11/4/12

“Poseída”

He descubierto que la felicidad está siempre. Lo único que ocurre es que en ocasiones no la vemos.
Estuve hablando con Jeno y decidimos que lo mejor era ir a hablar con Lorenzo directamente.
- Nuestro amigo tiene miedo del poder que estás ejerciendo – Le dije al Maestro, estando en una de las salas de estudio – Y piensa que uno solo no debería de ostentar el poder…
Lorenzo nos miró pensativo.
- Lo sé… Estuve escuchándoos.
Me quedé aturdida.
- ¿Nos espiabas? – Preguntó Jeno con prisa.
- Sí… Hace unos días le dije a uno de los estudiantes que os siguiera… Desde que llegó Valentín lo ha estado haciendo. Me ha contado comportamientos extraños en los dos… - Lorenzo se quedó mirándome – Sobre todo en ti, Serena…
No entendía que quería decir con “comportamientos extraños”… Yo lo único que he hecho desde que llegó el cocinero, ha sido intentar ayudarle.
- Una mañana te seguí – Continúo el anciano Maestro – Fuiste sola al bosque y te sentaste debajo del árbol grande… ese que está sólo en mitad del prado…
- Sí… - Dije- Lo recuerdo. Me quedé dormida allí. Esa noche había descansado muy mal y el murmullo del viento en las hojas, me hizo desvanecerme.
- No es eso lo que yo vi – Dijo Lorenzo con tono de misterio.
- ¿No? – Preguntó mi amigo Jeno, que permanecía de pie y con los brazos cruzados.
- No – Dijo rotundo el Maestro – Serena estuvo hablando sola. Se sentó con las piernas cruzadas y apoyó su espalda en el tronco del árbol.
- Continúa – Le pedí, mientras sentía que un escalofrío recorría mi cuerpo.
- En pocos minutos comenzaste a balancearte de adelante hacia atrás. Y de atrás hacia delante… Y fue entonces cuando pasó – Hizo una pausa - De tu boca comenzaron a salir palabras que no entendía, pero rítmicas y llenas de fuerza.
- Recuerdo haber visto a Serena otras veces en aquel árbol – Interrumpió Jeno que estaba ya más relajado y se acababa de sentar cerca de mi – Parecía convertirse en uno con el gran roble.
Lorenzo asintió.
- Parecías poseída por algún ente o por algún antepasado desconocido – Siguió el Maestro – Después de aquello comenzaste a hablar  claro y pude escribir tus palabras.
Asombrada ante aquella persecución, observé que Lorenzo tenía en su mano una pequeña libreta negra.
- ¿Es ahí, dónde lo apuntaste?  - Pregunté – Déjame leerlo.
Sin esperar a que Lorenzo me ofreciera el escrito, alargué mi brazo y cogí fuertemente las hojas encuadernadas.
- Lee despacio – Me recomendó el Maestro – Creo que ahora entenderás el por qué de mi seguimiento.
Le hice caso, y comencé a leer en voz alta:
Resbalabas por allí como una babosa. Tu cuerpo parecía disfrutar del lodo y no pude detenerte. Cuando te pregunté quién eras, tú solo contestaste: el cocinero, tu amigo, alguien que está muy cerca de comprender el significado de la vida, del dolor, de la muerte y de la felicidad. No podía dejar de mirar entre sus dientes. Su expresión caótica me llenaba de miedos. Su cara sudorosa, me parecía ahora extraña y algo grotesca. “Nunca pude ser lo que deseaba… Mis amigos nunca creyeron en mí y por eso desfallecí en aquella torre… Cuando os fuisteis nadie me socorrió… Todos comenzaron a caer conmigo y la torre se llenó de pesadumbre y de derrota. Los celos y la lucha, aparecían en cada rincón de las salas y ya nadie se fiaba de nadie. Por eso cuando te he visto esta mañana en mi encierro, he descubierto que estás más cerca de mí que nadie en esta época. No puedes imaginar los miedos que se pueden llegar a tener cuando nadie te apoya. Los seres apáticos y poco agraciados de la torre del pasado, se han confabulado para hacerme creer que estoy algo orate. No les he querido escuchar, por eso he venido a este presente. El pasado ya no existe y sin embargo aquí sigue mi esencia. Cerca de ti y de tus palabras. Pero no creas que es el final. Puedo y debo fortalecerme y convencerte de que nadie es más importante que otro. Nadie es importante al fin y al cabo. Los poderes se ejercen sin mirar las necesidades de los más débiles y estos terminan por rebelarse. Es así como pasó hace años cuando aún no habíamos nacido ninguno de los dos y todos éramos de la misma época… cuando los viajes en el tiempo y en el espacio no existían, los seres de ayer no se mezclaban con los de mañana y las cosas parecían estar en su justo momento… pero eso no era así. Nos necesitamos para avanzar. Tu pasado y el mío se parecen porque los dos necesitan del apoyo de todos y de todas. Lorenzo no es el problema, aunque también lo es. Él tiene la solución y has de intentar encontrarla. Yo desapareceré esta tarde y no volveré a esta época hasta que hayas podido comprender lo que te digo. Abre tu mente y déjate llevar. Tu puedes hacerlo… tienes que hacerlo. Hasta esta tarde”.
- Aquella tarde Valentín desapareció de su encierro – Concluyó Lorenzo – Y es ahora cuando te toca analizar a ti esas palabras que salieron de tu boca – Me miró – No creo que sea difícil… Jeno y yo te ayudaremos.
Y en eso estoy. Intentado analizar punto por punto, coma por coma, aquellas palabras de las que no recuerdo absolutamente nada.
Deseo que pueda encontrar pronto la solución a mis desfallecimientos involuntarios.
Hasta luego.
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