16/5/12

“Endemoniado”

Y me encontré atrapada en aquella sala azul… atemorizada ante la crueldad de los hombres. Aquellos que eran capaces de los mejor y de lo peor. De dar a los que más lo necesitan el apoyo y la vida, y de quitarla en los momentos más extremos…

Quise comprender las palabras de Sebas, pero se me escaparon de las manos… El chico joven y guapo que había conocido unos días antes, ya no existía… era una especie de muerto viviente, que solo se justificaba ante mí y ante todos.

- Mi espíritu es guerrero – Me dijo - Por la lucha sigo aquí. Es mi razón de ser… Sin la guerra no crecemos… no somos nadie.

Parecía creerse lo que decía.

- Y las armas son tan bellas… tan llenas de vida y de historia… la guerra es mágica. Es maravillosa.

Sí. Había dicho que la guerra era maravillosa. Sus palabras se confundían con el ruido de la tormenta, que hacía horas nos ahogaba en la torre.

- Si no quieres sufrir tienes que ser peor que ellos. Tienes que hacer que muerdan sus propias trampas… Yo soy fuerte y creo en mí…

Su rostro, era cada vez más y más pesado y lleno de arrugas.

- Alguna vez, te preguntarás que habría sucedido si no hubieras luchado… y entonces… te arrepentirás de no haberlo hecho…

Parecía loco… y yo estaba comenzando a cansarme de sus palabras.

Jota llegó a mi rescate:

- Serena… no puedes seguir aquí. Los maestros van a venir a llevarse a Sebas a su encierro… dicen que es un peligro para todos…

Mi amiga parecía tranquila.

- Curioso – Gritó el chico – La joven y apurada Jota, llevándose a la espectacular Serena de mi vista… No seas aguafiestas…

El tono rojo de la piel de Sebas, comenzó a darnos miedo.

- Solo falta que os quitéis la ropa y os vengáis a mi lado… yo sabré daros el apoyo que necesitáis…

- Hace años – Me susurró Jota – A esta persona la habrían tratado como un poseído por las fuerzas oscuras…

- El demonio no existe – Gritó el joven anciano – Es una invención más de los hombres que no quieren reconocer la maldad de los seres humanos…

Su risa nos heló el cuerpo.

- Quiero irme de aquí – Le rogué a mi amiga.

Jota me agarró fuerte del brazo y me llevó al pasillo.

- No te preocupes… Jeno, Josué y Lorenzo están de camino. Cierra la puerta – Me advirtió.

Y así lo hice. Ahora me surge la duda…

¿Qué habría pasado si no me hubiera ido de la sala? ¿Y si hubiera terminado pensando como Sebas?...
Volveré a verlo a su encierro… pero con mis amigos…

Hasta luego.


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