23/5/12

“Jugando con Fuego”


Los acontecimientos de los últimos días, me han inmovilizado.

He llegado a pensar que comprendía al amigo de Jota.

- Las palabras son armas arrojadizas que todos usamos – Me advirtió el chico – No son menos importantes que las que matan…

Hace años que las épocas se fusionaron, gracias a los viajes en el tiempo y en el espacio. Sebas me contó, que estuvo muchas semanas, viviendo en una era llena de personas que morían de hambre…

- De hambre – Dijo entusiasmado – Morían a cientos, a miles, cada día… y lo mejor de todo, es que había muchas personas que lo sabían…

- Personas sin corazón – Señalé.

- Ni mucho menos… eran como tú. Seres sin remordimientos y con una especie de halo de ayuda, que les hacía algo ignorantes…

- ¿Ignorantes? ¿Halo de ayuda?...

No tenía que haber preguntado aquello, pero las palabras no quisieron seguir en mi boca.

- Tú. Tan precavida. Tan astuta y sin embargo tan sumamente tonta - Dijo.

No podía dejar que me siguiera insultando.

- No soy como tú dices – Apreté los dientes.

- Sí que lo eres… Sino… ¿Por qué luchas en defender lo que no se puede defender?

- La vida es lo primero… - Dije, escuchando cada letra que decía.

- Lo suponía – Me rebatió – Eres una lunática. Alguna vez… - Comenzó a preguntar - ¿Alguna vez, te has parado a pensar que no eres tú realmente la que piensa así?

- No – Mentí.

- Tú eres algo más que unas bonitas palabras o un bello rostro. Tu amiga Jota te quiere y por eso nunca te ha dicho que cansas… todo tú, cansa…

No quise mirarlo mucho más tiempo y decidí terminar allí el encuentro.

- El encierro no será lo mismo – Dijo Sebas – Si no vienes a verme de vez en cuando…

Asentí.

- No creo que lo haga…

- Lo sé… Eres demasiado orgullosa y te da demasiado miedo darte cuenta de que tus pensamientos son algo impuesto…

Me fui…

Jota me lo había dicho:

- No le escuches… Las personas “endemoniadas” no tienen escrúpulos, e intentará herirte… no le dejes.

- No creo en los demonios – Le dije – Tan solo en los hombres… y este es solo un hombre…

Creo que Jota me miró al decir aquello, pero tan solo escuché una especie de áspera tos.

El chico no sabe que está jugando con fuego. O tal vez sea yo, la que lo está haciendo.

Hasta luego.



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