime! – Grité - ¿Qué pasa?
-          Bien… - Comenzó – Si el Norte como dicen ha desaparecido… Nosotros también lo haremos.

Con risa burlona y alegre por esas palabras catastrofistas, le dije:

-          Claro primo… Y luego una gran sacudida terminará por hundir el planeta…

El joven maestro no entendió mis palabras, y con cara aún más seria me dijo:

- No es una broma Serena… Nuestra vida y la vida de la torre, corren un peligro real.

La mirada huidiza y asustada de mi primo, me hicieron reaccionar:

- De acuerdo Josué… - Dije – Dime que tengo que hacer si algo nos pasa.
- Vale – Respondió – Me alegra que quieras escucharme – Me dio una palmada en la espalda y se sentó a mi lado – Serena… este viaje puede que nunca haya existido. Cuando lleguemos al Norte, es posible que vuelvas a ser una niña y que no recuerdes nada de los últimos años.

Suspiré.

- Que susto me habías dado primo – Dije con una leve sonrisa – Creía que nos íbamos a morir todos.

El maestro volvió a mirarme de arriba abajo:

- Y eso es lo que pasará Serena… Puede que eso sea lo que ocurra.
- Pero, ¿Cómo? ¿Por qué? – Pregunté impaciente.
- Tú dejaras de ser la que eres ahora y volverás a ser una niña, pero tú, la Serena que tengo ahora delante… habrá desaparecido.
- Lo veo muy complicado de entender – Murmuré sin ganas – No puedes estar hablando en serio.
- Lo que teníamos claro, es que en la aldea, algo estaba pasando. Los rumores de destrucción han sido muy fuertes y todos los viajeros que llegaban a la torre, hablaban de la desaparición del Norte…

Me eché las manos a la cara.

- Primo… No quiero desaparecer. No quiero olvidar todo lo que he aprendido en la torre y en el viaje hasta ese lugar mágico. No deseo olvidarme de los maestros y de los compañeros… Pero… - Pensé durante unos segundos - ¿Volvería a vivir lo mismo? ¿Me iría de mi ciudadela al igual que hice hace dos años?

Josué movió la cabeza a ambos lados:

- ¿No? – Pregunté rápidamente – Pero…
- Está dentro de las posibilidades, pero no creo que pase… Este presente, no volverá a ocurrir exactamente igual…

Confusa y ahora sí, preocupada por todo lo que había oído, concluí la conversación:

- No quiero saber nada más – Dije – Si algo tiene que ocurrir… ya lo veremos. Mientras tanto, vivamos esta fantástica aventura, ¿Vale primo?
- De acuerdo Serena – Respondió con tono serio.
- Entre el peligro de los sueños reales, y lo que me has contando… prefiero no pensar más… Voy a ver a Jota.

Estos días han sido maravillosos. Estrella, Jota y yo, hemos contando muchas historias y nos hemos divertido con los artilugios que ha creado Jota.

Ya no pienso tanto…

Hasta pronto.
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1/6/11

“El Peligro De Los Sueños”

Salimos temprano ésta mañana.

Un grito de Josué, nos espabiló a todos:

-         ¡Venga! Hoy es un día largo. Pongámonos en marcha – Dijo mi primo ya preparado.

-         Déjanos dormir un poco más – Murmuró Jota, tapándose la cara con las manos.

-         No puede ser. No tenemos tiempo. He tenido un sueño telepático con el Maestro Lorenzo y…

-         Pero maestro – Le interrumpió Estrella – Tenemos que ser prudentes con esos sueños, ¿no? O eso me enseñaron en las clases de la torre.

Jeno y Josué, se miraron entre sí. Jeno tomó la palabra:

-         Depende Estrella – Si tenemos la suficiente práctica, los sueños telepáticos son totalmente reales y nada peligrosos.

Escuché a mi amigo con sorpresa.

Yo misma tuve sueños reales sin tener esa experiencia, de la que hablaba el joven maestro.

-         No lo entiendo – Intervine - ¿Y si no tenemos esa práctica? ¿Qué puede pasar?

Mi primo se acercó a mí y me rodeó con su brazo:

-         Déjalo Serena – Susurró – No hables de eso ahora.

Quería preguntarle el por qué de aquellas palabras, pero Jeno comenzó la marcha, mientras gritaba:

-         ¡Vamos amigos!

Todos comenzaron a seguirle, menos yo…

Me quedé quieta y mirando a Josué, que ya había emprendido la marcha:

-         Maestro – Dije – ¿He corrido peligro en algún momento dentro de mis sueños reales?

Josué se giró y extendió su brazo, para que yo me agarrara a él:

-         Si Serena… Aunque no fue un sueño telepático, aquel sueño que tuviste cuando conociste el mar, fue muy real, y una vieja técnica enseñada únicamente a los maestros más avanzados de la torre.

-         Pero…

-         Serena – Continuó mi primo – Hoy tenemos que viajar pronto, porque en mi sueño telepático, el Maestro Lorenzo, me avisaba de un peligro en nuestro viaje.

-         ¿Un peligro? – Pregunté, mientras caminaba al lado del maestro.

-         Tenemos que evitarlo y por ello, vamos a cambiar de planes y de lugares por los que pasar.

-         ¿No iremos por la cueva? – Dije preocupada.

-         Es posible que no… Pero – Continuó – Allí ya no hay nada ¿Por qué quieres pasar por la cueva?

-         Quiero ir también al cementerio… - Protesté.

-         Todo pasará como tiene que pasar. Ya hemos comenzado el camino y eso es lo más importante. Las consecuencias de este trayecto aún no podemos ni imaginarlas, pero estoy seguro de que son muy importantes para todos los habitantes del pasado, del presente y del futuro.

Jota corrió hacia nosotros:

-         Hemos llegado a una cascada impresionante. Vamos Serena. Corre – Mi amiga estaba muy alegre. Venía rodeada de mariposas – Es precioso.

Josué y yo dejamos nuestra conversación, con el ánimo de retomarla más adelante.

Salí corriendo detrás de Jota y pronto llegamos a la cascada.

Ha sido una experiencia inolvidable.

Y un día muy cansado.

Ya os contaré.

Hasta luego.
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