29/2/12

“El ratón sordo”


Erase una vez, una aldea hecha con algodón de azúcar. Todas las mañanas un grupo de exploradores, rociaban con ganas todos los rincones del lugar con cantidades impresionantes de azúcar y colorante.

Yo, por aquel entonces, seguía siendo una niña de trenzas rosadas y ojos soñadores.

Siempre había creído que los animales eran seres inertes a pesar de sus claros signos de vida. Todo el mundo a mí alrededor gritaba:

- Son animales, no piensan, no sienten. Son bestias. Se comen nuestro azúcar… no son como nosotros…

Sin embargo, recuerdo aquella mañana, como la mañana del fantástico encuentro.

Un pequeño ratón de color gris trepó por mi ventana y se quedó mirándome fijamente.

Yo aturdida ante aquella mirada, me alejé un poco.

- Un ratón… tengo que matarlo o las personas del lugar creerán que protejo a estos seres inferiores…

Grité…

El ratón no se inmutó. Parecía no haberme escuchado.

Volví a gritar…

El ratón impasible continuaba delante de mí, sin moverse.

- Esta es nuestra aldea… no te comerás nuestro azúcar… no te mereces nada de lo que tenemos.

El ratón de repente, comenzó a sacudir su pequeño cuerpo de un lado a otro.

Asombrada, pude observar como salían de sus pelos erizados un montón de pequeñas bolas de algodón de azúcar.

- Eres un ladrón – Quise decir. Pero el ratón había cubierto todo la habitación con esas bolitas. Y me di cuenta de que ya estaban a la altura de mi boca.

Permanecí callada.

El ratón respiró fuerte y dejó de moverse.

Y entonces comprendí. Como si el pequeño ratón me hubiera hablado sin hacerlo, pude entender lo que pasaba.

Aquel ratón me había enseñado como se hacía la aldea todas las mañanas. Aquel pequeño ser lleno de azúcar, no era más que el creador de nuestro entorno.

- Increíble – Pensé – Y las personas que conozco los matan o los encierran de por vida…

Sin entender como éramos capaces de destrozar aquello que nos daba la vida, hice una reverencia al ratón sordo.

- Muchas gracias por tu ayuda y por darnos tu azúcar – Dije en voz baja.

El ratón pareció sonreír y como había venido se fue.

Cuando lo hizo, me asomé rápidamente por la ventana. Todo el mundo estaba con cara de asombro… todos en la aldea habían recibido la visita de los animales del bosque.

Y todos miraron a aquellos que nos engañaban todos los días… hombres si corazón y sin cabeza.

Ellos reconocieron su culpa:

- Así nos iba bien. Podíamos ser los más poderosos del lugar. Los animales son seres inmundos.

La gran parte de la aldea supo lo que tenían que hacer y desterraron a aquellos hombres manipuladores y sombríos.

- Nunca más volveremos a matar ni a maltratar a los animales. ¿Cómo pudimos ser tan necios? – Gritaba el pueblo feliz.

Desde ese día, el ratón sordo me visita cada noche y me ofrece aquel rico manjar y su compañía.

Las dudas y las rencillas han desaparecido de la aldea…

Todos son mucho más felices.

Como el ratón sordo”.

Este es el cuento que más ha gustado esta semana. Lo cree en mi mente, estando rodeada de alumnos de la torre. No sé cómo, de repente comencé a escuchar susurros en mi cabeza. Pensé que estaba loca…

Sin embargo, después de hacerlo y de contarlo delante de todos, el Maestro Lorenzo, me explicó el por qué de los susurros:

- Es a esto a lo que me refería, Serena – Dijo con tono serio – Lo has hecho muy bien. Te has oído y has prestado atención… esos susurros no son más que la fuerza creadora. Enhorabuena…

Sus palabras me alegraron el día. Y aún sigo contenta.

Deseo que os guste. Hasta luego.


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