22/2/12

“Cuentacuentos”


Esta semana me ha tocado a mí, ser la cuentacuentos de la torre.
Es una labor algo ardua, ya que el público al que van dirigidos los cuentos, son algo exigentes.
No sólo son niños y niñas expectantes y felices, sino que casi todos los maestros, observan y analizan cada una de las palabras de los cuentos.
- Eres una privilegiada – Me dijo Jota cuando se enteró del evento – Yo aún no he tenido la suerte de ser cuentacuentos… Ojalá me toque pronto.
La rueda de la fortuna parecía que me había señalado con fuerza aquella mañana, cuando el Maestro Lorenzo se acercó al comedor, en el que estaba desayunando, para darme la noticia:
- Serena… - Hizo una breve pausa – Esta semana deja todas tus obligaciones y comienza a imaginar… Eres la cuentacuentos.
Con una gran sonrisa el anciano maestro, me dio el papiro que atestiguaba mi nueva condición:
- ¿Imaginar? – Pregunté sin conocer aún las reglas.
- Claro… Los cuentos los vas a crear y recrear tú. Nadie más que tú… ¿No te parece emocionante?
Asentí sin mayor entusiasmo.
- Bien… Bien… - Repitió Lorenzo – Ya sabes que te esperamos en la sala arcoíris esta misma noche… ven muy preparada.
Con aquel consejo, el anciano se fue del comedor, canturreando.
- Un cuento… - Dije en voz baja.
- No. Son siete cuentos Serena – Me corrigió Perry, un chico nuevo en la torre – Tienes que hacer uno por cada día de la semana…
Suspiré tranquila y me encaminé a mi habitación.
- Cada día un cuento… - Pensé – Con razón me ha dicho el Maestro que deje todas mis obligaciones…
Leí el papel que Lorenzo me había dado:
“El cuento tiene que ser parte de tu vida. Una representación de lo que sabes que ocurrirá en el futuro y un deseo de felicidad para los oyentes. No hay que quedarse solo en las palabras, hay que ir más allá… Hay que ser el cuento”.
El primer cuento que vino a mi cabeza, fue uno que mis padres me contaron durante años, mientras intentaban que me durmiera a pesar del ruido de la posada.
Decidí adaptar ese cuento para aquella noche… al fin y al cabo… ¿Quién podría darse cuenta?
Cuando llegó el momento, el silencio se rompió con las palabras del Maestro Lorenzo:
- Serena ya está aquí… démosle un fuerte aplauso.
Todos se pusieron a aplaudir durante minutos, sin descanso y con mucha energía.
Cuando terminaron, comencé con mi cuento:
“Había una vez, una niña encerrada en un viejo castillo de cera. Sus padres y sus parientes más cercanos, nunca la dejaban salir, por si acaso el mal del cielo, caía sobre su cabeza, dejándola apagada como una vela…”.
- Yo me sé ese cuento – Gritó una niña al fondo de la sala – Al final…
Lorenzo fue rápido y no la dejó continuar:
- Serena… Te dije que tenía que ser inventado por ti… - El anciano me miró con desaprobación.
- Lo he adaptado a las circunstancias – Dije con un hilo de voz.
- No es esa la labor del cuentacuentos… Te pido que mañana hagas el esfuerzo de encontrarte con tu imaginación y ofrecernos un cuento lleno de magia y de vida.
Me sentí algo ofuscada por los acontecimientos. Yo siempre había pensado que aquel cuento, se lo habían inventado mis ancianos padres…
Pero parece ser que no…
En fin… por aquella noche, Lorenzo me ha pedido que continúe siendo cuentacuentos por otra semana más…
Seguro que me convertiré en una experta cuentacuentos.
Hasta pronto.


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2 comentarios:

  1. me gusto mucho tu blog esta muy interesante

    saludos

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  2. Hola horoscopo gratis :) Me alegra que te guste :D Un abrazo

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