25/4/12

“Tardes De Merienda”


- Las historias son diferentes según quién las cuente – Comenzó Rosaura a decirme – La Historia también cambia según quién lo escucha… por eso, querida Serena, te tengo que preguntar una cosa…

Algo aturdida, respondí:

- Sí… Dime… ¿Qué quieres saber?

Rosaura parecía nerviosa:

- A pesar de que la historia pueda tener varias formas de entenderla, cuando una persona es realmente consciente y desea conocer, los datos se vuelven objetivos. Sin engaños…

No sabía que quería aquella joven maestra de mí.

- De acuerdo… Veo por tu cara que no me captas… - Me dijo.

Quise decirle que sí, que comprendía cada una de las palabras que había pronunciado, desde que nos sentamos en una de las salas más cómodas de la torre.

- En las guerras siempre hubo bandos… - Dijo – Personas que creían a pies juntillas a unos u a otros, sin pararse a pensar por ellos mismos. Ese era el principal problema de esos tiempos.

- Continúa, por favor – Le rogué, mientras me acomodaba en la silla.

- Cuando los viajes en el tiempo y en el espacio, no habían sido descubiertos, unos pocos quisieron aprender de los errores del pasado…

- Eso es bueno – Interrumpí.

Rosaura me miró y rápidamente dijo:

- No del todo – Agachó la cabeza.

- ¿Por qué? – Pregunté con la intriga propia de alguien que lee una novela de suspense.

- Porque al principio eran muy pocos los que se unieron para parar la barbarie… Luego fueron más. Y luego más y más…. El problema estuvo al principio, ya que los que se juntaban para comprender y desmontar los conflictos, eran aquellos que no tenían ningún poder…

Pude ver como de sus ojos comenzaban a asomar algunas lágrimas.

- Mi abuela me contó, que sus padres fueron unas de las primeras personas, que comenzaron a hablar a miles de habitantes de su época, para abrirles los ojos y dejar de creerse todo lo que escuchaban de sus mandatarios.

- En mi aldea… - Dije en tono muy bajo – Mis ancianos padres tenían mucho miedo a quién vivía en la montaña alta de la ciudadela. Era el que dictaba las normas del lugar y nos hacía ser infelices. Pero nadie dudaba que aquella fuera la forma correcta de actuar.

- Tu aldea era Tierra Opaca, ¿verdad? – Preguntó Rosaura, que había sacado un pañuelo de su bolsillo y ya se limpiaba la cara.

- Sí… Sigue siendo… - Dije.

- Ya, claro… Pero una vez que vives en la torre, tu hogar deja de ser un solo sitio…

Supe a que se refería con aquellas palabras. Cuando dejé mi tierra, me sentía algo perdida y asustada. Era algo más niña, eso es verdad, y no tenía los conocimientos que tengo ahora.

- Cuando llegas a la torre, todo es nuevo, hasta que vas descubriendo que tu casa, tu refugio, no está tan solo en un espacio físico determinado… Tú habitación es tu casa, otras épocas son tu casa, tú misma eres tu casa…

Sonreí, contenta de escuchar a alguien que sentía y había sentido exactamente lo mismo que yo.

- Las luchas eran de poder – Continuó la maestra – Siempre había engaños y manipulaciones. El lema de aquellos seres, por llamarlos de alguna forma, era: “Metedles entretenimientos sin sentido en la cabeza, y dejaran de pensar. Se convertirán en nuestros esclavos”.

- ¿Estuvieron así por mucho tiempo? – Quise saber.

- Cada vez era peor… aunque cada vez más personas se despertaban y veían la verdad que les rodeaba. Aquello generó muchas penas en algunas familias… dejaron que sus hijos se fueran para poder atrapar de nuevo su futuro…

- ¿Lo consiguieron?

- Fueron tenaces y se unieron en torno a las plazas de las aldeas… quisieron que sus voces dejaran de ser muchas, para convertirse en una sola. Aquello fue el principio del cambio…

- El principio del fin de las guerras… - Apuntillé.

- No… - Dijo Rosaura – Solo fue el inicio de sus éxitos. Ellos comenzaron a decidir… y las investigaciones sobre los viajes en el tiempo, no se hizo esperar… Gracias a ellos estamos tú y yo, hoy aquí, en la torre – La maestra sonrió – La magia existe… ¿no crees?

Con aquella pregunta, terminamos la sesión aquella tarde. Mañana volveré a merendar con ella. Veremos que más cosas interesantes tiene que contarme.

Hasta luego.



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