8/5/12

“El antepasado vivo”

- Y entonces las nubes se pusieron rojas como la sangre.

Las palabras salían despacio de la boca de aquel joven.

- Mis padres me contaron como sus antepasados, continuaron en la duda durante siglos. Nadie pudo atrapar a los responsables de la catástrofe. Parece que hubo una especie de acuerdo entre todos… “Hay ciertas cosas de las que mejor no hablar”… Me decían…

Sus ojos azules contrastaban con la iluminación de la sala añil en la que nos encontrábamos desde hacía ya cuatro horas.

- Cuando mi primo me dijo que eras uno de los supervivientes, no podía creerlo… - Le dije – He oído tantas historias de personas que conocen o que creen conocer a otros que lo vivieron…

Sebastián se quedó en silencio.

- Lo sé… Yo tampoco podía entender porque Josué me había obligado a quedarme en la torre… ya lo comprendo…

Su tono condescendiente, dejaba asomar un hilo de rabia en sus gestos.

- Si yo llego a saber que mis antepasados fueron los iniciadores de la catástrofe del Norte… No sé cómo puedo seguir vivo y sin remordimientos…

- Tú no tienes la culpa de nada – Le consolé – Cuando las fuerzas de unos cuantos sin conciencia, se unen… es difícil que no te arrastren y te ahoguen con sus espuelas de metal…

Sebas me miró.

- He conocido gente como tú otras veces – Me dijo – No queréis dejar pasar la oportunidad de comprender algo que es incomprensible…

- Tienes razón… Pero necesito llegar al inicio de toda la guerra. El mal y las tragedias humanas, no se habrían producido si un puñado de personas, no hubieran tomado decisiones inadecuadas.

- Nadie sabemos como actuaríamos en caso de catástrofe… - Expresó el joven.

- Es posible – Respondí – Pero eso no es ápice para no sentirnos corresponsables de la historia narrada.

Sus gestos y muecas dejaron de llamarme la atención. Hacía demasiadas horas que nos habíamos enfrascado en una larga conversación sobre sus antepasados y ya no sabía a quién estaba mirando. Su cuerpo estaba comenzando a cambiar… parecía ser más y más viejo de lo que en realidad era.

- Ya me lo dijo mi abuelo… - Apuntó con la voz hundida – Algún día sabrán quién eres… y entonces no tendrás escapatoria…

Lo miré con detenimiento. Sus manos estaban arrugadas y su entrecejo marcado.

- Tú no eres quién dices ser, ¿verdad?

Mi pregunta me sonó algo tonta, al pronunciarla despacio.

- Sí. Soy ese antepasado revivido por el paso de los acontecimientos. Tengo dentro de mí, la pena de la guerra y el llanto de los hombres… pero no me avergüenzo… hace tiempo que sé que esto era inevitable.

Deseé que mi primo, nunca hubiera dejado a Sebas quedarse en la torre. Más, sabiendo quién era.  

Su expresión resultaba ser cada vez más siniestra.

- La maldad no existe. Todo es un invento de los más débiles.

Sus palabras resonaban en mi cabeza.

- Nadie se escapará de la lucha. Nadie…

Dejé de oírle y de mirarle. Su cuerpo era ya más fino que un bambú joven, y su voz más ronca y dura.

- La guerra nos hace crecer. Nos hace fuertes.

Ya no estaba con aquel joven estudiante.

Creo que Jota nunca supo quién era. O tal vez sí.

Hasta pronto.


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