11/7/12

“Experiencias en el Mar”

Ana nos ha contado como descubrió el mar. Nos lo ha descrito con tantas señales, que nos ha dado la sensación a gran parte de la torre, de que por unas horas, estábamos inmersos en sus profundas y gélidas aguas con sal.
- Cuando llegué a la costa – Comenzó la sabia maestra a narrar – un grupo de niños me ayudó a llevar mis cosas al albergue. Era un pueblo muy pequeño y apenas veían gente foránea, por lo que yo era una diversión desconocida para muchos.
Alguien de la sala interrumpió a Ana, que moviendo la cabeza levemente de un lado a otro, hizo un rápido gesto de que no era el momento de preguntas.
Continuó con su historia:
- Había pasado días encerrada en una cabaña en las montañas más heladas, así que cuando llegué, la claridad del cielo y del mar, me perturbaron de una forma curiosa.
Deseaba  ir hacía donde se veían las olas. Poca gente se bañaba en el agua, ya que había mucho viento y la fuerza del mar era notable.
Pero yo me decidí y lo primero que hice después de acomodarme fue ir a la arena de la playa.
Respiré como si nunca lo hubiera hecho.
Mis fosas nasales se llenaron de ese líquido azul y me hizo estornudar varias veces.
Me desvestí y me adentré en el agua. Estaba fría pero era agradable sentir el tacto de las olas en mis pies descalzos.
Un chico rubio corrió hacia mí, me miró divertido y me cogió de la mano y comenzamos a profundizar en la gran masa de agua.
Poco a poco, otros niños y niñas del lugar, se unieron a nosotros. No se veían a muchos adultos por allí, por lo que me imaginé que eran huérfanos… Luego supe que no. Sus padres y madres estaban trabajando. Algunos en el mar, otros en el centro del lugar, o en sus casas. Era una aldea segura para todos. Nadie tenía miedo ni desconfiaban los unos de los otros. Me recordó a algunas torres que he conocido en mis largos viajes por el mundo.

Una chica levantó la mano. Ana frunció el ceño, pero la dejó hablar:
- Dime – Señaló - ¿Qué ocurre?
- Creo – Dijo la joven – Que yo he soñado con esa escena. Recuerdo haber tenido miedo y haberme bañado en un sitio repleto de agua. Había tanta agua que no se divisaba su fin.
- Así es – Apuntó la maestra – El mar es tan inmenso que no se ve su fin… - Cerró los ojos, respiró sonoramente una vez, y al abrirlos afirmó - Creo que has tenido un sueño purificador.
La estudiante se quedó paralizada, pero con ganas de saber de qué se trataba ese sueño.
- Has superado tus miedos y te has encontrado contigo misma. Has limpiado tus tristezas y desconfianzas…. Enhorabuena – Le dijo – Has dado un paso muy importante para tu desarrollo.
La joven sonrió feliz y aliviada.
Muchos se acercaron a ella, al finalizar la charla, formándose un corro a su alrededor. Querían saber más acerca de aquella experiencia curativa.
Está siendo muy refrescante tener aquí a Ana. Más desde que Jota y mi primo, se han ido de la torre. A pesar de echarlos mucho de menos, las clases con la nueva maestra, me absorben muchas horas.
Hasta luego.

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