7/3/12

“Señales”


Ayer tuvimos un día con mucho movimiento en la torre.

Román, el ayudante de Mariana en las excavaciones, llegó muy temprano, despertando a todo el mundo.

- Ha vuelto a ocurrir – Gritó – Está volviendo a pasar.

Lorenzo con su peculiar tranquilidad ante las adversidades, invitó a Román a quedarse en su habitación:

- Ven chico – Le dijo – Primero te daré un caldo relajante y luego me contarás todo.

El joven explorador, ataviado con gorro y lleno de polvo por toda su ropa, siguió sin rechistar al Maestro.

Hace tiempo que Román trabaja como líder de las excavaciones. A pesar de su corta edad, todos le muestran respeto y agradecimiento por su gran labor. Mariana lo dejó al cargo y nadie dudó de su habilidad como experto… hasta aquella mañana.

Casi toda la torre comenzó a cuchichear:

- Es Román… creo que ya no está en su sano juicio… desde que se fue Mariana… - Dijo una anciana maestra.

- Es lógico… Casi todo el mundo dice que eran algo más que compañeros de trabajo… - Le respondió un joven con aspecto desaliñado.

Tuve ganas de gritar y decir que dejaran de hacer juicios de valor sin base alguna, pero en ese momento, 
 Jeno me llamó con insistencia desde la otra parte del patio:

- ¡Serena! – Exclamó – El Maestro Lorenzo quiere que vayamos con él. Venga… nos está esperando.
Con esa manera de hablar que tanto me gusta, Jeno continuó conversando del Maestro y sus expectativas con Román:

- Creo que es alguien muy especial – Continuó – Ese chico sabe muy bien lo que quiere… que haya venido hasta aquí y de esa forma tan exaltada… algo importante pasa, amiga… algo grande.

Su mirada se perdió mientras contaba sus ideas, hasta que llegamos a la habitación de Lorenzo. Allí nos estaban esperando también Jota y Josué:

- Me parece que nos va a pedir algo – Insinuó Jota algo fastidiada.

La voz seria de Lorenzo nos hizo prestar atención:

- Pasad – Dijo – Este chico tiene algo que contaros… y que solicitaros…

Con una mueca, el joven Román comenzó su relato:

- Hemos descubierto cerca de las excavaciones una especie de dibujos gigantes en el suelo…

- ¿Y? – Pregunté – Es una buena noticia – Dije aliviada.

- No del todo – Explicó Lorenzo – Hace ahora unos ochenta años, se encontraron en el Norte unas marcas similares a las que han encontrado aquí… después de aquello, las historias cuentan que seres altos y algo extraños, fueron apareciendo por casi todas partes. Eran figuras esbeltas y llenas de luz… nadie pudo hablar con ellas, pero todo el mundo tuvo miedo.

- Mis padres me lo contaron – Intervino Josué – Eran seres luminosos y fueron de casa en casa en todas las aldeas del Norte. Como si de una leyenda se tratara, los ancianos del lugar, reconocían que nunca habían visto nada, pero que conocían a alguien que sí lo habían experimentado…

- Entonces… - Dije – ¿No son ciertas las historias?

- Las marcas actuales, creo que demuestran que sí son ciertas – Apuntilló el chico – Son tan grandes y tan impresionantes, que nadie ha podido ser capaz de hacerlas… eso no es de este mundo – Dijo Román con aire misterioso.

- No digas bobadas – Le espetó Jota sin ganas de aventuras – Son marcas de algún artista o gracioso, que quiere hacernos perder el tiempo.

Lorenzo no pestañeó.

- Vais a acompañar a Román a las marcas… y vais a quedaros con él… hasta que algo ocurra.

- Mientras tanto yo investigaré las señales…. – Dijo Román – Os necesito allí por si aparecen los seres… El Maestro Lorenzo dice que sois las personas más preparadas de la torre.

Agradecidos por sus palabras, nos fuimos diligentes a prepararnos.

Mañana salimos hacía las excavaciones…

Os seguiré contado.

Hasta luego.



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