4/7/12

“Ana de las Montañas”

Hemos vividos rodeados de señales.
Desde el principio de los tiempos, los aventureros se han dejado guiar por ellas.
Los presentimientos eran parte de la vida cotidiana.
Aquí en la torre, los hemos aprehendido sin miedos.
Los mal llamados expertos, se fueron hace pocas horas.
Después de días y días de reuniones, han decidido escapar:
- No entendemos porque toda la torre defiende a esa chica – Les escuché decir – Ella no debería seguir entre estas paredes… sabe mucho más de lo que dice.
Es cierto que sé mucho… bueno, yo no… mis antepasados y mis yo futuros, saben mucho.
Yo solo sé que no sé casi nada. Lo que consigo incorporar a mi experiencia, lo atrapo y lo absorbo para que no se vaya. Soy una esponja llena de curiosidad.
Esta semana he tenido mucha suerte…
He conocido a Ana. Una mujer sabia del Sur, que ha venido a la torre a dar unas charlas. Es una persona de baja estatura y cabello blanco. Sus pequeños ojos, denotan todo lo que ha vivido.
Cuando Lorenzo me dijo que vendría una maestra nueva, quise saber mucho más de ella. Mis inquietudes, me decían que iba a ser alguien importante para todos nosotros.
- Vengo de un pequeño pueblo, escondido entre montañas – Comenzó narrando su primera clase magistral – Todas las mañanas las campanas de la torre principal de la aldea, sonaban con fuerza… a las seis de la mañana todos nos levantábamos y comenzábamos a vivir de nuevo.
Irradia felicidad por donde pasa. Sé que me quedan muchos escondites para terminar de conocerla, pero desde que llegó tengo la sensación de que hemos sido mucho más, que maestra y alumna.
- Uno de mis platos preferidos es el pescado crudo encima de arroz – Dijo Ana a viva voz.
La clase quedó en silencio. Todos se miraron con intriga…
¿Pescado crudo?
- Es uno de las comidas que he aprendido a cocinar. Esta misma noche, estáis toda la torre invitada en el comedor. He traído unos sabrosos pescados del sur – Dijo tranquila.
A pesar del revuelo inicial,  las personas que escuchamos a Ana, fuimos a cenar pescado crudo. Ella le dio un nombre al plato, que casi nadie supimos repetir.
Nos ha traído felicidad y una chispa de vida.
Os seguiré contando.
Besos para todos.

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