13/6/12

“Dentro del patio”


Los chicos del patio me están enseñando.

No es una asignatura como las que damos en las salas de la torre… es algo más que eso.

Saben mucho de la historia, del poder y de la guerra.

Comprenden como nadie a las personas más sencillas del lugar.

Me han recordado a mis ancianos padres. No necesitaban grandes cosas para ser felices… aunque hay algo que los chicos de la torre tienen y que mis padres no tenían… Ellos se mueven y son capaces de protestar.

Mis padres y la mayoría de la gente de mi aldea, decían que no querían problemas:

- Tú no te metas en líos – Me aconsejaban – No hagas mucho ruido y así no pasará nada malo.

Pero se equivocaban… al final pasó… y creo que el estar callados por tanto tiempo, propició la desgracia.

El miedo en el cuerpo es un sentimiento que me inculcaron desde pequeña.

Aquel grupo de personas temerosas de todo, no gritaban si no les decían que lo hicieran.

Eran como esclavos de los que gobernaban en la alta montaña… eran sus sirvientes.

La lluvia no nos daba tregua y la oscuridad de las gentes, se fue apoderando de sus almas.

Nadie sonreía en aquellas calles. El ruido, la algarabía, el amor, se habían esfumado como humo entre las manos.

A veces, a mí me costaba respirar. Las presiones del silencio lo llevaba mal, y mis padres lo sabían. Tal vez por eso, fueron tan generosos en dejarme marchar hace ya más de tres años.

- Si quieres que las cosas cambien – Me dijo Francisco, uno de los chicos portavoces – tienes que hacer que tu mente y tú alrededor cambie.

- Pero… ¿Cómo? – Pregunté.

- Lo sabes… Nadie mejor que tú sabe lo que has de hacer en cada momento. Piensa, reflexiona y luego, lo más importante, actúa.

Miré la estantería, que tenían montada en el patio. Estaba llena de libros prohibidos en otras épocas.

- No hay que temer al cambio – Dijo Lucía – El cambio forma parte de la evolución. Sin él… no avanzamos.

Por momentos, me iba encontrando mejor, rodeada de aquellos chicos y chicas con tantas aspiraciones.

- ¿Y qué puedo hacer yo? ¿Puedo ayudar aquí?

Los estudiantes se miraron entre ellos, sonriéndose.

- Claro – Dijeron a la vez – Te esperábamos Serena. Hace tiempo…

Con un apretón de manos y un abrazo, terminamos sellando nuestro acuerdo.

Colaboro con ellos desde entonces.

Soy una más, intentando descubrir por qué soy tan importante en las viejas profecías.

Sin duda, lo descubriré.

Hasta pronto.
 


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